Agua dulce en Sudamérica

Agua dulce en Sudamérica

03.07.2011 | Las grandes potencias mundiales tienen intereses estratégicos por todo el globo; y Latinoamérica no es la excepción. Conocer algunos de estos intereses puede ayudar a elaborar una estrategia de protección más eficaz de cara al futuro.

Es casi de común conocimiento que nuestra región es sumamente rica en agua dulce, un recurso cada vez más escaso en el mundo. Tan sólo el 2,5% del agua mundial es apta para consumo humano; de la misma, la mayor parte (68,9%) se encuentra concentrada en la lejana Antártida, lo cual la coloca de momento fuera de la discusión. De lo restante, el 27% se localiza en Sudamérica, especialmente en Brasil; allí están el mayor acuífero del mundo (Alter do Chao, al noreste) y el tercero (el más conocido, Guaraní, junto a los otros tres miembros del Mercosur).

Ahora bien, ante las apocalípticas advertencias acerca de futuras guerras del agua, sería natural pensar que si un país posee una carencia estructural del recurso y también suficiente poder como para apropiarse del mismo en otra parte, podría transformarse en una amenaza para la región. Esto conduce a examinar cuál es, someramente, la situación hídrica de actores de peso como EEUU, la Unión Europea, Rusia, China e India.

En el caso de Estados Unidos, su potencial hídrico es muy importante. Posee un total renovable de 3.069 km3 al año, así como una disponibilidad per cápita de 10.231 m3, lejos del llamado estrés hídrico (1.600 m3). Ahora bien, en los cálculos se incluye a la rica pero relativamente despoblada Alaska y a Hawai. Además, según la especialista Elsa Bruzzone, “el 40% de los ríos y los lagos de EEUU están contaminados; igual que acuíferos como el Ogallala, que se extiende por ocho Estados desde Dakota del Sur hasta Texas, y que en algunas zonas ha disminuido su caudal hasta 30 metros”.

Abundan las especulaciones sobre supuestos planes estadounidenses de apropiación del agua sudamericana. Por ejemplo, en el documento Santa Fe IV, preparado por un influyente grupo del Partido Republicano en el 2000, figura entre los principales elementos geoestratégicos para la seguridad nacional de EEUU en el siglo XXI, “que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales”.

Por lo pronto, se trata de especulaciones. Los avances sobre la Triple Frontera se han visto detenidos con el ascenso de Lugo al poder en Paraguay; así como ha tomado un activo rol Argentina, que a nivel de Cancillería trabaja silenciosa pero activamente para que la situación no se salga de control. Por su parte, el proceso de instalación de bases militares (mecanismo de penetración por excelencia) parece haber entrado en un impasse tras la declaración de inconstitucionalidad en Colombia, pocos meses después de la asunción del presidente Santos.

El antiguo rival de Washington, Rusia, con un 20% es el tercero en reservas a nivel mundial, detrás de Brasil y Canadá. Lejos entonces de un interés agresivo, podría convertirse en un potencial aliado para el desarrollo de políticas globales de protección.

El panorama se presenta más pacífico en los restantes países. En la Unión Europea, los países nórdicos registran grandes excedentes y elevan grandemente el promedio general; al mismo tiempo, hay amenaza de estrés en toda la franja sur de aquí al 2030. Su interés podría estar en la industria del agua embotellada, la privatización del servicio de agua corriente y la importación de productos intensivos en agua dulce (agropecuarios).

La India es la que se encuentra en la situación más delicada. Sus reservas renovables son de sólo 1.853 km3, mientras que su índice per cápita es de algo más de 1.650 m3. La escasez crónica de agua es un problema en diecinueve importantes ciudades. Y se estima que en el 2025 India entre en la categoría de “país con tensión hídrica”; eso sin contar que catorce de sus principales ríos ya se hallan contaminados.

Por último está China, que con el 22% de la población alberga apenas el 7% del total de agua dulce del planeta. Sus reservas renovables ascienden a 2.729 km3, siendo su porcentaje per cápita de unos 2.100 m3, con fuerte tendencia a la baja de aquí al 2020.

La escasez de agua es de carácter crónico en el norte, y crítico en muchas grandes ciudades, incluida Beijing. Por su parte, la contaminación ha alcanzado a más de tres cuartas partes de los principales ríos del país.

Tanto China como India ubican a Latinoamérica en la periferia en su política exterior, con énfasis en sus recursos naturales. Pese a ello, su crítica situación hídrica se ve aliviada con las importaciones de productos sudamericanos intensivos en agua dulce (soja, carnes, otros granos), con lo que cabría afirmar que hoy por hoy representan una amenaza mayor que la de Estados Unidos.

De la amenaza militar a la económica

Si algo debiera quedar claro de lo anterior, es que todos aquellos países (o bloques) que marcan la agenda internacional tienen algo para decir en materia hídrica. De tal modo que, en un escenario de escasez creciente, resulta muy factible que desarrollen políticas específicas sobre la materia. Si a eso se suma que Sudamérica es la principal reserva mundial, se entiende que muy posiblemente estará comprendida dentro de las grand strategies a ser implementadas; esto demanda una respuesta articulada e inteligente de parte de nuestra región, si es que quieren evitarse guerras o acuerdos abusivos.

Resulta difícil, aunque no imposible, pensar que la expoliación del agua sudamericana podría darse mediante la ocupación militar. De ser así,   demandará la adopción de medidas conectadas con la defensa, para lo cual el Consejo de Defensa de la UNASUR (y su nuevo Centro de Estudios Estratégicos) podría ser un vector apropiado. Se avizora en ese sentido la necesidad de realizar alianzas estratégicas, por ejemplo, con Rusia.  Y quizás la construcción de un “equilibrio de poder” en la región, a través de un sistema de concesiones sobre el agua a actores externos que, ante la posibilidad de perder su parte en manos de un rival podrían, estar más dispuestos a negociar que a imponer.

En realidad, la principal amenaza actualmente tiene que ver con el comercio virtual del agua, es decir, con el continuo e insuficientemente compensado drenaje que se da con cada exportación sudamericana de productos primarios, en particular de soja. No es casual que la Unión Europea, China e India prefieran importar antes que producir; y la continuidad de este intercambio podría implicar una “apropiación virtual” de una importante parte del agua sudamericana de aquí a diez o veinte años.

El tema del agua atraviesa variados frentes: alimentación, comercio, medio ambiente, energía (biodiesel o bioetanol) y salud. Este amplio espectro

demanda un accionar multidisciplinario, coordinado, donde nuestra región actúe en conjunto con otros Estados que se hallen en situación similar, como Canadá o Rusia.

A nivel local, sería interesante uniformar el trabajo realizado (la Comunidad Andina avanzó mucho) y articular una política de protección hídrica sudamericana. En una escala mayor, en la Organización Mundial del Comercio se suele remitir la cuestión del agua virtual al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), o se cita en los discursos sobre agricultura. Pero ello no aporta soluciones a un problema que cada vez puede pesar más en la agenda del Tercer Mundo.

Parece evidente que los intereses adversos de muchos actores poco harán por Sudamérica, y que a ésta le conviene hacer sus propias jugadas. Si el futuro luce poco promisorio, debe recordarse que estamos ante una cuestión que recién comienza a debatirse y que, por lo tanto, ofrece múltiples alternativas de acción. La clave para la región estará en aprovechar sus ventajas; entre ellas, la contar con algo que casi nadie posee: agua.

por Dr. Martín Dieser

http://www.noticiasyprotagonistas.com/noticias/28786-agua-dulce-en-sudamerica/

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