El problema de la gestión del agua dulce en el mundo

El problema de la gestión del agua dulce en el mundo

09-mar-2011 María Jesús Orellana Díaz

El agua potable es un bien escaso. – U.S. Navy photo.

Una de cada cinco personas no tiene agua potable. Un mejor abastecimiento evitaría muchas muertes y enfermedades causadas por beber en fuentes contaminadas.

 

El 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. Esta jornada pretende llamar la atención de la comunidad internacional sobre la cuestión del suministro de agua dulce. Mientras los recursos hídricos se ven afectados por los cambios del clima, los desastres naturales y la imprudencia del hombre la población mundial va en aumento y el reparto del agua es cada vez más desigual.

El despilfarro de recursos naturales

El 70% del agua destinada al consumo humano se emplea para el riego de cultivos pero más de la mitad de ese porcentaje se pierde por culpa de sistemas y mecanismos ineficientes.

Además, el mal uso del agua en la agricultura no sólo constituye un derroche innecesario sino que también supone un peligro para la salud pública. En el caso de Asia meridional esta costumbre de dilapidar los recursos naturales ha provocado que algunas tierras se inunden favoreciendo así el contagio de la malaria.

El líquido elemento se ha convertido en parte esencial de los proyectos de desarrollo y la demanda sigue subiendo. No obstante, el agua dulce es un bien escaso y diversos territorios sufren un déficit hídrico. África y Asia son los continentes más afectados.

Se han buscado múltiples soluciones a este problema llegando incluso a la explotación las fuentes del subsuelo. Sin embargo, esta práctica ha tenido consecuencias negativas sobre el medio ambiente. La capa freática de muchos países se está reduciendo de forma alarmante y algunos ríos, como el Amarillo en China por ejemplo, se secan antes desembocar en el mar.

Consecuencias de la contaminación

Alrededor de un millón y medio de niños fallecen cada año en los países en vías de desarrollo a causa de enfermedades motivadas por la falta de agua potable. En el mundo hay 2.600 millones de personas que no tienen acceso a un sistema de saneamiento que evitaría muchas muertes e infecciones.

Según datos de la ONU en el año 2025 la demanda de agua dulce será un 56% mayor que el total del suministro almacenado. Mientras tanto, los desechos de la industria, la agricultura y la ganadería se vierten en las reservas disponibles.

Por otro lado, el tratamiento negligente de la basura doméstica contribuye a agravar la crisis que atraviesa el medio ambiente. El reciclaje es fundamental ya que una simple pila puede envenenar unos 600.000 litros de agua destinados al consumo humano.

Otros factores como la deforestación y las variaciones en el clima motivadas por la elevada contaminación y el calentamiento global ocasionan largas sequías que suponen una drástica bajada del nivel de las aguas.

El acceso al agua potable

Durante muchos años se consideró que los avances tecnológicos permitirían aprovechar de manera más racional los recursos naturales. Siguiendo esta lógica, se pensó que implantando la maquinaria acertada se acabarían las desigualdades en el suministro de agua.

Sin embargo, estas políticas fracasaron estrepitosamente porque no se tuvo en cuenta el contexto sociocultural, económico y ambiental de las regiones no industrializadas. Aún hoy en día casi un tercio de la población del África subsahariana no cuenta con fuentes de agua limpia.

En 2010 se estimó que la mitad de las personas que consiguieron tener agua potable se encontraban en China e India. Sin embargo, los avances logrados hasta el momento se han visto seriamente afectados por agentes ambientales.

En primer lugar, este año las lluvias han sido insuficientes para cubrir las necesidades del gigante asiático y algo más de tres millones de chinos sufren los rigores de la sequedad del clima.

Por otra parte, el caudal del Ganges depende en gran medida de China y Nepal por lo que la India se halla en zona roja en lo que a sus reservas de agua se refiere. Además, este río sagrado presenta altos niveles de contaminación por arsénico lo que hace que sus aguas sean dañinas para la salud humana.

Llevar a cabo un reparto justo de las reservas de agua potable es más apremiante que nunca. Todavía queda mucho por hacer pues las disputas políticas están a la orden del día y se precisan grandes inversiones para mejorar las condiciones sanitarias de las infraestructuras hidráulicas. La acción conjunta de la sociedad internacional es la clave para terminar con este conflicto.

Copyright del artículo: María Jesús Orellana Díaz. Contacta con el autor de este artículo para obtener su permiso y autorización expresa para poder usar o publicar su contenido de forma total o parcial.

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