Gloria Tobón, la guerrillera del agua de Saltillo

Se llama Gloria Tobón y es la ciudadana más incómoda para Agsal.

Por:   Jesús Peña Sánchez

lunes, 29 de septiembre del 2014

Saltillo, Coahuila. Viernes por la mañana, como a las 11:00 y la activista Gloria Tobón Echeverri, colombiana ella, de Medellín, me recibe en la puerta de su casa, de la colonia Lomas de Lourdes, con una mala noticia: “no tiene agua”.

Ni me imagino las que ella y su esposo Rodolfo han pasado para conseguir, siquiera, una gota y medio asearse o medio lavar los platos del desayuno, antes de empezar con sus actividades diarias, me platica.

Y a mí me parece una broma de mal gusto, un contrasentido, el colmo de los colmos, que en casa de la presidente de la Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo (AUAS), no haya precisamente eso: agua.

Pero eso no es todo. La última de Agsal, la paramunicipal Aguas de Saltillo, que desde hace 13 años tomó el control del sistema de agua de la ciudad, me cuenta Tobón, – y está enojada eh -, es que no conforme con subir el cobro de las tarifas, la reconexión, los medidores y demás servicios, Agsal, la filial de la francesa – española, Aguas de Barcelona, ha incrementado también la presión con que manda el agua a los domicilios, (de 40 libras, que es lo normal, a 180 libras, según el manómetros que Rodolfo, su esposo, instaló en la casa), lo cual es una irregularidad.

Y esto, aparte de elevar las facturas, ha provocado que la tubería de su casa, y la de muchos de sus vecinos de la colonia, haya colapsado en varias ocasiones.

Lo que sigue a nuestra conversación, fuera de entrevista, es un rosario de quejas de la señora Tobón contra Agsal, en el que las palabras “corrupción”, “impunidad” y “violación al derecho humano al agua”, son de uso corriente.

Fuera de entrevista, porque a la señora Tobón, doctora en físico – química, – especializada en todo lo que tiene que ver con desalación, tratamiento y aprovechamiento del agua -, por el Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, uno de los centros de investigación más importantes del mundo, dice tajante no le gusta exhibirse.

Su esposo Rodolfo, agrónomo, ambientalista y graduado en fisiología vegetal, también en Israel, dice que la señora Tobón es más bien seria, pero que no le toquen el tema del agua porque entonces sí, no la para nadie de hablar.

La señora Tobón es alta, espigada, de tez blanca y tiene ojeras, siempre ha tenido ojeras, desde que Rodolfo, su marido, la conoció cuando ambos estudiaban becados en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, hace más de 40 años.

Algunas fotografías, puestas en los libreros de la biblioteca de su casa, muestran a una señora Tobón realmente esbelta, de amplia sonrisa y cabello negro, lacio y largo hasta los hombros. El retrato de una bonita muchacha colombiana, con facciones árabes.

Y esta mañana, que charlamos en el comedor de su casa, un jardín viviente, plantas por aquí y por allá, la señora Tobón no tiene agua.

Dice que es la costumbre en esta colonia del suroriente de Saltillo, enclavada en las faldas de la Sierra Zapalinamé, a donde el agua sube con dificultad y las tuberías suelen llenarse fácilmente de sarro, hasta que los trabajadores de Agsal, que presume de ser una empresa de clase mundial, vienen y las destapan con métodos primitivos.

“Meten una como manguera y van empujando”, dice la señora Tobón y me da a entender que en lugar de hacerle este perfil, deberíamos publicar un reportaje sobre las recientes irregularidades que viene cometiendo Aguas de Saltillo, en contra de los ciudadanos.

Ella tiene la información, los documentos, sólo le tomaría unos días para organizarla.

Le respondo que sí, que está bien, que yo le llamo, pero que, por lo pronto, es menester me cuente su historia, la historia de la activista incómoda para Agsal y las autoridades locales en el tema del derecho humano al agua.

Tobón hace como que no me oye y vira nuevamente al tema de la escasez de agua en su casa.

Dice que muy temprano ella misma telefoneó a Agsal para reportar la falla. Le prometieron que inmediatamente iría una cuadrilla de trabajadores para arreglarla.

Rodolfo, su esposo, me pide entonces que salgamos a dar una vuelta por la colonia, a ver si encontramos a la cuadrilla.

Salimos, pero por ningún lado hemos visto a los brigadistas de Agsal y regresamos a la casa.

