Estatus del agua – Danielle Mitterrand (Francia)*

 Estatus del agua – Danielle Mitterrand (Francia)*

Este artículo fue publicaco en el libro "El Derecho Humano al Agua y el Saneamiento: Triunfo y desafío para los pueblos del mundo", compilado por Elizabeth Peredo. Esta publicación reúne información y contribuciones de escritores y reconocidos activistas del mundo sobre la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho Humano al Agua y el Saneamiento. Ver libro aquí

Cuando amigos de la Fundación Solón y de la defensa del agua me pidieron participar en la redacción de este libro, vacilé largo tiempo entre el deseo de escribir un texto sobre la fascinación que provocan en mí la diversidad, la universalidad y la libertad del agua – de cierta manera la metáfora de la humanidad tal como la soñamos – y el deseo de optar por un estilo más militante para una vez más denunciar la avidez y el descaro de todos aquellos que organizan en todo el mundo el saqueo sistemático de los bienes comunes de la humanidad.

Al final, esta vacilación encontró su expresión en una idea sencilla que quisiera ser un mensaje didáctico y que voy a presentar aquí por primera vez: la confrontación del «estatus natural del agua» y de su «estatus económico». Mi profundo deseo es ver fusionar ambos estatus en una sola definición societal que prohibiría cualquier apropiación y mercantilización del agua, y fijaría las regulaciones para una gestión pública justa y rigurosa.

El estatus natural del agua

El agua es la base común de todas las formas de vida en la tierra y, probablemente, en el universo. La vida es hija del agua…ya sea la vida de las bacterias, de las plantas, de los animales y de los humanos. Desde los orígenes, fue y sigue el lugar único de encuentro de los elementos constitutivos de la vida, los ácidos aminados, los ADN, los minerales…Sin agua, nunca se hubiera dado el improbable encuentro de esos diferentes elementos.

El agua es simultáneamente requisito previo y componente esencial de la vida. La vida sin embargo no consume el agua…Aunque participe a una multitud de combinaciones químicas, el agua no se destruye, o muy poco. Eternamente se recicla, siempre lista para entrar en una nueva noria: macro noria del mar, de la evaporación y de las nubes; micro

noria de los intercambios celulares y noria inter-humana, noria del agua «usada» que la naturaleza regenera para un nuevo consumo.

Donde hay vida, hay agua; donde hay agua, hay vida…

¿Cómo no considerar con infinito respeto este "cristal líquido" que tiene la propiedad, bajo sus múltiples apariencias, de transportar la energía del cielo en sus poderosos cúmulos, arrastrar sedimentos en sus ríos, hacer llegar los alimentos hasta la más pequeña célula vegetal o animal.

El estatus económico del agua

Este es el motivo porque, hace 20 años, decidí dedicar los esfuerzos y los recursos de mi Fundación a la promoción del estatus societal del agua, sin el cual resulta en vano defender los derechos humanos y luchar por la dignidad y la responsabilidad ciudadana.

En teoría, el asunto no es para nada complicado: sólo se requiere, en vez de oponer los dos estatus, natural y económico, reunirlos en uno solo. Con este fin, se debe integrar en el estatus económico del agua las tres obligaciones siguientes:

El agua no es una mercancía, se trata de una riqueza colectiva e imprescriptible de la humanidad.

Después de usarla, se debe devolver el agua a la naturaleza en su mismo estado de pureza inicial.

La colectividad pública debe asegurar el justo reparto de esta riqueza sin beneficio y sin perjuicio de las necesidades de la naturaleza misma, tanto en el futuro como en el presente.

La creación del estatus societal del agua tiene tres consecuencias políticas:

La primera se refiere a la gobernanza mundial del agua. El agua, libre y universal, no conoce fronteras y no puede una Nación proclamarse propietaria del agua presente en su territorio, ya se trate de agua de lluvia, de agua de manantial, o de agua de río. A esta universalidad del agua debería corresponder la universalidad de su gestión, lo que significa acabar con todos los particularismos locales, jurídicos, económicos, políticos…factores potenciales de negligencia, corrupción y depredación. Tal gobernanza debe ser democrática y además protegida institucionalmente de cualquier tentativa de instrumentalización por el capital.

