Cuenca del río Nazas. “Donde hay trabajo, hay una mujer”

Cuenca del río Nazas. “Donde hay trabajo, hay una mujer”

Dominical • 13 Octubre 2013 – 6:46am — Brenda Alcalá

En la localidad de Escobar y Anexos, municipio de Guanaceví, en el corazón de la sierra del estado de Durango, se encuentran las únicas mujeres que colaboran con el programa Irritila, que les paga por sus servicios ambientales y de preservación de recursos hídricos.

Parte del grupo femenino de trabajo. Entre ellas: María Rivera, Elvira Ruacho, Irene Romero, Rocío Cervantes y María Corral.

Durango  • Ellas realizan trabajos de remediación y conservación de la Cuenca Alta del Río Nazas, por los que reciben un beneficio económico. De pocas palabras, pero contundentes frases, aseguran que donde hay trabajo, hay mujeres, que también ellas pueden. Cargan piedras o madera para la construcción de presas filtrantes que incrementan la calidad del agua que llega a través de los escurrimientos a la Comarca Lagunera, cavan brechas para prevenir incendios y, sin importar que haya pendientes muy pronunciadas, caminan kilómetros.

La mayor tiene 69 años. Son 22 y todas señalan que el trabajo en el campo y al aire libre no les es ajeno. Están acostumbradas a colaborar hombro a hombro con sus parejas, con los suyos. Familiarizadas ya con los términos ambientales, se sienten satisfechas por conservar los bosques en mejores condiciones e invitan a la ciudadanía a seguir trabajando para que entre todos se detenga y revierta su degradación.

El nombre de Irritila se refiere a las personas que formaron parte del grupo indígena que pobló por primera vez el territorio de la Comarca Lagunera, en un periodo previo al avance de la colonización española, en el centro-norte de México. Los irritilas conformaron una sociedad nómada que se asentó en las riberas del río Nazas.

El programa Irritila fue puesto en marcha en 2010 por la Comisión Cuenca Alta Nazas AC, para impulsar un movimiento ciudadano que frenara el daño al que ha sido sometida esta cuenca mediante el modelo de pagos voluntarios ciudadanos a cambio de servicios ambientales hidrológicos.

Las retribuciones se realizan en los Organismos Operadores de Agua de los municipios con los que sostienen convenio, que son Gómez Palacio y Lerdo, en Durango, y Torreón, en Coahuila. Además de la ciudadanía, colaboran con Irritila la Comisión Nacional Forestal (Conafor), el gobierno de Durango, compañías particulares y asociaciones locales. Todos los ejidos y comunidades beneficiados firmaron convenios con la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y la Comisión Cuenca Alta Nazas AC (Irritila), para realizar obras de conservación de suelo y agua en la cuenca del mismo nombre. La proyección es beneficiar a 14 ejidos de los municipios de Santiago Papasquiaro y Tepehuanes.

Escobar y Anexos es la única localidad del municipio de Guanaceví que forma parte de la Cuenca Alta, adonde se destinaron recursos para mejorar 724.52 hectáreas en 2013. Esta comunidad se encuentra a poco más de 500 kilómetros de la Comarca Lagunera, donde convergen los municipios de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo.

A cada localidad le entregan 400 pesos por hectárea, es decir, entre 150 y 200 mil pesos por año, que deben repartirse solo entre los que participan en estos trabajos. Las autoridades son quienes dividen el trabajo y los recursos, en tanto que las obras son supervisadas por la Conafor y por personal de la asociación civil, quienes auditan y documentan con video y fotografía cada uno de los avances y trabajos.

En Escobar y Anexos residen cerca de 40 familias. La principal actividad es la ganadería y la agricultura de temporal. Es María Rivera Sánchez, de 69 años, quien asegura que trabajan desde las ocho de la mañana y regresan, “lo más tarde”, a las seis; aunque antes de salir ya tienen hecha su casa, el almuerzo para la familia y hasta se preparan su “lonche” para comer allá arriba.