En la mesa he dejado pendiente un vaso con zumo de mango y Rodolfo, el agrónomo y ambientalista marido de la señora Tobón, parte de su almuerzo. Ya son más de las 11:00.

Mientras nos instalamos en el inmenso jardín con palapas de su casa, para charlar sobre la señora Tobón, él ha accedido a hablar de ella, Rodolfo me platica que aquí la familia es muy nocturna, y por lo mismo estila almorzar y comer tarde.

Quizás esta sea la causa, piensa, de que Rogerio Cohen, uno de los hombres, español él, que han pasado por la gerencia de Aguas de Saltillo, los haya llamado a él y a la señora Tobón “parásitos de la sociedad” y urdido en torno a ellos toda una leyenda negra:

El ataque ocurrió durante una conferencia de prensa, a la que, por supuesto, Gloria y Rodolfo no fueron convidados, sino que un amigo de ellos, que trabaja en un periódico, les filtró la grabación.

“Nos dijo que éramos unos parásitos, que nos levantábamos a las 11:00 de la mañana, que no hacíamos nada, en fin… Durante 45 minutos estuvo despotricando en contra de nosotros: que no éramos nadie, que éramos unos inútiles, que nada más estábamos para ver a quién molestábamos, que, posiblemente, lo que queríamos era que nos dieran dinero, pero que él nunca iba a aceptar eso”.

“¿Y es cierto eso?”, lo interrumpo, Rodolfo jura que no, que a ellos esta luchas les ha costado mucho dinero de su bolsa, tiempo, esfuerzo y coraje, “nosotros ya quisiéramos que esto se terminara”, suelta.

Por más de una semana estuve buscando a Alejandro Osuna, el actual gerente de Agsal, para que me diera sus impresiones sobre la señora Tobón, y su Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo. Aun espero cita para entrevista.

Gloria y Rodolfo, según Cohen, habían recibido 10 millones de dólares procedentes de organismos internacionales, para apoyar causas sociales, pero en lugar de eso lo habían dilapidado en paseos.

“Que utilizábamos todo ese dinero para nuestro beneficio y para atacarlos a ellos. Que no entendía por qué, que ellos eran una empresa limpia y pura, casi para canonizarlos”.

Un día antes la Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo (AUAS), había denunciado a la prensa la entrega ilegal de un estímulo millonaria de Agsal a su filial Interagbar de México, por el presunto buen manejo del sistema. Cohen se molestó.

“Me dijeron los reporteros que estaba el gerente… que por poco le da un infarto del coraje…”, recuerda Rodolfo.

La pareja de activistas interpuso entonces una queja por daño moral en contra del gerente de Aguas de Saltillo, ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado.

La Comisión resolvió al respecto que el directivo Rogerio Cohen había incurrido en violaciones y afectado el prestigio de los representantes de AUAS.

La resolución fue turnada a la oficina de Jorge Torres López, a la sazón alcalde de Saltillo, para que actuara en consecuencia, pero éste “pilateó”:

““Dijo ‘no pero, yo no tengo nada que ver, si yo no soy el jefe del gerente de Aguas’. Se lavó las manos: ‘yo no tengo nada que ver con Aguas de Saltillo’. Imagínate al alcalde diciendo eso, al alcalde, que representa a los saltillenses. Le dijimos, ‘¿entonces a quién le rinde cuentas?, dice ‘pos al Consejo de Administración’”.

Fui con Eglantina Canales, la secretaria del Medio Ambiente de Coahuila y miembro del Consejo de Administración de Agsal, para que me hablara en torno a la reputación de la doctora Gloria Tobón Echeverri y esto me dijo:

“Yo la respeto porque es una persona que expone sus ideas, una persona con gran capacidad profesional, una mujer bondadosa, inteligente y pudiera ser que en algunas cosas no estuviéramos de acuerdo y que en algunas ocasiones hayamos tenido una discusión normal como las que se tienen en los ámbitos de trabajo.   Es una persona a la que hay que ver con una dimensión de lo que significa la participación social, el dar sus puntos de vista, que pudieran o no ser coincidentes con los de otros, pero que en ello se manifiesta el derecho que todos tenemos a opinar”.

Ésta sería sólo una de las tantas luchas sociales, por el derecho humano al agua, que la señora Tobón, y su Asociación Usuarios del Agua de Saltillo, librarían en contra de Agsal y las autoridades municipales en turno.

