El agua, otra amenaza de este siglo

El agua, otra amenaza de este siglo

29 de enero del 2011

La producción de un kilo de carne de res requiere alrededor de 15 mil litros de agua y genera una gran cantidad de afectaciones ambientales como la emisión de gases de efecto invernadero

Los científicos aseguran que las dos mayores amenazas de este siglo son la escasez del agua y el cambio climático. Y conste que no estamos hablando solo de amenazas ecológicas, sino sociales, económicas, políticas, de supervivencia, pero sobre todo, de tragedias globales.

El sitio alternativo Ecoportal, publica el trabajo “Agua, conflicto y seguridad”, del cual publicamos una síntesis:

Del total del agua en el planeta, unos mil 400 millones de metros cúbicos, sólo el 2.5 por ciento es agua dulce disponible para el consumo humano. Ésa, dado los crecientes niveles de contaminación, es cada vez de menor calidad y su localización está cambiando debido a la alteración del ciclo hidrológico, en gran parte en respuesta a fenómenos como el cambio climático.

Mientras tanto, el consumo aumenta, no sólo por el crecimiento poblacional, sino por los crecientes patrones de consumo, en buena medida relacionados al tipo de vida de la población, cada vez más urbana y que sin embargo sigue requiriendo más alimentos, todo en un contexto de una dieta que tiende a colocar la carne como alimento central (la producción de un kilo de carne de res requiere alrededor de 15 mil litros de agua además de que genera una gran cantidad de afectaciones ambientales como la emisión de gases de efecto invernadero lo que a su vez afecta el ciclo hidrológico).

En el caso de México se observa que la demanda de agua para consumo humano aumentó seis veces en el último siglo y por tanto la disponibilidad media per capita ha disminuido en una tasa media anual de 2.4 por ciento en los últimos 60 años.

Pero, a pesar de lo innegable de los datos, vale precisar que la escasez de agua también es en buena parte subjetiva en tanto que un estrés hídrico puede ser agudizado por conflictos distributivos, sea por procesos de disputa o despojo por parte de actores locales, regionales o internacionales que usualmente tienen intereses y poder de decisión distintos, divergentes y/o asimétricos. Siendo en tales escenarios, los pobres los más afectados.

En este contexto, si se toma nota de la advertencia de la CNA Corporation, respecto a la estimación de que en el 2025, alrededor del 40 por ciento de la población vivirá en países que experimentarán escenarios de escasez significativa, es claro que el asunto toma gran importancia en las distintas agendas de seguridad.

Para México, el punto es relevante pues se calcula que para el 2069 el incremento del estrés hídrico será de entre un 20 y un 30 por ciento para zonas templadas y de hasta un 60 por ciento para zonas de clima cálido. Tal eventual reducción y redistribución de la disponibilidad del líquido se verá acompañada además de un aumento poblacional que para el 2030 será de unos 125 millones de personas, mismas que demandarán un 25 por ciento más de agua que la registrada a principios de siglo.

En tal panorama es sintomático que Homer-Dixon sostenga que, “…los conflictos por agua, entre otros recursos estratégicos, pueden desencadenar conflictos bélicos, escenarios violentos y acciones autoritarias con fuertes implicaciones a la seguridad internacional.”

La denominada “guerra por el agua”, así advertida a principios del milenio por el entonces vicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin, aludiendo a que “…la próxima Guerra Mundial será por el agua”, radica, como se indicó, en el hecho de que su localización y calidad está cambiando.

En tal sentido, zonas con potencial de conservar/incrementar sus reservas de buena calidad, pero también aquellas en las que se registran cambios de valores y percepciones sobre su escasez/disponibilidad, y en las que se gestan intereses encontrados en un contexto de ausencia o cambios en la política y formas de gestión, se perfilan como estratégicas y conflictivas. A ello evidentemente se suma la conflictividad de las zonas donde la calidad y cantidad de agua disponible tiendan a ser decrecientes.

Algunos datos hablan por sí solos: De 1948 a 1998 ocurrieron en el mundo tan sólo 21 acciones militares de gran escala y 16 acciones militares de escala limitada, mientras que al mismo tiempo ocurrieron 50 actos diplomático-económicos hostiles y 164 actos de hostilidad verbal entre países con problemas derivados por cuencas fluviales transfronterizos.

En el continente Americano se identifican cientos de potenciales conflictos distributivos a nivel local, regional e internacional, esto es, prácticamente a lo largo y ancho de las principales cuencas de la región. A grandes rasgos, los conflictos pueden gestarse entre propietarios y/o usuarios del mismo tipo; entre gobierno y concesionarios/propietarios de la tierra; entre el gobierno en sus diversas escalas, las empresas y los pueblos; o entre gobiernos, sean locales, regionales o internacionales.

Los antecedentes son numerosos y van desde luchas de pueblos indígenas y campesinos en defensa del agua de sus territorios, de aquellos en contra de la construcción de represas, hasta disputas mayores entre países. En lo que respectan a estas últimas y las de mayor grado de geopolitización, se identifican en el continente dos escenarios clave: 1) el caso del agua compartida con EUA, tanto canadiense como mexicana; y 2) las zonas del acuífero Guaraní y las de las cuencas compartidas de los ríos Plata/Paraná/Paraguay-Guaporé, Amazonas/Putumayo, y del río Negro-Orinoco.

El escenario norteamericano, por destacar alguno, es tan complejo que existe ya la preocupación por la ausencia de acuerdos entorno al agua subterránea binacional, al tiempo que se vislumbran posicionamientos conflictivos como el de la Agencia Stratford que precisan que: “…la debacle fronteriza por el agua puede llevar a descarrilar las relaciones comerciales diplomáticas, dañar el TLCAN y provocar confrontaciones entre los gobiernos locales y los residentes de la zona fronteriza.”

El pronunciamiento de la Asamblea General de la ONU del 28 de julio de 2010 sobre el tema en general es relevante, pues reconoce el derecho al agua potable y al saneamiento como derechos humanos básicos e insta a que se les garantice.

www.ecoportal.net

Articulo original de Gian Carlo Delgado Ramos (Investigador del programa “El Mundo en el Siglo XXI” del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores.)

http://www.ecoperiodismo.com/collaborator/2/514/el-agua-otra-amenaza-de-este-siglo/

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