El agua y las Américas

El agua y las Américas

Domingo, 19 de Mayo de 2013

 Esta semana tuvo lugar, en la ciudad de México, la tercera reunión regional del Club de Roma.

Con participantes de los capítulos brasileño y argentino, de la sección mexicana y del comité directivo internacional, se analizó el problema del agua en la región de las Américas.

El tema es, en todo el continente, una preocupación constante, aunque cada país tiene situaciones específicas que hacen que vivan carencias y dificultades distintas.

Muchos son los problemas comunes que requieren de soluciones igualmente comunes. El agua es un recurso fundamental al ser indispensable para la subsistencia de la humanidad.

El mundo en general y la región en particular enfrentan enormes problemas por las profundas sequías; por la falta de acceso al agua dulce en muchas poblaciones y localidades; por el mal uso que hacemos habitualmente.

Todo lo anterior conlleva consecuencias muy delicadas. Con la perspectiva de análisis holísticos e integrales, y con la visión de largo plazo característicos del Club de Roma desde hace 40 años, se hizo un recuento sobre cuál es la realidad en cada uno de estos países.

Se plantearon los retos y se propusieron algunas soluciones que, de ser atendidas, podrían instrumentarse en lo inmediato unas y otras naciones, tanto en el mediano plazo como en un futuro.

Estamos en un continente que presenta menos preocupaciones que otros. En las Américas sí hay agua, pero si desde ahora no se toman las medidas adecuadas para su tratamiento y regeneración, en los próximos 40 años se ocasionarán problemas inmanejables.

En las Américas hay de todo: se encuentra desde la segunda reserva mundial de agua, que es Canadá; Brasil cuenta con recursos sumamente importantes; en Argentina y México existen regiones ricas en agua pero, al igual que todos los países, cuentan con otras en las que su carencia es enorme.

Las sequías, cada vez más drásticas, generan resultados negativos en el agro, la ganadería y afectan a la población.

Aunque algunos países, como Uruguay, no presentan alertas ante el problema, existen otros, como las islas del Caribe, en donde simplemente no hay agua potable.

Llevarla hasta allá y garantizar su acceso es altamente costoso. ¡Qué paradoja! Están rodeadas de agua pero no tienen agua.

Dependen, entonces, de la importación de otros países. Aunque la realidad de la región difiere de un polo a otro, los problemas se repiten.

Son los mismos en el norte y en el sur. Son comunes a todos. Esta es la razón por la que debemos resolverlos en un marco más amplio y en forma integral.

Veamos por qué. En Canadá la gran reserva acuífera de mayor valor está en los glaciares, su acceso es muy complicado y con el cambio climático se están derritiendo.

En el Cono Sur pasa algo similar. Los glaciares de Chile y Argentina peligran. Las aguas subterráneas de todo el continente se ven amenazadas constantemente por la contaminación.

Algunas por fertilizantes. Otras por químicos utilizados por las industrias. Se contaminan con la explotación de los energéticos.

El agua de ríos, lagunas, cuencas y presas se poluciona por la basura que les cae de las montañas o les llega de las localidades en las que se encuentran.

Pareciera que consideramos que tener agua es un derecho natural. Esto nos impide valorarla y, peor aún, pagar los costos que implica obtenerla.

Llevar agua a las grandes ciudades es otro gran problema. Además de costoso, es cada vez más difícil.

Transportarla a la ciudad de México, Buenos Aires, Río de Janeiro, Sao Pablo, Bogotá, Santiago, Caracas implica riesgos ante los que no sólo se deja a múltiples localidades sin agua, sino que además son po-cos los proyectos de tratamiento que en estas ciudades realmente funcionan.

Dos son las más importantes plantas de tratamiento, una en Sao Paulo, Brasil, y otra en Hidalgo, México.

Así, la mayor parte del agua que se utiliza en las ciudades se desecha y desperdicia en lugar de ser tratada para ofrecerle un nuevo uso.

Los problemas no son de un solo país. Se deben pensar soluciones globales: una es la reforestación.

En Argentina el Club de Roma lo está haciendo. La manera natural para obtener agua nueva es con los árboles.

Surgió también el movimiento Agua y Juventud. Son jóvenes que colaboran en varios países.

Con este movimiento se empieza a concientizar a la sociedad desde la mirada de una juventud responsable que facilita la labor de educación sobre el mejor uso del agua. A pesar de los daños ya sufridos, la región está a tiempo de prevenir otros mayores en el futuro. 

http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=670311

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