Agua regalada

Agua regalada

Creo que este año nos va a cargar el payaso. Me refiero a que el calor nos va a traer asoleados y, en el caso particular de mi vivienda, nos va a pegar con cachetadas de cinco o seis mil pesos por bimestre de electricidad.

No hablo de cosas increíbles, sino de cosas probables. Apenas arrancamos la primavera y ya el calor nos ha puesto dos o tres cachetadas guajoloteras que aspiran a traernos un verano complicado.

Hubo unos bimestres del año pasado en que la factura llegó por encima de los cinco mil pesos. Ouch. No nos pegó porque estuviéramos muy bañados, sino porque los calorones estuvieron de a peso.

¿Y ahora? bueno, parece que la cosa viene fuerte: mucho calor y poca agua. Calorones diabólicos con suministro insuficiente.

Ya dijo (y se retractó) Emilio Rangel que se recortaría un poco el abasto para darles agua a todos. Ah, que alegría: ver recortado el suministro porque, a fin de cuentas, aquello de tener el abasto garantizado no fue más que un sueño guajiro.

Lo triste es que en el fondo la cosa está por demás jodida.

Veamos. La Ley de aguas nacionales afirma que la prioridad la tenemos los ejemplares de la especie Homo sapiens. O sea que si hay insuficiencia entre personas y plantas, nosotros llevamos mano: primero tenemos que abastecernos nosotros y luego el riego agrícola.

Pero a la Conagua le valió gorro: chillaron los agricultores tamaulipecos y la Comisión Nacional del Agua decretó que debían abrirse las compuertas de El Cuchillo para darles agua de riego a los agricultores de por allá.

Sí, claro, están secos. Pero El Cuchillo se definió como una represa para acumular agua para consumo humano. Y a los agricultores tamaulipecos, a los que un presidente regaló agua por encima de lo normal, les valió gorro la vocación de la presa: se acabaron su agua, pillaron y obtuvieron el agua que requerían.

¿A cambio de qué? De nada. Siempre se les ha dado el agua sobrante después de cumplir con los 10 metros cúbicos por segundo que se les devuelven conforme al pacto establecido: te quito diez metros cúbicos de agua por segundo, pero te regreso otro tanto como agua tratada por el Ayancual.

O sea que no les debemos nada. Pero se les acabó el agua de riego, y Monterrey que se joda. La Conagua decidió soltarles 430 millones de metros cúbicos de agua destinada por ley para que la bebamos las personas y ahora los agricultores andan secos (y seguirán estándolo) para seguir pillando, y Monterrey se la pasará a secas, a pesar de que tenía su buen cochinito de agua guardado. Ah, pero la Conagua dijo que había que compartir agua de beber con el agua de riego que requieren en Tamaulipas. A pesar de que ya les devolvemos toda el agua que tomamos de su río.

O sea que la cosa es simple: ¿Para qué acumulamos agua en El Cuchillo, agua para beber, si basta con que los agricultores del distrito de riego 31, tamaulipeco, alcen el grito para que les demos agua y nos quedemos en la seca? No sé cómo se le diga a esto en términos políticos, pero en términos ciudadanos se le dice de un modo muy feo como para ponerlo aquí. Suspiros.

http://blogs.milenio.com/node/4703

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