Derechos humanos

Derechos humanos

Francisco Valdés Perezgasga

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·         2011-10-02•Acentos

Para Chuy Torres Frayre que ya nos hace falta.

Durante años, diversas organizaciones civiles hemos pedido que el agua sea considerada un derecho humano y no una mercancía. Esto debe traducirse en una declaración clara y fuerte en nuestras leyes que primen este carácter de un bien indispensable para la vida por encima del carácter de mercadería que muchos otros quieren darle. El jueves, el senado aprobó la reforma al Artículo 4º constitucional estableciendo que “toda persona tiene el derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho”. Esta declaración es una gran victoria de quienes hemos luchado por ella pero es también apenas el primer paso para que esta reforma constitucional tenga pleno efecto en nuestras vidas.
Para empezar, hace falta ahora que los congresos locales, a la brevedad, actúen para que una mayoría de los estados apruebe la reforma. Luego, habrá que adecuar legislaciones, códigos y disposiciones locales para que este derecho al agua se haga realidad. Entre los millones a quienes este derecho les ha sido conculcado estamos la mayoría de las laguneras y de los laguneros que bebemos agua con arsénico por culpa de la extracción ilegal del agua subterránea, es decir, por una falla del estado para vigilar que cese esta extracción ilegal.
En el mismo orden de cosas, aunque parezca uno distinto, crece en La Laguna el número de ciclistas muertos por vehículos de motor y por sus conductores. En esta semana hubo cuatro ciclistas y un motociclista muertos en diferentes accidentes viales. Hace dos semanas, afuera del Tec de La Laguna, sitio al que llego y del que me voy en bicicleta todos los días, un autobús urbano aplastó el cráneo de un ciclista. El dolor crece y se esparce mientras siguen brillando por su ausencia las políticas públicas municipales, metropolitanas y estatales que puedan garantizar la integridad de los miles de laguneras y laguneros que pedaleamos nuestras ciudades día con día.
Todas las personas tenemos ciertos derechos básicos, fundamentales, inalienables. Todas y todos tenemos derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad. En nuestras ciudades pareciera que este derecho fundamental está suspendido para las y los ciclistas. En el caso del agua, el estado está ya obligado a garantizar el acceso de todos los laguneros a agua sin arsénico. No sólo mediante la instalación de filtros, sino atacando también la raíz del problema: la explotación irracional, ilegal y criminal del agua del subsuelo. Tareas pendientes para que se protejan estos derechos humanos vulnerados día con día en los ámbitos del agua y de la movilidad.

twitter.com/fvaldesp

fvaldes@nazasvivo.com

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