Agua y alimentos


Mario Luis Fuentes*

Puede sostenerse que México es un país que perdió desde hace tiempo la soberanía alimentaria, pero también la soberanía “sanitaria”…

La crisis en el precio de los huevos ha puesto en evidencia tres grandes problemas que enfrentamos como país. El primero de ellos —y el de mayor magnitud— es el relativo a la inseguridad alimentaria y el incumplimiento generalizado del derecho a la alimentación.

El hecho de que la aparición de un brote de influenza aviar haya llevado a una escasez mayúscula y, con ella, a la especulación y el incremento injustificado de precios, es una poderosa evidencia sobre la debilidad y la carencia de instrumentos del Estado para enfrentar adecuadamente un evento de esta naturaleza.

La debilidad es doble: por un lado, no se tuvo la capacidad de incrementar de inmediato la capacidad de producción de aves; pero por el otro, no contábamos con las vacunas suficientes para enfrentar un brote de esta magnitud.

Puede sostenerse que México es un país que perdió desde hace tiempo la soberanía alimentaria, pero también la soberanía “sanitaria” pues carecemos, como ya se vio con la aparición del virus A-H1N1 en el año 2009, que no teníamos la capacidad de producción inmediata de los fármacos requeridos.

El segundo problema que estamos enfrentando es el relativo a los efectos del cambio climático. En este momento fueron los huevos, empero, ¿qué va a pasar una vez que el desabasto de granos y cereales sea mayor, como producto de la intensa sequía que azota al territorio nacional?

Al iniciar el mes de septiembre, los embalses y los cuerpos de agua del país tienen un bajo nivel, por lo que urgen medidas de apoyo al campo a fin de evitar que la pobreza extrema sea aún más severa y que los efectos de la falta de lluvia lleven al incremento del número de personas que viven en pobreza alimentaria.

En un país en el que la obesidad y los padecimientos asociados, como la diabetes, obligarían a generar una nueva cultura alimentaria sustentada en el consumo de alimentos sanos e inocuos pero, sobre todo, en la reducción de la ingesta  de las enormes cantidades de bebidas edulcoradas, no existen las condiciones para garantizar el acceso al agua limpia a toda la población.

El tercer gran problema que nos aqueja es el relativo a la prácticamente inexistente red de abasto popular, tanto en los ámbitos urbanos como en los rurales. México carece de un sistema que permita evitar que los especuladores y acaparadores locales hagan de las suyas; y que en los momentos de crisis perjudiquen a los más pobres y, de paso, a la economía nacional, pues los niveles generales de la inflación muestran ya impactos preocupantes.

Alimentos y agua, los elementos más básicos para garantizar la salud y la vida humana, son bienes que están muy lejos de al menos los 12 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza extrema; pero también de 18.5 millones que viven en vulnerabilidad por carencia de servicios en sus viviendas, así como de los 28 millones de vulnerables por carencia en el acceso a la alimentación.

Los recursos con los que cuenta nuestro país permitirían resolver esta problemática en el mediano plazo. Sin embargo, lo que nos ha faltado es la voluntad política para destinarlos a lo más elemental: garantizar que nadie va a enfermar o a morir porque no tuvo agua que beber o porque no tuvo nada que comer.

                *Director del CEIDAS, A.C.

2012-09-10 01:00:00

http://excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=858181

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