El tratamiento del agua o lidiando con súper-bacterias

El tratamiento del agua o lidiando con súper-bacterias

Ricardo Femat | Opinión

2011-09-17 | Hora de creación: 22:03:40| Ultima modificación: 22:03:40

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La temporada lluvias está encima luego de varios meses de intenso calor y sequía; estiaje que inclusive en varios estados de país se está prolongando. Este año, como en algunos pasados, las lluvias se atrasaron pero se espera caiga agua a raudales en varias zonas del país. En contraste a la sequía, ciudades enteras colapsan por inundaciones. Así, ya mucha, ya poca, el agua fresca de lluvia trae vida y genera riqueza; pero causa complicaciones económicas y sociales innegables ante la evidencia que los medios nos muestran más allá del seco desierto en el norte o las inundadas zonas de sur mexicano y la megalópolis capitalina.

Esta evidencia hace reflexionar sobre cambio climático pero también sobre la infraestructura urbana y rural relativa al agua; tanto como tratamiento de agua municipal e industrial como temas como su acumulación y transporte.

Respecto de los dos primeros temas se han hecho grandes disertaciones; ni qué decir sobre la oportunidad que brindan desastres y pérdidas en bienes y vidas. No se debe soslayar. Pero por ahora llamaré la atención al hecho de tratar aguas residuales y municipales motivado por el alto costo de transporte y el apoyo a la ciencia y tecnología del tratamiento de aguas municipales y residuales.  

COSTOS. Permítame el lector abundar un poco sobre el transporte del agua; tratando un caso que cuesta a millones de mexicanos: El sistema Cutzamala. Además de altos costos en las necesarias reparaciones y mantenimiento, se requiere mucho trabajo para elevar el agua a más de 1,1000 metros y un complicado sistema que incluye estaciones de bombeo, tanque de almacenamiento, presas y hasta túneles. En contraste, si bien hay algunos procesos en la ciudad, mucho falta por decir; historia reiterada en el país entero.

Una alternativa clara, inclusive complementaria, al transporte de agua es el tratamiento. Aunque existen diversos esquemas de clasificación, los sistemas de tratamiento de agua pueden agruparse en por las características del tratamiento en: fisicoquímicos y bioprocesos. Estos últimos ofrecen alternativas viables para tratamiento de diversas sustancias en aguas, materia orgánica o metales, y pueden tratar grandes masas de agua, como las llamadas aguas municipales tratadas por lagunas o tanques con aireación. Las aguas industriales también son susceptibles de bio-tratamiento, como el caso de la industrial del tequila o la de lácteos, donde cantidades muy significativas de materia orgánica resultan como desecho.

Así, su versatilidad y cada vez mayor eficiencia, tanto cómo una sorprendente capacidad para tratar aguas contaminadas, hacen de los bioprocesos una alternativa muy viable ya que, de paso, son capaces de generar los llamados biogás y biodiesel. Parece cuento de hadas. Pero, como suele suceder en la realidad, las cosas no son tan simples.

Las cualidades mencionadas arriba hacen del tratamiento de agua por bioprocesos algo muy atractivo y espectacular; pero son a su vez los riesgos de este esquema tratamiento, dicotomía que debe ser estudiada detalladamente por ciencia en varias disciplinas. Los retos a vencer son tratar la cantidad de agua en lluvias muy intensas y disminuir la cada vez más exigente cantidad, calidad y fluctuación de contaminantes. El primero de estos retos se orienta a infraestructura, tarea difícil. El segundo se orienta aun a preguntas científicas básicas y desarrollo tecnológico tanto como a la infraestructura misma; tarea más difícil.

Aguas residuales que impongan condiciones extremas en su tratamiento por bioprocesos, por ejemplo altas concentraciones de contaminantes o agentes agresivos a la vida, traerán como consecuencia que las especies en el consorcio de micro-organismos dentro del bioproceso se adecuen a condiciones adversas, fortaleciéndolas. Es decir, las especies más fuertes sobrevivirán y se adaptarán a condiciones hostiles. Cuando el bioproceso contenga bacterias con potencial patógeno y éstas se adapten a condiciones hostiles inducidas por los contaminantes en el agua a tratar, entonces esas serían como súper-bacterias que prosperan en el bioproceso.

Luego, en caso de ser arrastradas por flujo de agua tratada se incorporan a un medio menos hostil, como al ambiente natural en mantos o ríos, cuerpos de agua de uso humano, pero con una actividad más agresiva consecuencia de su adaptación. Imagine el lector un entorno con bacterias fortalecidas por nuestro afán de tratar aguas altamente contaminadas; posibles padecimientos ausentes podrían resurgir o nuevos brotar.

Pero hay opciones, continuar con el trabajo de investigación de carácter multidisciplinario. Tomar decisiones en la dirección de fortalecer el aparato científico mexicano es la alternativa. Sin una estructura científica sólida, fortalecida constantemente por interés público y privado, por ambos, el bio-tratamiento de aguas residuales podría darnos un revés a la remediación de nuestro vital líquido.

Universidades públicas y centros de investigación mexicanos investigan y desarrollan tecnología. Políticas públicas que fortalezcan esta área de conocimiento, cuya esencia en multidisciplinaria por excelencia, permitirá usar eficientemente el tratamiento de agua sin imponer riesgos de producir super-bacterias que propicien brotes infecciosos inesperados. Desde aquí un llamado a aprovechar el conocimiento de los científicos mexicanos en el manejo de agua.

 Investigador de la División de Matemáticas Aplicadas, IPICyT, y Miembro de la Red Temática de Modelación Matemática y Compuitacional rfemat@ipicyt.edu.mx

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