El problema de agua avanza y se agrava en La Laguna

 

El problema de agua avanza y se agrava en La Laguna

| Opinión

Francisco Valdés Pérezgasga | En: Milenio Laguna, domingo 21 de julio 2013.

Ante la crisis del agua en La Laguna, los actores principales, lecheros y autoridades, no parecen exhibir ningún sistema o coherencia en sus propuestas. Son la imagen misma del proverbial pollo descabezado. Corren tras buscapiés como el alucinado Plan MEVA. Hablan de explotar más a un Nazas que no aguantaría una megaplanta potabilizadora. Peor, al mismo tiempo, nadie sabe cuanta agua se saca del subsuelo, cuantos pozos -legales o ilegales- existen o como evoluciona el grave problema del arsénico. Mientras esta tragicomedia se desenvuelve ante nuestros atónitos ojos, el problema avanza y se agrava.

El del agua es un problema cuyo conocimiento, diagnóstico y solución data de la década de los cuarenta del siglo pasado, pero que en un irresponsable y dilatado juego de la gallina ciega, sigue sin ponérsele remedio. La solución inútil de moda es la eficiencia del riego. Los lecheros claman por un regalo de miles de millones de pesos para eficientar el uso del agua, ahorrar y así solucionar el problema. Salvo lo de los miles de millones de pesos, no sabemos nada. Nadie ha ofrecido cifras del hipotético ahorro de estas medidas. Peor aún, en gran parte de su superficie agrícola, la Comarca Lagunera ya es ejemplo de riego eficiente sin que esto haya aminorado l siquiera a tasa con que el agua se agota. Cuando se ha eficientado el riego, viene detrás el aumento de las superficies irrigadas. Si un agricultor puede cultivar lo mismo con la mitad del agua, pues entonces inevitablemente duplicará la superficie.

Cero ahorro, doble ganancia. Eso ha sucedido ya y eso volverá a suceder. A final de cuentas ¿No es la historia de la agricultura en La Laguna una historia de hacer eficiente el uso del agua? La eficiencia implica restricciones, y el ahorro, sacrificio. Dos conceptos incompatibles con la avaricia.

El resultado de esta historia es una sociedad destrozada ejemplificada por el poblado rural de Palo Blanco, en Gómez Palacio. Ahí, una comunidad empobrecida y azotada por el crimen, sin trabajo ni ingreso, está paradójicamente rodeada de inmensos campos de verdes forrajes propiedad de una sola persona. Un multimillonario local, no un extraterrestre. No es ET pero se le parece.

El sustrato de esta miseria es el acaparamiento del agua y, a través de él, de la tierra. El acaparamiento del capital natural en unas pocas manos que no se tientan el corazón para agotarlo, para cambiar el agua por dinero sin importarles el destino ineludible de los pueblos mineros. El agua, explotada a un ritmo muchísimo más alto que el de su recuperación, es aquí la veta, la mina, la que impulsa la explotación frenética de estos mineros de nuevo cuño. El desarreglo social que afloró agudamente en La Laguna hace seis años es la consecuencia natural del desarreglo económico y ambiental que proviene de décadas atrás.

Los políticos se llenan la boca con frases como “el uso sustentable del agua” sin que den indicios de entender de qué están hablando. Este choteo dialéctico desgasta los conceptos y vacía de significado a las palabras. Por ello vale la pena repasar. La sustentabilidad -el desarrollo sustentable- puede resumirse en una frase: “tener lo suficiente, siempre, todos”. La sustentabilidad en La Laguna está lejana y, por ello, el futuro de nuestra comunidad está en entredicho. Aquí hay empresarios con cientos de pozos que extraen cientos de millones de metros cúbicos de agua al año. Pozos que no paran, día y noche, mientras los habitantes de las colonias populares de la zona metropolitana viven en el estrés permanente del tandeo y el riesgo constante del cáncer y otras enfermedades crónicas como la diabetes y las comunidades rurales dependen de las pipas que manda el gobierno para saciar su sed.

Antes de los humanos había en La Laguna ríos, humedales, bosques, pájaros. Se desarrollaban los complicados procesos interrelacionados que llevan a un ecosistema al equilibrio. La apropiación descuidada de esa riqueza, de ese capital natural, nos llevó al deterioro, es decir, al callejón sin salida que es la insustentabilidad. Para saber si hemos aprendido la lección, si de verdad estamos volviendo al camino correcto, tendremos que poner atención a las condiciones sociales y de bienestar de todas y de todos en La Laguna, en especial de quienes viven en comunidades como Palo Blanco. Pero también tendremos que volver la vista a nuestros ecosistemas deteriorados y aún perdidos.

La pregunta que tenemos que ha-cernos, todas y todos, si de verdad nos importa nuestra tierra y nuestra gente es ¿cómo logramos prosperar, florecer y ser felices a la vez que conservamos y restauramos los humedales que nos dieron identidad, rellenamos los acuíferos, restablecemos la salud de este entorno desecado y enfermo y volvemos a caminar de Rodeo a San Pedro de las Colonias, bajo la fresca sombra de álamos, sauces y ahuehuetes? Es una tarea grande, una visión magnífica. Es una lucha que bien vale que emprendamos ya. Todos y todas

http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9186722

 

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