La segunda obligación se refiere a la distribución del agua y por ende a la construcción y al mantenimiento de las redes. Nada naturalmente se opone a la decisión de entregar esa clase de obras a empresas que tienen los conocimientos y las herramientas requeridas. Pero por otro lado no conviene encargar la gestión de la distribución del agua a una empresa privada cuyo objetivo principal es la generación de ganancias cada año mayores, cobrando varios servicios fuera de control, descuidando el mantenimiento y priorizando los servicios a las poblaciones solventes: el agua es para todos…aquellos que pueden pagar! Una cosa es realizar un beneficio legítimo sobre obras de infraestructura y otra cosa es realizar un beneficio por la satisfacción de una necesidad vital. Las inversiones requeridas para que todos, y particularmente los más pobres, tengan acceso al agua sólo las pueden hacer por tanto las autoridades públicas. Los costos de funcionamiento de una red, y el aporte de cada uno a su funcionamiento y mantenimiento, deben estar fijados con la participación y bajo el control democrático de la población.

Por fin, la distribución imparcial de un bien común de la humanidad implica a todos los niveles de la organización social una profunda convicción democrática. Saber compartir el agua significa reconocer a cada persona el mismo derecho sea cual sea su ingreso y su posición social.

Claro que este aspecto es primordial en los países pobres cuyas poblaciones podrían darnos lecciones de gestión democrática de las redes de distribución. Nuestro propio país que tiene la igualdad inscrita dentro de sus principios presenta una diversidad increíble en cuanto a los precios del servicio de agua así como grandes diferencias respecto de su calidad.

Como consecuencia hace mucho tiempo que planteo – y poco a poco se va escuchando mi voz- que se debe instaurar la regla de la gestión municipal del agua y que el servicio para los cuarenta primero litros de agua consumidos cada día por cada persona debe ser gratuito.

Obviamente la implementación de las redes de distribución deber ser sistemáticamente acompañada de dispositivos de tratamiento de los afluentes, incluso en lo que va del agua usada los sectores agrícola e industrial. Tal obligación debe someterse a las mismas regulaciones sobre financiamientos y gestión pública.

Militar a favor de la gestión pública del agua

Sin embargo el viento está cambiando. Las desilusiones se manifiestan por todas partes en Francia. Respecto de los precios, desde luego, pero también respecto de la calidad del agua, del mantenimiento desastroso de las redes, de las frecuentes fugas que hay que pagar. Cayendo en cuenta que firmaron un contrato desventajoso, las administraciones locales vuelven, tan pronto como pueden, a la gestión municipal del agua con gran satisfacción de sus vecinos.

Si, al principio de nuestra campaña, podíamos contar con los dedos de una mano el número de municipios buscando recuperar su dominio sobre la gestión del agua, ahora asistimos a una multiplicación de los esfuerzos parar volver a su gestión pública.

Vale lo mismo a nivel mundial ya que esas mismas empresas desconocen las fronteras. Como en Francia, experimentan fracasos amargos fuera de su país, particularmente en América Latina, al tratar de convertir el agua en una mercancía común y corriente. La «guerra del agua de Cochabamba» en Bolivia se volvió el símbolo de una toma de conciencia del pueblo que, desde diez años, se extendió en el continente suramericano bajo forma de una nueva reivindicación la libre disponibilidad de los recursos naturales.

¿Regreso a la sensatez?

Hace 10 años, cuando empecé a dar la voz de alarma, todavía estaba muy sola … y resultaba difícil llenar una sala sobre esta temática. Diez años, para despertar las conciencias y provocar una reflexión sobre el estatus del agua en el mundo, es un largo tiempo; pero regularmente podía reforzar mi convicción en los Foros Sociales que tanto me aportaron. También pudimos armar un grupo de militantes de antecedentes muy diversos pero de motivación igual. Juntos redactamos una declaración que dio origen a la carta de los cargadores de agua.

