Agua que se tira

Agua que se tira

Javier Cárdenas Silva

  • 23-Julio-2011

El agua es el más dócil de los elementos: “Toma siempre la forma de los vasos que la contienen. Dice las ciencias que a mis pasos atisban y pretenden…”, dijo Amado Nervo. El agua también es el más libre de los líquidos: pacientemente encuentra y construye la dirección que pretende, se desborda cuando es necesario y se mantiene acumulándose hasta que llega al nivel que requiere. Se convierte en suave llovizna o en peligrosa tormenta. Se ahuyenta durante meses de larga sequía y regresa tempestuosa, sorprendiendo, alegrando, apurando a los que no la esperan.

El agua siempre es igual y siempre es diferente, todos la necesitamos e ingenuamente creemos que es inagotable y que la controlamos porque la encerramos con llave. Nuestra vida depende de ella, de sus caprichos y de sus leyes. Su abundancia nos hace vivir como millonarios; su carencia nos vuelve limosneros.

Saltillo tiene una ancestral carestía de agua, pero vive como un junior irresponsable que derrocha el exiguo patrimonio, es tan inmaduro que todavía no ha aprendido a cuidar esa riqueza agotable y substancial y se distrae con otros problemas triviales.

Saltillo construyó, con una lenta pereza de años, una planta tratadora de aguas negras en la que invirtió millones de los impuestos ciudadanos, la inauguró solemnemente pero… ¡tira todo ese caudal al arroyo más próximo¡ Algún comentarista atildado y muy formal diría que “faltó una planeación adecuada para considerar las siguientes etapas del proceso…bla, bla, bla..”. Cualquier ciudadano con sentido común dirá qué manera tan irresponsable de administrar un proyecto de tanta trascendencia no sólo para la economía de la ciudad, sino para modificar la cultura de una ciudad que cree vivir en la abundancia del agua.

Cada verano los saltillenses contemplamos el espectáculo de nuestras calles convertidas en ríos acelerados y turbulentos, nos asomamos por las ventanas y disfrutamos un paisaje efímero y transitorio. El agua viene y se va, no se queda con nosotros en una presa o en un lago que nos pueda acompañar todo el año.

El arquitecto José María Morales, un gran amante de Saltillo, cuando fue director de Obras Públicas del Estado durante el gobierno del ingeniero Eulalio Gutiérrez, tuvo la feliz idea de crear un hogar para el agua transparente que generosamente dispensaban los manantiales y los “ojitos” de Saltillo y construyó un lago y alrededor de él la “ciudad deportiva”.

¿Por qué no hay más lagos y presas que capturen esos ríos transitorios del verano saltillense? Porque hay un tratado internacional con Estados Unidos prohíbe hacerlos en cualquier afluente del río Bravo en el territorio mexicano y consecuentemente nos condena no sólo a ver pasar el agua, a extraerla cada día a mayor profundidad sino a no poder modificar nuestra condición de desierto y de sequía. Es tiempo de que el Gobierno del estado inicie la modificación de ese tratado inequitativo para los ciudadanos coahuilenses que sufren los caprichos del agua.

xavics@hotmail.com

http://www.vanguardia.com.mx/aguaquesetira-1053335-columna.html

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