LA
PRIVATIZACION DEL AGUA EN MEXICO: UNA VIOLACION A LOS DDHH [1] .
Los tres últimos sexenios presidenciales,
en alianza con grupos empresariales mexicanos, han fomentado
e instrumentado una abierta política hacia la privatización
del uso, infraestructura y gestión del agua en México. Esa
política mercantilista proviene de la aceptación de la asesoría
y financiamiento del BID-BM, de la política de cooperación
francesa y de la liberalización mercantil y de inversión
de los servicios de agua, promovida por las empresas trasnacionales
bajo el Acuerdo General de Comercio de Servicios (GATS-OMC).
Sin embargo, esta tendencia de privatización
tiene como antecedente y trasfondo el férreo y sostenido
debilitamiento de la inversión estatal, que se inicio a
principios de la década de los años ochenta, con la estrategia
de reducción salvaje del presupuesto federal (entre 1991
y 2001 la inversión publica hidráulica se redujo mas de
400% al pasar de 13.1 mil millones de pesos (fijos) a 2.9
mmdp), y de las contrarreformas legales a la Ley de Aguas
Nacionales y otras leyes reglamentarias – muy asesoradas
por la política francesa. (véase nota sobre la Ley)
En esa miseria de gasto presupuestal,
con dramática contaminación y deterioro de la calidad de
agua potable (propiciadora de la fuerte epidemia de cólera
de principio de los años 90). los gobiernos, por un lado,
aceptaron numerosos prestamos del BID condicionados a instrumentar
diversos programas de privatización enmascarados como “modernización”
de la política hidráulica de México; y por el otro facilitaron
la privatización indirecta que las empresas de agua embotellada
y refrescos han realizado en México (el valor de venta de
esta “exitosa industria” acaparadora de los recursos hídricos
hoy es mayor que todos los recursos gubernamentales recaudados
por derechos de agua).
Los programas del BID y Trasnacionales
han sido: 1)la expansión compulsiva del Programa de Modernización
del Agua (PROMAGUA) de las grandes ciudades; 2) retomar
y expandir el Programa de Agua Potable y Saneamiento en
Comunidades Rurales-II (PROSSAPYS); 3) retomar el Proyecto
de Modernización Integral del Riego (PMIR); 4) aceptación
de la “oferta de liberalización” de los Servicios de Agua
bajo el GATS y usando el instrumento de intermediarios financieros
mercantiles bautizados como “Bancos de Agua” para concentrar
las concesiones sobre derechos de uso.
Si el primero busca consolidar el papel
de las empresas privadas sobre los sistemas de agua potable
y de saneamiento de las grandes ciudades del país, mediante
su privatización, el segundo programa recién aprobado pretende
la construcción y privatización de esos mismos rubros en
el espacio rural (ciudades de menos de 25 mil habitantes).
El tercer programa, aunque de viejo cuño, pretende consolidar
la privatización de la mayor infraestructura de riego de
América Latina, la creación de mercados de agua y de servicios
en el espacio rural de México (el mayor consumidor de agua
del país). Y el cuarto programa, invisible para la inmensa
mayoría de los ciudadanos, es consolidar en el marco de
los compromisos internacionales del GATS-OMC, la obligación
del Estado Mexicano para dar entrada a las empresas extranjeras
en todos los rubros y etapas vinculadas con el agua y su
tratamiento.
El PROMAGUA
(Programa de Modernización del Agua del BID). En su
adaptación a México, el Programa fue diseñado y esta financiado
con Prestamos del BID, administrado por BANOBRAS y operado
por la CNA. “El objetivo del Programa es funcionar como
fuente adicional de recursos, condicionado a un esquema
de cambio estructural para fomentar la consolidación de
los organismos operadores de agua; impulsar su eficiencia
física y comercial; facilitar el acceso a tecnología de
punta; fomentar la autosuficiencia; y promover el cuidado
del medio ambiente con proyectos de saneamiento, preferentemente
ligados al reuso de las aguas residuales, con la participación
del sector privado”.
