El agua que nos oprime (I)

El agua que nos oprime (I)

21 de marzo del 2011

La penuria y la escasez de agua acosan hoy día al mundo, de manera que, además de sustancia con propiedades únicas, es también símbolo irrefutable de la era moderna y su importancia resulta axiomática…

El agua dulce es el lubricante del desarrollo. La frase consta en el informe Soluciones para un mundo con escasez de agua, emitido por el Fondo de Naciones Unidas para la Población (FNUAP). Ese líquido, sin dudas, es el germen básico del sustento de los seres vivos y del avance futuro de la humanidad.

La penuria y la escasez acosan hoy día al mundo, de manera que el agua, además de sustancia con propiedades únicas, es también símbolo irrefutable de la era moderna y su importancia resulta axiomática en el ciclo biológico del planeta, pues los tiempos corren más aprisa que el líquido vital.

Degradación de ecosistemas, cambio climático, sobreconsumo acuífero, contaminación de mantos y presas, salinización, desertización, incluso privatización y comercialización, así como también desigual distribución de los recursos materiales en la tierra, son algunas de las agudas causas por las cuales el agua, aunque vital, no llega a todos por igual ni logra satisfacer las necesidades mínimas de cientos de millones de personas.

Es una extensa cadena causa-efecto, que preocupa y afecta esencialmente  a los habitantes del Tercer Mundo, y que puede, sin dudas, ocasionar desolación y muerte.

El 72 por ciento de la superficie del planeta paradójicamente llamado Tierra, está cubierto de agua: la salada de mares y océanos representa alrededor del 97 por ciento del total, mientras que otro dos por ciento se halla en los glaciares y casquetes polares en estado sólido.

De los datos anteriores se infiere que apenas, léase bien, el uno por ciento del agua está disponible para consumo humano, agricultura e industria, contando ríos, lagos, reservas subterráneas, humedales, vapores atmosféricos, etc.

Solo el 0,007 por ciento de toda el agua de la Tierra es asequible al ser humano, asunto grave si tenemos en cuenta que durante el siglo XX la utilización del agua potable aumentó a un ritmo dos veces mayor que el crecimiento poblacional, aunque con desigual distribución.

En profusas regiones vulnerables, la escasez es poco más que insostenible: 460 millones de personas, es decir, el ocho por ciento de los habitantes del Planeta, carecen de agua. Y las estadísticas indican que una cuarta parte de la población mundial está amenazada de encontrarse en igual situación.

Haciendo honor a los números, más abundantes que el agua, ahí van algunos datos escandalosos que explican la calamidad con todo lujo:

De mil 200 millones de personas que enfrentan el no acceso al agua, más de la mitad son mujeres y niñas. El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) constata que en la mayoría de los países en desarrollo las mujeres son responsables de la gestión del agua, a nivel doméstico y comunitario. Es el caso de las africanas y asiáticas que caminan un promedio de seis kilómetros en busca de agua, trasladando sobre sus cabezas un peso de hasta 20Kg.

Otros dos mil 400 millones de personas en el mundo no tienen acceso a una adecuada salubridad. Dos mil 200 millones en países en vía de desarrollo mueren cada año de enfermedades asociadas a la penuria del agua potable, inadecuada salubridad y una higiene muy pobre. ¡Seis mil niños mueren cada día por esta causa, en un mundo que cotidianamente gasta millones para la guerra!

Las reservas de agua dulce del planeta son amenazadas por la contaminación y el aumento de la demanda, situación que empeora en los países en desarrollo, donde nace el 95% de los 80 millones de habitantes que cada año se añaden a la población mundial.

Cerca de la mitad de los habitantes del mundo en desarrollo sufre alguna enfermedad afiliada al agua impura. En la mayoría de las ciudades, solo del 10 al 20 por ciento de las aguas residuales es tratada, mientras que el sistema de alcantarillado, en caso de existir, es fuente de complicaciones tanto sanitarias como ecológicas.

La agricultura es la actividad más contaminante, pues supera a la industria y desagües urbanos. En la mayor parte de los países o regiones que usan fertilizantes y pesticidas, se contaminan las corrientes fluviales, hasta el punto de que más del 90 por ciento de los ríos de Europa exhiben o más bien ocultan alta concentración de nitrato procedente de los agroquímicos.

