Del subsuelo, el agua más cara de la ciudad

Del subsuelo, el agua más cara de la ciudad

El crecimiento de la mancha urbana generará un problema mayor: agua más difícil y costosa, y más problemas de inundaciones, advierte el SIAPA.

Mar, 08/02/2011 – 05:49

 

El desarrollo urbano desmedido ha causado grandes problemas de abasto del vital líquido. Foto: Chema Martínez

Guadalajara.- El agua subterránea es la más cara de la ciudad. Producir mil litros (un metro cúbico) de líquido de ese origen para el sistema metropolitano, se acerca a un peso con 40 centavos tan sólo en relación al costo de la electricidad, contra 58 centavos que cuesta el metro cúbico (m3) traído desde el lago de Chapala, o los cero pesos del agua importada desde la presa Calderón, que llega del oriente, por gravedad.

La tendencia es que esa agua será cada día más cara, pues se registran abatimientos del nivel de los pozos que en las zonas más críticas (ver mapa anexo) pueden alcanzar cuatro metros por año, señala el gerente técnico del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), Carlos Hernández Solís.

Los casi 200 pozos que posee el SIAPA en los acuíferos de Toluquilla y Atemajac-Tesistán aportan casi 30 por ciento del agua que requiere el abasto de la ciudad.

“Entre más sea el desbalance de lo que te da la recarga natural y lo que le sacas, más lo que se le afecta en pavimentación, eso se traduce en energía eléctrica adicional, en hacer una profundización de los pozos, y la posibilidad de empezar a usar las aguas mineralizadas producto de toda la historia en la vida de la tierra, como ha sucedido en otras partes del país”, advierte.

De hecho, la composición mineral obliga a costos extra de potabilización que el acuífero metropolitano ya exige. Es el caso de los pozos profundos de Toluquilla, donde la presencia de arsénico, fierro y manganeso ha obligado a instalar una planta potabilizadora especial, con lo que se agregan otros 50 centavos al costo de producir un m3 con los parámetros que exigen las normas oficiales mexicanas emitidas para el consumo humano, por la Secretaría de Salud. En comparación, la potabilización del agua del sistema Chapala o de Calderón no cuesta más de 25 centavos por cada m3.

No es ningún secreto por qué esta sucediendo el problema. La urbanización desordenada ha hecho una gran plancha de cemento y pavimentos que abarca, de forma discontinua, unas 63 mil hectáreas. Los datos del gerente técnico del organismo operador señalan que un terreno con cobertura natural infiltra 50 por ciento del agua de lluvia, evotranspira 40 por ciento (agua que se evapora y sube a la atmósfera) y sólo escurre 10 por ciento del volumen. Dependerá del tipo de urbanización la modificación de los factores.

Por ejemplo, si se deja de 10 a 20 por ciento de la superficie impermeable (por la que no puede infiltrarse el agua), la infiltración baja a 45 por ciento, la evotranspriración se reduce a 35 por ciento y correrá sobre superficie 20 por ciento del agua —el doble de la escorrientía natural—.

Sin embargo, este modelo de moderación no ha sido frecuente en el desarrollo de Guadalajara: impera, en desarrollos residenciales, el que tiende a impermeabilizar de 35 a 50 por ciento de la superficie, reduciendo la captación al subsuelo a 35 por ciento, y elevando el escurrimiento al triple del natural; y sobre todo, los modelos de urbanización que impermeabilizan más de 75 por ciento de la superficie y ocasionan que 55 por ciento del agua de la lluvia se vaya sobre el suelo, cuenca abajo, provocando estragos.

Un año óptimo en lluvias (una acumulación promedio de 950 milímetros de lámina de agua) le trae a Guadalajara hasta 340 millones de metros cúbicos de agua, aproximadamente la que necesita para su consumo en el mismo periodo.

Si antes de la urbanización acelerada se infiltraban 170 millones de m3 y evotranspiraban más de 130 millones de m3, ahora el agua en superficie llega a ser de 200 millones de m3 (contra 35 millones de m3 del escenario natural), lo que explica mejor que nada los estragos que se ocasionan. Si a esto se suma que llueve intensamente, —es decir, por arriba de diez milímetros— sólo en 90 días del año, el resultado son que en pocos días de lluvia cae una enorme cantidad de agua que la naturaleza alterada ya no puede regular.

Tendencias desfavorables

El escenario tendencial no es favorable en el corto y mediano plazo. “En algunos puntos de Atemajac, hay abatimientos de hasta cuatro metros por año; si tienes una zona de concentración de pozos, se resiente más allí el costo porque baja más rápido el nivel del agua subterránea”, pone en relieve Hernández Solís.

Se trata de dos acuíferos bien estudiados, con casi 2700 pozos de agua en producción; “en el caso de estos acuíferos, la parte de la extracción del SIAPA representa 90 millones de m3, pero la mancha urbana se está ampliando a lugares como El Bajío, que estaba considerada como una zona de buen grado de permeabilidad y va a ser afectada; el suelo de Guadalajara es arena, un suelo permeable, pero hay zonas más permeables que otras, como es el caso, se suponía que El Bajío iba a reservarse como zona de captación, lo que no sucedió”.

¿Puede desarrollarse una zona de la ciudad sin alterar su capacidad de infiltración? El gerente técnico del SIAPA alude a la experiencia de plaza Pabellón, colindante con el bosque Los Colomos.

“Cuando se hizo el desarrollo, que tenía una gran oposición de grupos ecologistas, se involucró a la Comisión Nacional del Agua para emitir una opinión técnica […] nuestro planteamiento es que se podía construir una red de pozos de absorción que igualaban la velocidad de infiltración que en forma natural tiene una superficie sin planchas de concreto; así se hizo y es lo que tenemos que hacer, en El Bajío se supone que se tendría que estar asumiendo esto como una condición de desarrollo”, agrega el gerente técnico, ex funcionario de la entidad federal.

Esa es tarea de las autoridades municipales, que regulan los usos de suelo, y el SIAPA lo debe tomar en cuenta al dar las factibilidades para fraccionamientos que se incorporen a su sistema. Pero a Hernández Solís le preocupa además mantener la infraestructura existente para aprovechar esa agua costosa, pero de alto valor para todos los asentamientos humanos.

“Tenemos que buscar el costo por m3 menos oneroso de producción, por eso necesitamos una mezcla de opciones de abastecimiento que nos ayude a caminar a la conservación de las propias fuentes, sea Chapala o los pozos, que necesitan descanso para ser estabilizados”, plantea. Sin olvidar que una ciudad sin orden, hará inútil ese esfuerzo de moderación.

Agustín del Castillo

http://www.milenio.com/node/640764

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