“Es mi hermana de profesión. Una mujer luchadora, que siempre ha estado exigiendo a Agsal que cumpla con los compromisos que se echó cuando le fue entregada el agua. Cuánto quisiera que hubiera personas como ella, que entregan gran parte de su vida, de su tiempo a la solución de la problemática tan difícil y tan seria que hay”, expresó Fausto Destenava Mejía, especialista en hidráulica, una mañana que lo visité en su domicilio para hablar de Gloria Tobón.

Su activismo había comenzado a finales de la década de los sesentas, cuando siendo becaria de la Universidad de Cornell, en Nueva York, se sumó al movimiento de lucha por los derechos civiles de los negros.

Allá, cuando en algunos pueblos de Texas la gente se encontraba con letreros, colgados de los establecimientos, que decían “no se admiten perros, negros ni mexicanos”.

Entonces Tobón era la muchacha bonita de las fotografías de su biblioteca, la de esbelto cuerpo, cabello negro, lacio, largo hasta los hombros y semblante árabe.

Había nacido en Medellín, Colombia a mediados del siglo XX.

Su padre, Darío Tobón, quien murió de cáncer cuando ella aun no cumplía los 10 años, había sido un reconocido galeno colombiano y un mecenas, que había simpatizado siempre con las causas sociales de los más pobres.

Su madre, Gloria Echeverri, una fotógrafa de estudio, recio carácter y personalidad avasalladora, cuya belleza era fácilmente equiparable a la de una Lola Flores o una Sarita Montiel, pero al estilo colombiano, alegre, salerosa.

De la infancia de Gloria Tobón Echeverri, la presidente de la Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo, se sabe poco, sólo que fue la mayor de tres hermanos: Darío y Carolina, quien falleciera a causa de leucemia cuando apenas contaba 19 años.

Entones la señora Tobón estudiaba ingeniería civil en la Facultad de Minas de la Universidad Nacional en Medellín, en una época en que escasas mujeres asistían a la Universidad y menos se animaban a estudiar una ingeniería.

Sus compañeros de generación, radicados en Medellín la recuerdan como una genio, la inteligencia personificada, una mujer querida y respetada por todos, que gustaba de ayudar a sus amigos con las tareas y trabajos escolares.

Tiempo después la muchacha se vio recorriendo las aulas y edificios de la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, considerada una de las instituciones más importantes de Estados Unidos y del mundo.

Entonces Tobón era la brillante alumna de la maestría en física pura, que había logrado acceder a esta institución por medio de una beca de la Fundación Rockefeller.

Ahí tuvo la oportunidad de convivir con científicos de talla internacional, cerebros que habían escrito libros o inventado cosas.

“En física, gente que había sido propuesta para el Premio Nobel”, dice Rodolfo.

Fue durante una fiesta escolar que conoció al saltillense, estudiante del máster en fruticultura Rodolfo Garza Gutiérrez, delgado, crecida barba y melena como la de un león, con quien trabaría una estrecha amistad en los meses subsecuentes.

La atracción de Rodolfo hacia Gloria había sido inmediata.

Su nuevo amigo había quedado impresionado por la belleza física e intelectual de aquella muchacha, amable, cortés, educada.

“La conocí en una fiesta que dio un amigo boliviano, me dijo ‘tienes que ir, porque ahí vas a conocer a la mujer con la que te vas a casar’”, cuente Rodolfo.

Empezaron a salir. Eventualmente tomaban un helado, un refresco o un café en el pueblo de Ithaca, situado en las adyacencias de la Universidad, o en el campus mismo, que entonces ya era muy grande.

Por aquella época en Cornell, que estaba reconocida como una institución liberal, en la que no cabía la discriminación de rezas, asistían estudiantes de 97 países y se hablaba cualquier cantidad de lenguas.

Hasta que un día la comunidad de estudiantes afroamericanos se manifestó en el campus echando en cara la doble moral con que se conducía la Universidad, que por un lado se daba ínfulas de liberal y por el otro, menospreciaba a los alumnos de raza negra.

Gloria y Rodolfo, que habían quedado fascinados con las ideas de Martin Luther King, Malcolm X y Bobby Kennedy, a quien habían conocido en conferencias organizadas por la propia Universidad, se sumaron al movimiento.