Sin restar importancia a industrias y desagües urbanos, se revela que cerca del 95 por ciento de las aguas servidas y el 75 por ciento de los desechos industriales se vierten en corrientes fluviales sin previo tratamiento, por lo cual las aguas contaminadas y la mala administración de los recursos hídricos causan disímiles enfermedades.

Alrededor del 80 por ciento de las patologías y más de un tercio de todas las muertes en los países en desarrollo, están relacionadas con el agua. Cada ocho segundos sucumbe un niño, cada año cinco millones de personas perecen por dolencias vinculadas a su consumo y tres millones de niños menores de 5 años lo hacen a causa de las diarreas.

Los patógenos que prosperan en ambientes acuáticos provocan cólera, fiebre tifoidea, disentería, poliomelitis, hepatitis y salmonelosis, entre otras epidemias.

Unos 200 millones de asiáticos, africanos y latinoamericanos padecen giardiasis intestinal, que se trasmite, entre otras causas, por el consumo de agua contaminada por heces. Cada año se registran unos 16 millones de casos de cólera en países en vías de desarrollo y 120 mil muertes por esa enfermedad.

En general, cinco enfermedades son producidas por el agua o los sistemas de saneamiento deficientes:

1.- Las que se propagan al beber agua contaminada, como la fiebre tifoidea, disentería, cólera, gastroenteritis, hepatitis infecciosa.

2.- Las relacionadas con la higiene: tracoma, escabiosis, úlceras, lepra, conjuntivitis.

3.- Las contenidas en el agua: esquistosomiasis y la lombriz parasitaria de Guinea.

4.- Aquellas cuyos agentes son insectos del entorno acuático. Tal es el caso del mosquito que produce la malaria o la fiebre amarilla, o la mosca negra que produce "la ceguera de los ríos" y la mosca Tse Tsé, causante de "la enfermedad del sueño".

5.- Infecciones originadas por sistemas de saneamiento deficientes, como por ejemplo, la anquilostomiasis.

En América Latina y el Caribe, 168 millones de personas no cuentan con suministro de agua por tuberías y millones se abastecen de agua "potable" que no cumple las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), menos aún los estándares nacionales o internacionales.

Solo el 10 por ciento de las aguas residuales reciben algún tipo de tratamiento, de forma que se convierte en uno de los problemas sanitarios más críticos de la región.

Existen serias probabilidades de potenciales conflictos entre naciones, teniendo en cuenta que 300 de las cuencas más importantes y varios de los acuíferos subterráneos principales cruzan fronteras nacionales. Las amenazas internacionales quizás estarán pronto flotando en un ambiente de desesperación.

Egipto advirtió desde 1991 estar listo a utilizar la fuerza para proteger su acceso a las aguas del río Nilo, compartido por Etiopía y Sudán. Se pronostica que las guerras futuras no vendrán tanto provocadas por el petróleo como por el agua, convirtiendo el necesario líquido en un arma política y social de envergadura incalculable.

¿Quién es el propietario de las redes fluviales? ¿A quién pertenece tal o más cual río? Es absurdo. ¿Quién podía imaginar que la humanidad llegara un día a semejante extremo, cuando ya hemos inventado suficientes razones para pelear unos con otros? La irracionalidad conduce a un caos sin regreso.

Si ese turbión no se desvía o detiene, el futuro deparará dramas, penurias y más muertes. En el 2025, si continúan las políticas actuales de uso y manejo, dos terceras partes de la población mundial vivirán en países que enfrentarán problemas serios referentes al agua.

Por simple cálculo aritmético, sabemos que las afectaciones llegarán a dos mil 800 millones de personas, el 35 por ciento de los ocho mil millones de habitantes que se calcula tendrá entonces la Tierra.

Se prevé que para ese año las reservas de agua per cápita de Europa y Estados Unidos disminuirán a más de la mitad de los niveles registrados en el año 1950, mientras que Asia y América Latina tendrán solo la cuarta parte, y África y Oriente Medio, la octava.

La agricultura caerá en decadencia y deberemos olvidar los parámetros de sostenibilidad. Es utópico pensar en cualquier progreso y futuro hacia el cual avanzar, porque lo que se nos vendría encima sería tremebundo: un drama mayor, que arruinaría con premura los sueños seculares.

http://www.ecoperiodismo.com/collaborator/2/124/el-agua-que-nos-oprime-i/

 

 

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