El acceso al agua de cualidad es un derecho de todas y todos

 

ALAI, América Latina en Movimiento

2012-03-12

 

Texto de debate de la Marcha Mundial de las Mujeres

El acceso al agua de cualidad es un derecho de todas y todos

MMM


 

Entre el 14 y el 17 de Marzo de 2012, el Foro Alternativo Mundial del Agua sucede en Marsella, Francia. El Secretariado Internacional de la MMM ha elaborado este texto con la colaboración de activistas del Colectivo 13 Femmes de Marsella et de la MMM Francia para situar la problemática de la privatización y acaparamiento del agua.[1]

 

El agua es un bien común de la humanidad. El acceso al agua de cualidad es un derecho de todas y todos

 

El agua es un recurso esencial a la vida y a las diversas producciones; un recurso renovable pero limitado y con disponibilidad irregular. Hoy día, más de 900 millones de personas no tienen acceso al agua potable (de estos, 322 millones son africanos y 234 millones de Asia del Sur)[2] y más de 4 mil millones no se pueden beneficiar del saneamiento.  En el planeta, solamente 3% del agua es dulce y solamente 1% es propia para utilización (99% se encuentra en los glaciares o en capas subterráneas inaccesibles). Además, el agua se encuentra desigualmente repartida sobre la tierra. Un estadounidense consume un promedio de 600 litros de agua por día, un parisiense, 240 litros por día y un africano un promedio de 50 litros por día.

 

El control sobre el agua es también control sobre los pueblos. En la Cisjordania un colono israelí en las ocupaciones ilegales en territorio palestino utiliza seis veces más agua que un palestino. Los palestinos, se acaso necesitan más agua, la tienen que comprar de una empresa israelí  (Mekorot) que explota el Rio Jordán, localizado en territorio palestino. 

 

Los diferentes usos del agua también son desiguales: según la FAO[3], un 70% de la extracción del agua es usada en la agricultura, seguida de 19% en la industria y producción de energía y 11% en usos municipales (uso doméstico y en los servicios públicos).

 

Desde los años 1990, las reglas de la OMC y la política neoliberal vehiculadas por el FMI, el Banco Mundial y los acuerdos de libre comercio siguen considerando el agua como una mercancía como las demás. Esto quiere decir que el agua, especialmente en los países del sur puede ser considerada como la propiedad de una empresa o de un individuo que puede venderla si le conviene. En el proceso de “alivio de la deuda” de los “países pobres muy endeudados”, el Banco Mundial impone como condicionalidad la privatización de la distribución del agua en las ciudades[4]

 

En el auge del neoliberalismo, dichas instituciones, al igual que la Unión Europea, alardeaban que la participación de las empresas privadas era una condición para asegurar el acceso al agua potable. En realidad, la entrada de las empresas privadas en los servicios de distribución del agua ha significado el aumento abusivo de precios y la privación del acceso, por ejemplo, por medio de la instalación de medidores de prepago y corte inmediato de aguas de las familias que no podían pagar.

 

Los “principios de Dublín”, resultado de la Conferencia Internacional sobre agua y medio ambiente que sucedió en Dublín, 1992, se han tornado un nuevo consenso para la gestión del agua en ámbito mundial, para los gobiernos, al igual que para las organizaciones internacionales y ONGs, porque aparentaba ser políticamente neutro y sin controversias. Sin embargo, la aplicación de estos principios tiene diversas consecuencias. El principio 3 trata del rol de las mujeres: “La mujer desempeña un papel fundamental en el abastecimiento, la gestión y la protección del agua”. Las mujeres son presentadas como una categoría social unitaria, como se conformasen un grupo políticamente, económicamente y socialmente homogéneo. Además, el reconocimiento  del “papel fundamental” de las mujeres en este contexto abre camino para su instrumentalización[5].

 

Las jornadas de Cochabamba, Bolivia entre enero y abrilde 2000, marcan un momento de cambio en esta historia. Mujeres y hombres de los barrios populares, campesinas e indígenas se han movilizado contra la privatización de los servicios, manejados con la participación de la empresa estadounidense Bechtel, y que había resultado en el aumento del precio en más de un 50%. El episodio conocido como la guerra del agua no solamente ha desnudado la perversidad de la privatización del suministro del agua como las inúmeras posibilidades que se abren con la revuelta popular. Su victoria en revertir la privatización ha alimentado la lucha contra la Área de Libre Comercio de las Américas, derrotada en 2005, y el cambio de gobierno con la elección de Evo Morales en este mismo año. Bolivia ha considerado los derechos de la naturaleza y el agua en su Constitución, aprobada en 2009, y propone a las Naciones Unidas el reconocimiento del derecho al acceso al agua de cualidad como un derecho humano, finalmente aceptado por su Asamblea General en 2010.