“Había comedores donde se sentaban los negros de un lado y los blancos de orto. Y en la biblioteca, por lo general, eran reglas no escritas, no es que hubiera un letrero que dijera ‘negros acá y blancos allá’, pero (los blancos) les pedían (a los negros) muy cortésmente que se sentaran del otro lado…”, narra Rodolfo.

Eran los tiempos de las grandes luchas y manifestaciones en contra de la Guerra de Vietnam, y en defensa de los derechos civiles de los negros.

Las conversaciones de la pareja, cuando se reunía para tomar una nieve o un café, eran nada domésticas y giraban en torno a cuestiones un tanto cuanto filosóficas, existenciales: Dios, los valores humanos, la personalidad, la amistad, los problemas de Vietnam, los problemas de los derechos civiles.

“Estaban en Cornell los hermanos Berrigan, que eran unos sacerdotes, que tenían una lucha nacional en contra de la guerra de Vietnam y que motivaron a los jóvenes americanos a destruir sus credenciales de ciudadanos. Se hacían pilas de credenciales, los muchachos las aventaban y les echaban gasolina en señal de rebeldía”.

Entonces, la vida estudiantil de la Universidad era muy académica y de un elevado nivel intelectual.

“Siempre que había manifestaciones estábamos Gloria y yo presentes y apoyábamos, porque además como extranjeros no podíamos hacer más, escuchar a los que iban a dar conferencias…”, relata Rodolfo.

Aquella mañana que Rodolfo llegó a la Universidad se encontró con que uno de los edificios principales había sido tomado por los estudiantes negros.

Afuera se había formado un corro de miles de jóvenes. Rodolfo se unió a la protesta y ahí se topó con Gloria. Al rato estalló una manifestación en la que se alzaban pancartas con mensajes de apoyo a la integración racial y a la participación de los negros.

En medio de las proclamas el gobierno de la Universidad pidió a los manifestantes abandonar el edificio, argumentando que se trataba de un área neurálgica para el desarrollo de las actividades vitales de la institución.

Como una muestra de voluntad política y civilidad los estudiantes accedieron trasladar el plantón al gimnasio, otro grande inmueble de la Universidad.

“Salieron todos armados de ametralladoras, bazucas, machetes, arcos, flechas, lanzas, piedras y palos”, cuenta Rodolfo.

Lo que siguió fue un largo mitin, en el que participaron oradores de diversas corrientes ideológicas que exponían sus opiniones en pro y en contra de las demandas de los negros.

No hubo exabruptos y todo trascurría en un ambiente de gran respeto, cuando, a eso de las 7:00 de la tarde, llegó desde alguna parte la orden de que los estudiantes debían abandonar el edificio del gimnasio o, de lo contrario, serían desalojados con la fuerza del ejército. Los jóvenes no claudicaron.

Media hora más tarde, un contingente de militares se apostó al exterior del gimnasio con la amenaza de irrumpir en el mitin, si los muchachos seguían obstinados en mantener la ocupación.

Los estudiantes no cejaron, aun y cuando el peligro de que los soldados entraran por ellos y se produjera un choque brutal era inminente.

Por lo menos Gloria y Rodolfo estaban resueltos a no abandonar la causa de los negros.

Vinieron momentos de gran tensión y hasta hubo alguien que convocó a una oración colectiva por el futuro de los universitarios atrincherados en el gimnasio.

Una hora después una voz anunció la retirada del ejército, señal de que el movimiento antirracista iba por buen camino hacia el triunfo.

El gimnasio continuó tomado por los estudiantes durante toda la noche. A la mañana siguiente las autoridades de la Universidad se rindieron y aceptaron cumplir las demandas de la comunidad afroamericana. Concluía así el movimiento.

“Los negros pedían el respeto total y absoluto, igualdad, bajo todas las circunstancias; mismas oportunidades para becas, porque siempre estaban en desventaja; que se les permitiera dar clases, había estudiantes negros con una gran capacidad intelectual; y que no se subestimara a nadie por ser afroamericano”, enumera Rodolfo.

La vida en la Universidad retomó su curso normal.

Rodolfo, que había terminado sus estudios de maestría en Cornell, regresó a México, para incorporarse como profesor investigador en elColegio de Posgraduados de la Universidad Autónoma Chapingo.

Gloria, la bonita muchacha colombiana de facciones árabes, cerebral, paciente, analítica, reflexiva y poco afecta al baile, – cosa rara en una colombiana -, se había quedado en Nueva York, cumpliendo con las últimas asignaturas de su grado.