Estoy segura de que, al igual que este grupo, todos los movimientos que militan a favor de un mundo liberado del dominio del dinero establecen, a veces sin saberlo, convergencias, nuevos vínculos, complicidades intelectuales, intercambios de conocimientos y de prácticas sociales que apuntan hacia un destino diferente. Militar a favor de la gestión pública del agua en su barrio, su comunidad, departamento o su país, en cualquier punto del mundo, resulta una acción política y concreta imprescindible, pero también y sobre todo un ejercicio cotidiano de reflexión sobre el futuro del planeta y sobre la imprescindible gestión de los bienes comunes de la humanidad.

Transmitan el mensaje…

Una historieta típicamente francesa:

Al emprender Napoléon III vastas obras de urbanización en Paris, se movilizaron importantes inversiones con el fin de crear nuevas redes de distribución de agua bajo presión que permitan llegar a los pisos cada vez más altos de los edificios. De alguna manera había que reemplazar los antiguos cargadores de agua, esos jóvenes que provenían de las provincias del centro de Francia "Aveyron» o «Corrèze» para entregar a domicilio los baldes de agua, fría o caliente, que necesitaban las bellas damas del rico barrio de la calle Rivoli para tomar un baño. Así empezó a correr el agua corriente sin ellos y a trepar los pisos como por milagro.Esta nueva tecnología, con el fuerte respaldo de los bancos, resultó una fuente de enriquecimiento considerable.

Al llegar los socialistas al poder en el 1981, el Presidente François Mitterrand estaba determinado a implementar un dispositivo de protección frente a los excesos previsibles del liberalismo. Ese dispositivo incluía en gran medida las nacionalizaciones. Con la crisis del 83, la hostilidad de los partenarios europeos, las tensiones este/oeste y finalmente la caída del muro de Berlín, el dispositivo no supo resistir. El espíritu liberal,por un tiempo contenido y enmarcado en una social-democracia debilitada y sin ideal, logró infiltrarse por doquier, llegando incluso en medio de la izquierda. Los servicios públicos pagaron caro este fuerte regreso del reino del dinero. Entonces armaron los grandes inversionistas una vasta

ofensiva hacia las administraciones territoriales con el objetivo particularmente de abrir el mercado del agua, del saneamiento y de los transportes. Respecto del agua, la situación ya estaba bastante avanzada.

Sólo faltaba convencer a la gente indecisa: ¡qué suerte poder subcontratar este servicio técnico complejo, y más aún poder trabajar con grandes compañías tan competentes! Consecuencia: hoy en día en Francia, el 75% del agua está gestionado por tres compañías privadas.

Qué mejor ejemplo para los territorios lejanos donde la pobreza se combina con la miseria. ¿Cómo resistir la presión de los financiadores internacionales, siempre occidentales, siempre cada vez más caros, siempre ignorantes de las verdaderas necesidades de la población? Hecho extraño: todos aceptan esta posición dominante que hasta les permite ocupar la presidencia del Consejo mundial del agua. ¿Acaso ya se admitió definitivamente que el agua es un negocio como cualquier otro?

En este fin de verano del 2010, quisiera expresar mi satisfacción al ver a una mayoría de los países miembros de la ONU a comprometerse y reconocer el agua como un bien común de la humanidad, y a considerar el acceso al agua para todos como un derecho humano. Es un avance considerable en el camino de la re-consideración de las riquezas.

* Danielle Mitterrand (Francia, 1924 – 2011). Fue Presidenta de la fundación humanitaria France Libertés – Fondation Danielle Mitterrand. Durante la Segunda Guerra Mundial fue agente de la Resistencia y fue entonces cuando conoció a François Mitterrand, con el que tuvo tres hijos, Pascal, muerto tempranamente, Jean-Christophe y Gilbert. Después de la elección presidencial de su marido en 1981, Danielle asume las funciones de primera Dama dedicándose principalmente a la ayuda para el Tercer Mundo. En 1986 crea la fundación France Libertés – Fondation Danielle Mitterrand, destinada a socorrer a los hombres y mujeres desamparados y oprimidos, emprendiendo acciones de sensibilización y financiación. Se pronunció a favor del pueblo Saharaui, del subcomandante Marcos, de los tibetanos, de los kurdos, de los pueblos indígenas de América Latina.

http://www.funsolon.org/index.php?option=com_content&view=article&id=319:estatus-del-agua&catid=19:agua&Itemid=42

 

 

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