 

En 2008, la Coalición contra la privatización del agua de Sudáfrica gana una demanda que asegura a las familias de Soweto el derecho de tener el doble de agua del grifo. En 2010, el servicio de agua de Paris vuelve a ser público. La Unión Europea empieza a fortalecer las experiencias de asociación público-público en la mejora de los servicios de abastecimiento del agua. Sudáfrica, Ecuador y Uruguay también han previsto en sus Constituciones el agua como derecho humano.[6]

 

Mientras la lucha por servicios públicos que garanticen el acceso al agua de cualidad sigue en el mundo, también las luchas contra otras formas de acaparamiento del agua son expandidas. En Estados Unidos, comunidades de California, Maine y Michigan han triunfado contra los tratos de favoritismo que permitían a Nestlé bombear agua de ríos, lagos y acuíferos para la venda de agua en botellas. En 2005, las comunidades y el gobierno local de Kerala en India han logrado cerrar una planta de Coca-Cola altamente contaminante y consumidora de agua.[7] Dicho logro es particularmente simbólico, porque Coca- Cola es conocida por vender como sociales proyectos que favorecen a sus intereses. En una práctica de “gender washing” (lavandería de género), Coca-Cola firmó una asociación con ONU Mujer en 2011 para empoderamiento económico de las mujeres en pequeños negocios, como las recicladoras.

 

En el Valle del Narmada en India, en las tierras Maya-Lenca en Honduras, en el Valle del Omo en Etiopia y en tantos otros territorios, comunidades resisten a la construcción de mega represas y plantas hidroeléctricas que inundan tierras, desplazan populaciones y limitan los usos de los ríos que eran la base de su supervivencia y cultura.

 

En 2006, las mujeres de la Vía Campesina han realizado una acción en las plantas de la empresa papelera Aracruz contra el monocultivo de eucaliptus. La radicalidad de su acción ha puesto en relevo la desertificación causada por los extensivos plantíos con el uso intensivo del agua y su contaminación por agro tóxicos o por la crianza intensiva de cerdos y gallinas. Cuando un país exporta pasta de celulosa o soja también exporta grandes cuantidades de agua utilizadas en su producción.

 

La Gran Marcha por el agua y la vida, que sucederá en febrero del 2012, en Perú, llama la atención para el uso excesivo del agua y su contaminación por las empresas mineras. Denuncia los males causados por las empresas ya existentes, resiste a la instalación del proyecto Minas Conga, demanda la prohibición de minería en cabeceras de cuencas y glaciares y la moratoria de concesiones mineras. La explotación de oro al aire libre con cianuro utiliza millones de litros de agua potable diariamente. La denuncia del pueblo peruano se añade a la resistencia de comunidades afectadas por la minería en diversas partes del mundo como en Guatemala, Rumania, Mozambique y muchas otras.

 

Mujeres en la gestión del agua y en la lucha contra su privatización

 

En las zonas rurales, especialmente en los países del sur, las mujeres se ocupan de asegurar el agua necesario para el uso domestico, además de asegurar que el abastecimiento sea suficiente o que haya agua estocada de manera adecuada en la casa, son ellas que de hecho gestionan el agua en el domicilio. Las niñas son muchas veces privadas de la educación pues sus madres necesitan que ellas les ayuden a buscar agua a lo largo de los días. Las mujeres, especialmente las mujeres rurales, no tienen acceso al agua potable cuando es industrializada y envasada para la venta. También por que las estructuras responsables del tratamiento de agua no realizan correctamente su trabajo.

 

Las mujeres tienen igual rol a nivel comunitario, incluso en la construcción y manutención de las instalaciones de acceso al agua. Ellas son, en general, responsables por la manutención de las letrinas. Ellas también auxilian los niños, las personas mayores o enfermas en sus necesidades sanitarias y de higiene. Ellas se preocupan con la seguridad (sobre todo de los niños) y con la intimidad: las mujeres quieren, antes de todo, estar seguras que sus niños no van a caer en las fosas y ellas demandan puertas con cierre para se proteger de las vistas de los pasantes. Además en algunos países, la falta de aseos cerca de casa plantea grandes riesgos de violencia para las mujeres, incluida la violación, sobre todo cuando es tarde de la noche.