La distancia no enfrió las relaciones entre la pareja que, casi a diario, se comunicaba por teléfono durante una o dos horas.

Al poco tiempo, la tarde los descubrió a mitad de un puente colgante, Rodolfo entregándole a la muchacha un anillo de matrimonio. Era diciembre de 1972.

“La leyenda decía que si una pareja de novios pasaba por ahí se tenía que dar un beso, si no… el puente se caía”, narra Rodolfo, “¿y?”, quiero saber, “pos mira el puente no se cayó”, suelta riendo.

La boda ocurrió al cabo de algunos meses, en un recinto del la Universidad de Cornell que era utilizado por creyentes de distintas denominaciones, para la celebración de cultos religiosos.

Gloria se había confeccionado el traje de novia que lució en la cena, más bien sencilla, a la que asistieron unos 120 invitados, los estudiantes amigos de la pareja que provenían de Irán, Pakistán, Corea, Turquía, América Latina, África y otras partes del mundo.

“Fue una boda chiquita, muy bonita, porque nosotros, como estudiantes éramos pobres”, cuenta Rodolfo.

Más tarde, cuando Gloria hubo concluido su maestría, la pareja se trasladó a México.

Rodolfo volvió a su antiguo trabajo en el Colegio de Posgraduados de Chapingo y Gloria se incorporó a la especialidad de estadística, en la misma Universidad.

Mientras vivían en Chapingo, en una unidad habitacional asignada a los investigadores, nació su hijo Rodolfo.

Permanecieron en México alrededor de dos años, hasta que la familia decidió partir hacia Israel para continuar, con otra beca, sus estudios de doctorado.

Gloria cursaba ya el séptimo mes de embarazo de su segundo hijo.

Llegaron a Israel. Sus primeros meses en este país fueron realmente tormentosos.

De aquellos días sobrevive una escena que se repite en la mente de Rodolfo: la de Gloria y él recogiendo desperdicios de los basureros para poder subsistir.

Entonces habitaban en el apartamento de un edificio en un bario pobre de Israel, con muebles paupérrimos, una mesa como las de Coca Cola, un sillón deforme, que les habían regalado sus vecinos, y una cama con los resortes de fuera.

Apenas y comían con la beca de 250 dólares que recibía Gloria para costear sus estudios de físico – química, en el Instituto Weizmann de Ciencias, uno de los centros de investigación más importantes del mundo.

La beca que había conseguido Rodolfo para estudiar el doctorado en fisiología vegetal, en le Universidad Hebrea, había tardado más de medio año en llegar. Entretanto ocurría el nacimiento de Daniel, el segundo hijo del matrimonio.

El niño había nacido con ictericia, (coloración amarillenta de la piel y mucosas, debido al aumento de la bilirrubina), y hubo que dejarlo internado tres días en el hospital,

Al final la familia no tenía un céntimo para liquidar la factura.

A Gloria y a Rodolfo les bastó pasar por este trance para darse cuenta de cuán grande era la solidaridad del pueblo israelita.

Una mujer búlgara, que Rodolfo había conocido en el bus, durante su trayecto diario de casa al Instituto Volcani, el centro de investigaciones agrícolas donde trabajaba, accedió prestarle los ahorros de su familia para pagar la cuenta del sanatorio.

“Vivíamos del apoyo de los vecinos, una solidaridad como no tienes idea. Cuando nació nuestro hijo recibimos una cantidad impresionante de regalos: ropa, pañales de tela, juguetes, dinero, cantidad de cosas, sin conocernos. Nada más supieron que ahí estaba una pareja joven que tenía un niño y llovieron regalos de todo el barrio, de todo el vecindario”, evoca Rodolfo.

Sólo hasta que pasaron siete meses de su llegada a Israel, y cuando Rodolfo empezó a recibir, por fin, el dinero de su beca, la situación mejoró un poco para la familia.

De vez en vez la pareja se reunía con sus amigos del barrio, también investigadores, en su apartamento para convivir y charla sobre temas de política internacional, la vida, el origen de las especies, las grandes migraciones humanas, las investigaciones de física, de agricultura.

Era los albores de la década de los setentas, los tiempos de la Guerra de Yom Kipur. La señora Tobón, Rodolfo y los niños, escondidos, con el resto de los vecinos del barrio, en el refugio antiaéreo del edificio, con paredes de acero y puerta como la de una caja fuerte, escuchando el estallar de las bombas y le ruido de los aviones sirios rasgando el cielo.

