Falta de agua

 


Perla Velasco

La carencia de agua potable en los asentamientos urbanos es uno de los más grandes problemas a los que nos enfrentamos actualmente, no sólo a nivel municipal o social, sino en términos generales, como humanidad.

Los primeros tandeos que recuerdo que se comenzaron a hacer en las colonias tuvieron lugar hace unos 20 años. Entonces ya se hablaba de racionalizar el agua y comenzaba a fomentarse, sobre todo entre los niños, una serie de acciones o comportamientos en torno a este recurso natural.

Entonces nosotros, por fortuna, no sufríamos por ausencia de agua, pues la casa aquella en la que vivía tenía (tiene) un enorme aljibe en el que se acumulaba.

Mientras fui creciendo y conociendo otros lugares comencé a darme cuenta de que no todas las personas eran tan afortunadas como yo y mi familia.

Por ejemplo, aquellas colonias que, a pesar de ser regulares, no contaban con el servicio de distribución de agua potable todos los días de la semana o que, debido a la edificación en sí misma, no tenían aljibes o incluso sus tinacos no eran lo suficientemente grandes para guardar agua por un par de días para cubrir las necesidades de cuatro personas, por decir una cantidad.

A ellas se suman los asentamientos irregulares a los que personas llegan a vivir, a construir una casa sin los permisos correspondientes, en los que el ayuntamiento, el que sea, no puede garantizar los servicios básicos, entre ellos el de agua potable, por la simple y sencilla razón de que, en teoría, esas zonas no deberían estar habitadas por personas (y porque muchas veces técnica y financieramente no es posible hacerlo).

Pero, en contraste, están los fraccionamientos, polígonos o colonias en los que, debido a que son consideradas como de nivel medio hacia arriba, el agua pareciera nunca faltar. Y, con ello, devienen no pocos ejemplos de excesos que cometen las personas que viven en esos espacios. Desde barrer la calle con agua directamente de la manguera a hacer lo mismo con el vehículo en turno.

El punto no es sólo que las medidas como el tandeo tendrían que ser parejas para todos, equitativas (que no iguales). Es decir, ¿por qué no cerrar más la llave de la distribución en aquellas zonas en las que hay conocimiento de que las casas tienen aljibes o albercas o que se conozca que el desperdicio de agua es mayor y abrírsela más a quienes no tienen espacios de almacenaje?

No sé, tal vez así comencemos a valorar más este recurso.

Y a ser equitativos.

perlavelasco@gmail.com

http://ntrzacatecas.com/2013/10/03/falta-de-agua/03/10/13 

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