Agua del noreste: ¿para uso popular y productivo o para trasnacionales?

Antonio Gershenson
Esta vez nos llegan de Estados Unidos protestas contra el fracking o ruptura de rocas con agua a presión, para obtener sobre todo gas, y también en ocasiones petróleo sintético. En varios países se ha prohibido, en varias partes de Estados Unidos también, y en México las nuevas leyes les abren las puertas a costa de los mexicanos. Hay toda una polémica en torno al acueducto Monterrey VI, es sabido que ahí el agua no abunda, pero esa obra no es necesaria para la ciudad, y es clara la intención de hacer negocio con el asunto.

En Estados Unidos nos recuerdan que ciudades de California, Nueva York, Ohio, Pennsylvania, Texas, Colorado, Hawai y Nuevo México lo prohibieron temporal o definitivamente. Y nos recuerdan que en otros países, incluidos Francia, Alemania, Irlanda, Holanda y Australia, prohibieron total o parcialmente este fracking.

Mientras en varios países se buscan formas de limitar, o de plano se prohíben, las actividades del fracking, en México tuvimos, primero, que la reforma energética que no sólo no se les limita sino que se les dan privilegios para apoderarse de tierras con posibilidades de energía, incluso de fracking. Y ahora, peor aún, está en curso la aprobación de otra Ley General de Aguas, que limita el derecho del individuo al agua, poniendo en riesgo la salud. Como el agua no alcanza, se da preferencia a las trasnacionales que la van a derrochar y a contaminar en grandes cantidades, a costa de la población y de las demás actividades productivas.

Recordamos tres párrafos de nuestro artículo del 28 de diciembre pasado:

“Un hecho influye en el cuadro: Hillary Clinton, importante en el Partido Demócrata, del que es precandidata presidencial, se pronunció contra el uso indiscriminado de la fractura hidráulica, sin mencionarla explícitamente. El periódico The Guardian hizo notar que se distinguía de la posición del presidente Obama, y dos semanas después, el gobernador demócrata Cuomo, de Nueva York, alegando riesgos para la salud, prohibió tajantemente esa fractura en todo el estado. La posición de la población neoyorquina ya se había expresado en ese mismo sentido en diversas formas, y lo volvió a hacer ante una encuesta:

La Universidad Quinnipiac hizo la encuesta. Del total, 55 por ciento estuvo en favor y 25 por ciento en contra. Incluso, de los republicanos 42 fueron en favor y 40 en contra, y de la ciudad de Nueva York, 56 por ciento estuvo en favor y 19 por ciento en contra.

“Se nota una importante corriente en el Partido Demócrata en ese sentido; el Partido Republicano, en cambio, defiende a como dé lugar al fracking y a las empresas que lo impulsan. Se ve que puede ser un importante punto polémico en las elecciones presidenciales de 2016.”

En el noreste de México el agua no es mucha, y es necesaria para riego, para uso industrial, para bañarse obviamente y para cocinar y beber. Un proyecto de fracking de tamaño amplio, requiere por cada pozo de petróleo o de gas, varios millones de litros de agua, la cual al tener este uso queda totalmente contaminada.

En México, según el censo, 55 por ciento de la población recibe el agua sólo temporalmente. Y ya hemos mencionado los daños por los terremotos producidos por las explosiones del agua lanzada a presión.

Esta actividad tan destructiva arrasa con agricultura, ganadería, viviendas e industrias con los terremotos, y con casi cualquier actividad en la región arruinada.

Hablamos del noroeste, porque ahí se está preparando y porque ahí no sobra el agua. Pero la nueva legislación les abre la puerta a las trasnacionales en cualquier parte del país.

Y ahora vemos algunos títulos en este periódico:

Cerraron 30 mil tiendas por caída del mercado y las exigencias impositivas.

Se desplomaron 41.5% las utilidades de las principales empresas del país: BMV.

México promete otorgar más ganancias y contratos flexibles a grandes petroleras.

¿Qué podemos esperar si el país tolera, y hasta premia, también la ola destructiva del fracking? ¿Y las tierras perdidas o arrebatadas? ¿Y los ejidos, las comunidades y las poblaciones, de qué van a vivir?

Claro, los de arriba, felices, recibiendo dinerales, recibiendo el agradecimiento de las trasnacionales petroleras y gaseras.

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