“Corríamos al refugio, cerraban la puerta herméticamente y nosotros, la mera verdad, muy asustados. No sabíamos lo que iba a pasar. Una cosa muy interesante era que las señoras animaban a los niños y empezaban a cantar, a hacer juegos, a mantener el estado de ánimo alto. Al rato a todo mundo se le olvidaba lo que estaba pasando afuera”, recuerda Rodolfo.

La estancia de la pareja en Israel se prolongó seis años, los más felices de su vida, dice Rodolfo.

Un día se encontraron en Israel al doctor Enrique Campos, quien los invitó a integrarse al proyecto de fundación de un nuevo instituto de estudios: el Centro de Investigación en Química Aplicada (CIQA), en Saltillo.

Gloria y Rodolfo aceptaron la invitación y en cuestión de semanas se trasladaron con los niños a esta ciudad, de donde Rodolf0o es originario.

Transcurrieron algunos meses. Viendo que en el CIQA las cosas caminaban lento, por falta de recursos para la investigación, la señora Tobón, inquieta como era, decidió renunciar y convertirse en consultora independiente para la industria en el tema del tratamiento de aguas.

Desde entonces se hizo la asesora de importantes empresas en Monterrey.

“Pero sus servicios profesionales no le han impedido ser sensible a los problemas de la gente, problemas de los que ella mismas formas parte. Es una persona apasionada, que defiende sus puntos de vista con argumentos sólidos”, dice de ella, el académico Salvador Ponce Ortiz.

La mayoría de sus amigos coinciden en que uno de los logros más relevantes de la activista fue haber contribuido para que la compañía General Motors, firma con la que ha trabajado en los últimos 28 años, obtuviera hace 15 años, en Estocolmo Suecia, un reconocimiento internacional por el manejo eficiente del agua, siendo Tobón la autora intelectual y coordinadora del proyecto.

Pero resulta que esta mañana la señora Tobón, reconocida como una de las científicas, expertas a nivel mundial, en el tema del agua, no tiene agua en su casa.

Ella que, – dicen sus partidarios – sin ser saltillense, se ha interesado por estudiar a fondo el problema de la escasez de agua en el valle, ella que ha impulsando, como nadie, la cultura del cuidado del agua y puesto al servicio de las autoridades y de la sociedad en general, todo su talento, aunque – me platica Rodolfo de vuelta en el jardín – la hayan ignorado.

“Desde que llega a Saltillo ve que hay graves problemas, entonces asume la responsabilidad social de querer hacer algo por el agua. Los alcaldes, las autoridades del agua no la han tomado en cuenta absolutamente para nada, para nada, para nada. No solamente no la han tomado en cuenta, sino que la han subestimado, la han ignorado y han tenido para ella una actitud de desprecio. Saltillo tiene graves problemas de agua y ningún gobierno se ha preocupado por darle la importancia que merece y eso ha sido muy lamentable”, reprocha Rodolfo.

La gota que volcó el vaso, fue la entrega del sistema de agua de la ciudad, por parte de las autoridades municipales, en tiempos del edil Óscar Pimentel, actual coordinador general de Atención a Emergencias y Consejos de Cuenca, de la Conagua, a la compañía francesa – española Aguas de Barcelona.

Gloria y Rodolfo habían sostenido algunas reuniones con Pimentel cuando éste jugaba como candidato para la alcaldía del municipio.

Al principio el candidato aceptó el apoyo de los especialistas y todo eran buenas intenciones, como esa de convocar a las siete mejores empresas del mundo, para mejorar el sistema de agua de la ciudad.

Luego comenzaron, una tras otra, las mentiras, “vimos que empezaron a hacer cosas a escondidas, a espaldas de la ciudadanía, a sesgarse hacia una empresa. Empezamos a investigar y nos dimos cuenta que era Aguas de Barcelona, señalada como una de las empresas más poderosas y dominantes en el tema del agua, a nivel mundial”, cuenta Rodolfo

Óscar Pimental, que para entonces, ya había tomado posesión como edil de la ciudad, jamás volvió a recibirlos.

“Hasta que nos enfrentamos directamente al gobernador Enrique Martínez y al alcalde Óscar Pimentel en una reunión y les dijimos que eso era perjudicial, que no confiábamos, que no era de fiar, que iba a traer graves daños, que no había ni un solo contrato de privatización que hablara bien”, suelta Rodolfo. Nadie los escuchó.

