El derecho al agua

Opinión / Columna

 

Claudia Sofía Corichi  

El derecho al agua

Organización Editorial Mexicana

20 de septiembre de 2011

 


  En julio de 2009 la Asamblea General de la ONU reconoció que el acceso al agua y al saneamiento es un derecho humano. Contar con agua potable eleva exponencialmente la calidad de vida de las personas. Por ello, es uno de los principales indicadores que se utilizan para construir los índices de desarrollo humano.

La declaratoria de la ONU obliga a los Estados a revisar sus políticas públicas e invertir más para llevar este vital servicio a la totalidad de su población. De hecho, es una Meta del Milenio reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso al agua potable para el año 2015. El acceso al agua es, además, una condición indispensable para cumplir muchas de las metas asumidas por la Asamblea General, por ejemplo, la de reducir la pobreza.

En México, la cobertura de agua potable alcanzó el 90 por ciento en 2009. Es decir, avanzamos 13 por ciento en 19 años. Si tomamos el dato por el número de viviendas, obtenemos que 30 por ciento aún no tienen acceso a agua potable. Seguramente se trata de viviendas ubicadas en las zonas rurales, donde las mujeres, las niñas y los niños deben recorrer enormes distancias para poder acceder a este vital recurso.

En relación con el drenaje, llegamos a una cobertura de 86.3 por ciento en 2009. Quiere decir que 13.7 millones de mexicanas y mexicanos aún carecen de este servicio. Y el problema crece si desagregamos los datos en zonas urbanas y rurales. En las ciudades, 94 de cada cien habitantes cuenta con drenaje. Pero en las zonas rurales casi 37 de cada cien no. En especial, en los estados de Oaxaca, Yucatán y Guerrero, tres cuartas partes de su población no tienen acceso al drenaje, de acuerdo a datos proporcionados por el Inegi. Todavía 4.4 millones de viviendas -una quinta parte- descargan aguas residuales en fosas sépticas y más de medio millón en barrancas, ríos y el mar.

Grave, sin duda. Y profundiza las enormes desigualdades de un país fracturado en zonas de exclusión entre ricos y pobres. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en su informe 2010, ubica nuevamente a Latinoamérica como la región más desigual del planeta. Y la escasez de agua agrava el círculo vicioso de la pobreza. Cuando pensamos en la integración social, es obligado incluir acciones inmediatas para dotar de agua potable y drenaje a toda la población. Sin agua no hay salud, no hay desarrollo y no hay futuro.

Junto con este reto debemos plantearnos y atender otro aspecto con igual urgencia: dar sustentabilidad al manejo del agua. El no hacerlo representa elevados costos de oportunidad que hemos venido pagando por la falta de acciones oportunas y corresponsables y por la pérdida de una visión de futuro que hoy resulta fundamental para darle viabilidad al país protegiendo sus recursos y garantizando a la población un derecho fundamental para la salud.

Por ello, las y los integrantes de la Comisión de Recursos Hidráulicos del Senado decidimos contribuir al análisis y mejorar la legislación en torno al uso eficiente y cuidado del agua. El día de ayer celebramos el Segundo Foro Regional con la participación de legisladores, especialistas y personalidades de la sociedad civil. Me congratulan los resultados y, desde luego, haberlo celebrado en mi estado, Zacatecas, que es, además, uno de los que más apoyo requiere debido a su clima semiárido. De estos y otros encuentros obtendremos una proyecto de Ley orientado a promover una política hídrica que sea una palanca para el desarrollo y que contribuya a la redistribución de la riqueza nacional con una decidida participación ciudadana. Todos y todas tenemos algo que hacer. La importancia de este tema merece nuestra atención prioritaria.

*Senadora de la República por el PRD

http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2234447.htm

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