El agua, un bien de todos (II final)

El agua, un bien de todos (II final)

20 de enero de 2012, 01:31Por Julio Hernández*

La Habana (PL) El 12 por ciento de la población mundial consume anualmente el 85 por ciento del agua disponible e inversamente: el 88 por ciento de los seres humanos tienen que repartirse el 15 por ciento restante.

  Desde luego, estas cifras no se refieren sólo al uso individual, pues el agua dulce sirve para muchos fines.

La mayor parte de ell (un 67 por ciento) va a parar a la agricultura y el 20 por ciento al uso industrial, pero en Asia, África y América Latina la proporción en el sector agrícola puede llegar al 85 por ciento.

Los números globales no son suficientes para describir la situación real de los menos favorecidos en relación con el oro azul.

Se estima que en las grandes ciudades de los países subdesarrollados el 70 por ciento de las familias pobres carece de agua potable.

En la mayor parte de los casos los barrios marginales no cuentan con redes hidráulicas y sus habitantes deben pagar caramente a vendedores ambulantes para disponer del agua imprescindible.

Lamentablemente no existe la tecnología para transportar los hielos antárticos por pedazos hasta las zonas áridas, para crear depósitos artificiales que permitan satisfacer las necesidades de las poblaciones sedientas.

Tampoco de pueden aprovechar los hielos que se derriten en el océano glacial Ártico y en Groenlandia, ya que van a mezclarse con el agua salada.

Ahora bien, con el crecimiento industrial de los países desarrollados y de la población mundial, el uso del agua que se extrae de ríos, lagos y acuíferos ha aumentado dos veces en el último medio siglo.

Sin embargo, con el incremento de la temperatura media debido al efecto invernadero debe aumentar al mismo tiempo la evaporación de esas fuentes superficiales y acelerar la desaparición paulatina de los glaciales, como ocurre en los montes Himalaya.

El cambio climático probablemente no hará otra cosa que volver más desigual una situación en la que un estadounidense consume como promedio cada año 110 mil litros de agua y un sudanés sólo siete mil litros.

Esto puede explicar en cierta forma por qué también los países más pobres sufren hambre. Para producir un kilogramo de trigo se necesitan mil litros de agua, un kilogramo de arroz requiere de mil 400 litros y uno de carne 13 mil litros.

Tampoco para los pobres son las tecnologías de desalinización, tanto por su costo como por las inversiones necesarias para trasladarla desde el mar al interior del país por medio de ductos, luego de tratada.

Hasta ahora esa técnica se ha practicado en forma limitada en algunos países industrializados y en los estados petroleros del golfo Pérsico, que disponen de suficiente efectivo y no reparan en costos porque necesitan desesperadamente el agua.

Pero en términos ecológicos las plantas desalinizadoras constituyen también un arma de doble filo, pues producen como desecho una verdadera salmuera que acaba con la fauna y la vegetación marinas: un costo demasiado alto si la tecnología se utilizara en gran escala.

Ante la imperiosa necesidad de agua potable, actualmente y en el futuro, muchas empresas transnacionales han estado proyectando sus inversiones hacia el sector del agua, con el respaldo de los organismos financieros internacionales.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han estado imponiendo al mundo subdesarrollado, desde hace más de un decenio, el dogma de que la mejor manera de administrar el agua es privatizándola.

Algunas de las compañías involucradas en estos negocios son la Bechtel, Monsanto, Vivendi y Suez.

Teniendo en cuenta los conflictos armados y fricciones entre países y regiones a lo largo de la historia, a causa de disputas sobre el agua, muchos se preguntan si no estaremos ante nuevas batallas por este recurso.

Se dice que desde 1820 hasta el año 2000 se suscribieron más de 400 acuerdos que consideraron el agua como un elemento precioso, agotableâ�� y caro.

Los países que sufren actualmente de problemas con el agua, tales como Arabia Saudita, Egipto, Israel, Yemen, Iraq, Paquistán, Marruecos y otros, quizá sean los escenarios de nuevas tensiones.

Sectores progresistas consideran muy peligroso dejar en manos privadas la propiedad y administración de un recurso tan vital para la humanidad y reclaman que se haga todo lo necesario para mantener el agua como un bien de todos.

* Redacción de Servicios Especiales.

em/jhbhttp:

//www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=469838&Itemid=1

Leave a reply