Para Acceder
a los recursos financieros del PROMAGUA, los gobiernos estatales
y municipales deben aceptar y suscribir tres compromisos
[2] : I) Adherirse, mediante la firma de un Convenio,
a los objetivos del Programa (participando el Organismo
Operador, Banobras, CNA, Gobiernos Estatales y Municipales);
II) Aceptar la realización de un Estudio de Diagnostico
y Planeación Integral (costo incluido en el futuro monto
del préstamo) y III) Aceptar: Programa de Inversiones con
participación de capital privado; incremento de Eficiencias
FASE I y Programa de Inversiones –Incremento de Coberturas
FASE II.
El compromiso
de “incremento de Eficiencias” comprende entre otros, la
revisión de tarifas. Y en el llamado “Fortalecimiento Institucional”
se incluye la modificación del marco legal, estatal, municipal,
o del organismo operador, aceptando cuatro de las modalidades
de privatización. (Contrato de Prestación de Servicios Parcial,
de Prestación de Servicios Integral, de Titulo de Concesión
y de Empresa Mixta)
Esta aberración
política y jurídica, violatoria de la soberanía municipal
o estatal alcanza magnitudes preocupantes. Al 31 de octubre
del 2005 ya 24 estados han firmado los “Convenios” (se salva
el DF y Campeche) y 56 ciudades han firmado los anexos de
adhesión [3] . En al menos 13 grandes ciudades los sistemas
de agua tienen participación privada, y en 24 plantas de
tratamiento de grandes ciudades han sido concedidas o convenidas
con capital privado nacional y extranjero..
El Programa de Agua Potable y Saneamiento
en Comunidades Rurales-II (PROSSAPYS). Aunque todavía
es pequeño (construcción en 2004 de 365 sistemas de agua
potable, 48 de alcantarillado y 27 sanitarios rurales, beneficiando
a 404 comunidades con una inversión de 569.1 millones de
pesos), se orienta a sembrar las condiciones de su eventual
privatización.
Proyecto
de Modernización Integral de Riego (PMIR). Es la joya
de un largo proceso de privatización de la inversión estatal
en infraestructura hidráulica rural probablemente más extensa
de América Latina (más de 6 millones de hectáreas). Mediante
este proyecto del Banco Mundial se busca la consolidación
del modelo agroexportador con pocos productores y alta asistencia
técnica y de servicios de empresas privadas, probablemente
extranjeras. El Proyecto cuenta con importantes montos prestados
por el Banco Mundial (BIRF) mas aportación federal por igual
cantidad, administrado por NAFIN y operado por CNA.
[4] . Y se encamina abiertamente al establecimiento
de mercados de agua de riego, de pozos y de acuíferos.
La
privatización de los servicios (incluyendo los de agua)
en el GATS-OMC. Los tratados de libre comercio (TLCAN,
TLCUE) y sobre todo el GATS (Acuerdo General de Comercio
de Servicios) de la OMC (Organización Mundial de Comercio),
han sido marcos jurídicos específicos para “liberalizar”
la entrada de inversionistas extranjeros al sector hidráulico
del mundo y de nuestro país. En la OMC, desde enero del
2003 [5] , el gobierno ha ofrecido la apertura
total del agua a los inversionistas extranjeros, algo que
en la practica venia haciendo silenciosamente desde hacia
un lustro; desde 1999 el sistema de agua potable y las plantas
de tratamiento de Cancún e Isla Mujeres fueron vendidas
a la empresa estadunidense Azurix (Enron) quien después
la revendió a la trasnacional francesa Ondeo (Suez-Vivendi)
quien ahora también posee los sistemas de Torreón, Coh.,
Leon, Gto, y una parte del D.F.; por su parte la trasnacional
Aguas de Barcelona desde 2001 participa en Aguas de Saltillo
y de Aguascalientes. Otras trasnacionales del Reino Unido
participan parcialmente en el DF. Y en el sector de aguas
embotelladas tres grupos trasnacionales (Bonafont-Danone,
Ciel-CocaCola y Electropura-PepsiBottle-Group) controlan
más del 60% del mercado nacional; en tanto que el subsector
refrescos es dominado aun más por los dos últimos grupos..
Así,
bajo la política de atraer inversión extranjera para sustituir
la falta de voluntad política gubernamental para invertir
en servicios e infraestructura, es previsible que tienda
a aumentar la presencia de transnacionales del agua en muchas
otras ciudades y sectores. Sin embargo, los conflictos de
los ciudadanos con la política de las trasnacionales del
agua ya también son un problema en México, y pueden incrementarse
en un futuro no muy lejano.