Un ambientalista, que pide no ser identificado, dice de Gloria y Rodolfo, que son confrontativos y tienen la manía de imponer su opinión a los demás.

“No son de decir ‘mira esta es mi opinión, ¿cuál es la tuta?, vamos a dialogar’, y eso les ha cerrado puertas. Seguramente por eso el gobierno los tiene muy identificados”.

Gloria, Rodolfo y otros 30 ciudadanos, entre empresarios, académicos, líderes políticos y de ONG’s, conformaron entonces el grupo denominado Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo (AUAS), cuyo ideal es defender el derecho humano de los saltillenses al agua potable, en calidad y cantidad.

“Como en todos los grupos, se fueron haciendo menos y menos. La gente se cansó, veía que no había avance, que no había resultados y para andar en las luchas ciudadanas se necesita mucha convicción y mucha dedicación. Cuesta tiempo y dinero”, me dice Rodolfo.

Nelly Herrera Rodríguez, la coordinadora de Alianza Cívica Coahuila e integrante de la Asociación de Usuarios del Aguas de Saltillo, habló así la tarde que la visité en su oficina para charlar sobre la señora Tobón.

“Es el centro de este grupo. Su profesionalismo, su dedicación, su constancia, su perseverancia, ha hecho que el grupo permanezca, que el tema del agua no se deje a un lado. Ha sido determinante el trabajo persistente, constante, continuo de Gloria. Es el alma del grupo, la que trabaja. Es la mujer seria, firme, de exigencia y de reclamo de lo que no se está haciendo y de lo que se debería de hacer, señalando…”.

La consecuencias de la semi – privatización del sistema de agua de la ciudad, como lo previó la doctora Tobón, no tardaron en hacerse evidentes: quejas y quejas de la gente en contra de la paramunicipal por los elevados cobros y deficiencias en sus servicios.

Luego vino lo de las denuncias, tres, de AUAS contra los abusos Agsal ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, una instancia internacional que se creó hace más de 40 años, con el propósito de defender a la ciudadanía de actos de autoridad de gobiernos o de empresas, que afectan los derechos humanos y los ecosistemas.

Pero hasta ahora dichas denuncias no han tenido eco.

“La resolución del Tribunal fue a favor de nosotros. Dictaminó que Aguas de Barcelona estaba violando las leyes, los derechos humanos, la sustentabilidad del recurso agua… Pero como es un tribunal de ética y moral y eso no existe en México entre las autoridades, entre los presidentes municipales, pos… se rieron de esos dictámenes, no les hicieron caso”, dice Rodolfo.

Eso sin contar las más de 50 solicitudes de Información, entre las que destacan el nivel de los pozos que abastecen a la ciudad, la calidad del agua que se distribuye y los nombres de los socios de Aguas de Barcelona, que la Asociación ha enviado a Aguas de Saltillo y que ésta se ha negado responder, contraviniendo las leyes de Acceso a la Información del país.

“Se burlan del ICAI y el ICAI pues no presionaba mucho. Tuvimos un sinfín de reuniones con gente del ICAI para discutir algunas de la peticiones de información que se habían hecho y que Aguas de Saltillo no las entregaba y nos reuníamos inclusive con gente de Aguas de Saltillo, ellos decían ‘es que no la tenemos’ o ‘no se las podemos dar y háganle como quieran’”.

Rodolfo me cuenta que en lo que va de la actual administración Gloria y él se han reunido en varias ocasiones con el alcalde Isidro López Villarreal, de extracción panista, para plantearle el caso de Agsal. Se llevaron otra decepción.

“Isidro la defiende a capa y espada, ¿Qué es lo que hay?, ¿cuál es la brujería que tiene la empresa, que los alcaldes no se atreven a tocarla?, la pregunta está en el aire”.

Ha terminado mi entrevista en el jardín de la casa de la señora Tobón, y Rodolfo me pide que salgamos otra vez a la calla para ver si es que ha llegado la cuadrilla de trabajadores de Agsal a revisarla red de la colonia. No encontramos a nadie.

Mientras en la casa de la señora Tobón, la presidenta de la Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo, sigue sin haber eso, agua…

http://www.vanguardia.com.mx/gloriatobonlaguerrilleradelaguadesaltillo-2175720.html

 

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