“Juntamos piedras, barremos, hacemos brechas, nos levantamos temprano a hacer el quehacer. Trabajamos desde siempre la tierra. Sabemos piscar, deshierbar, echar fertilizante, igual que los hombres. Con esto que hacemos ahora, nos ayudamos, sí, pero también sentimos orgullo de ver que colaboramos con el bosque”, dice la mujer con una sonrisa a flor de piel.

Elvira Ruacho Márquez tiene 55 años, es más callada, pero igual de contundente. Ella es otra de las mujeres de Irritila. “Tenemos que chambear para comprar las tortillas. También los maridos van cuando no tienen que supervisar a los animales. Nos juntamos en un sitio, de ahí subimos en dos camionetas, somos varias. Igual que los hombres, trabajamos las mujeres aquí”, cuenta.

Irene Romero García, de 23, se siente contenta con este trabajo. Les ayuda el dinero que reciben, pero explica que a la vez ayudan al medio ambiente. Reconoce que son más mujeres que hombres y que se debe a que los de la localidad salen a trabajar: “Aquí desde siempre las mujeres trabajamos en las tierras. Donde hay trabajo, hay una mujer”.

Con 24 años, Lirio Rocío Cervantes Baltiérrez asegura que son mujeres de trabajo y esperan seguir haciéndolo por los bosques de su región, y si eso ayuda a la Comarca Lagunera, les da gusto. “Lo que puede hacer un hombre aquí lo puede hacer también una mujer. Hacemos represas filtrantes y brechas para prevenir incendios. Vemos cristalizado nuestro trabajo y nos da gusto porque comienza a ponerse todo muy verde por el relleno de las represas filtrantes”.

María Corral Alvarado tiene 54 años. Desde hace 32 que vive en esta región. Dice que tienen la cultura del trabajo. Cuenta que en algunas ocasiones van también hombres, pero en su mayoría son mujeres. Conoce perfecto de dónde se obtienen los recursos del programa Irritila y agradece a quienes hacen posible dos cosas: “Que ellas puedan tener trabajo en una localidad tan alejada que no cuenta con fuentes permanentes, y que se preocupen por la Cuenca Alta, por sus bosques, que son los bosques de todos”.

Por su parte, Héctor Jesús Jiménez Hernández, responsable del departamento de Servicios Ambientales, Unidad de Administración Forestal del municipio de Tepehuanes, Durango, asegura que han realizado obras de conservación de suelos y las mujeres, por voluntad, han decidido participar.

“El principal beneficio es la aportación económica que logran a cambio del trabajo que desarrollan, eso les satisface, pues aportan también a su casa, pero a la par saben de los logros que se obtienen en los bosques con estas obras. Ellas, de cualquier forma, se ocupan en ayudar a los padres o maridos en las actividades de ganadería y agricultura”, comenta.

Este año se han colocado 12 kilómetros de brechas cortafuego para evitar que las llamas se desplacen hacia áreas susceptibles, donde deben limpiar un espacio de tres metros con ese objetivo. Además, se colocaron cuatro letreros informativos en los principales accesos al ejido y al área de conservación, alrededor de 50 metros cúbicos de presas filtrantes y 20 metros de cabeza de cárcavas.

“En ocasiones, cuando he venido, hasta con una escoba van quitando la vegetación seca. Son actividades en las que ellas participan, no se trata de un trabajo sumamente pesado, pero sí cumplen una función determinada. Las mujeres son más detallistas, entonces se aprovechan estas habilidades para poder cumplir con las obras”, comenta.

El ejido solo cuenta con el apoyo del programa Irritila y fondos concurrentes de Conafor, que aporta una cantidad adicional a lo recaudado por el programa. Finalmente, todas invitan a la gente a que siga realizando contribuciones económicas, pues el trabajo entre todos hace que se cuide la Cuenca Alta del Río Nazas, cuya conservación beneficia a más de un millón de residentes de la Comarca Lagunera.

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