 

En las ciudades, en todas las partes del mundo, las mujeres gestionan la utilización del agua por la familia. Con el acceso limitado por los altos precios o por racionamiento son ellas las que administran la escasez y se acuerdan de guardar agua en reservatorios. En Barcelona, durante la sequía de 2008, la comunidad ha resistido a mega proyectos como la transposición del río Ebro y reflexionado sobre formas de consumir menos agua. Las mujeres, aún más, han asumido los costos de imponer reglas más rígidas en el cotidiano, especialmente a los hijos como  baños más cortos.

 

Mujeres y hombres de todo el mundo resisten a que el agua y la naturaleza sean consideradas recursos a servicio de la ganancia de las empresas, percibidos como inagotables o como mercancía  más cara a medida que se agota por su mala utilización.  Las mujeres en especial son muy activas en estas luchas. La experiencia que viven de invisibilización y desvalorización de su trabajo de cuidado de las personas es muy similar a la invisibilidad y desvalorización de la naturaleza. El tiempo y la energía de las mujeres en cuidar, en el preparo de la comida, en los afectos, la disponibilidad para la escucha no son visibles y son elásticos. Las mujeres son las primeras a levantar y las ultimas a dormir en la mayoría de las familias. El tiempo y la energía de los procesos de regeneración de la naturaleza son ocultos y tratados como impedimento a superar para que la máquina del consumo siga operando a todo vapor. Las mujeres siguen presionadas a ajustar las lógicas opuestas y tiempos de la vida y del lucro, asumiendo las tensiones que de ahí vienen. Su trabajo es instrumentalizado para amenizar u ocultar las injusticias promovidas por instituciones multilaterales, gobiernos y empresas. Si las mujeres caminan distancias más largas para encontrar agua o esperan horas en la cola del camión cisterna esto no es considerado un problema porque dichos agentes lo justifican como parte de su rol de madres.

 

La sociedad capitalista y patriarcal se estrutura en una división sexual del trabajo que separa el trabajo de hombres y lo de las mujeres y preconiza que el trabajo de los hombres vale más que lo de las mujeres. El trabajo de los hombres es asociado al productivo (lo que se vende en el mercado) y el trabajo de las mujeres al reproductivo (la produción de seres humanos y sus relaciones). Las representaciones de lo que es masculino y feminino son duales y jerárquicas como lo es la asociación entre hombres y cultura y mujeres y naturaleza.

 

En la Marcha Mundial de las Mujeres luchamos para superar la división sexual del trabajo, al igual que por el reconocimiento de que el trabajo reproductivo está en la base del sostienimiento de la vida humana y de las relaciones entre las personas en la familia y en la sociedad. Creemos que es posible establecer (y en algunos casos reestablecer) una relación dinamica y harmoniosa entre las personas y la naturaleza y que las mujeres, con su experiencia histórica, tienen mucho a decir sobre el tema y deben estar implicadas en los procesos de decision y de gestión del agua.   

 

Nuestro desafío es unir las luchas por bienes comunes y servicios públicos de las mujeres del campo y de la ciudad como la protección de la naturaleza, contra la privatización de la vida. Nuestro objetivo es fortalecer los lazos entre mujeres, concienciar sobre los problemas comunes y particulares en cada ámbito y luchar por cambios en los modelos de producción y consumo.[8]



[1] Invitamos a todas las Coordinaciones Nacionales y los grupos participantes de la MMM a debatírselo y enviarnos comentarios, reacciones y acrecimos al coreo: Info@marchemondiale.org para poder avanzar en nuestro análisis y construcción de propuestas.  

[2] http://www.partenariat-francais-eau.fr/spip.php?article620

[3] http://www.fao.org/nr/water/aquastat/water_use/indexfra.stm

[4] http://www.cetim.ch/fr/interventions_details.php?iid=185

[5] Trottier, Julie, "Water Crises: political construction or physical reality?", Contemporary Politics, Vol. 14, n°2, June 2008, pp.197-214

[6] Bell, Beverly et Colectivo Other Worlds: ¿Quien dice que no podemos cambiar el mundo? Economías y Sociedades Justas en un Planeta Injusto. Other Worlds, EEUU y Otros Mundos, Chiapas, México, Noviembre 2009, pp. 14-17.

[7] Ibidem

[8]Marcha Mundial de las Mujeres – Campo de acción “Bien común y los servicios públicos ” http://www.marchemondiale.org/actions/2010action/text/biencomun/fr?set_language=fr&cl=fr  consultado en febrero de 2012. 

http://www.alainet.org/active/53338&lang=es

 

 

 

 

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