Historia de aguas compartidas

 

Coyuntura Económica


HORACIO CÁRDENAS ZARDONI *

jueves, 30 de enero de 2014

Toda moneda tiene dos caras, toda historia tiene una parte que nos acomoda y nos conviene en los planos emocional, social, político, electoral, económico y productivo, en tanto que la otra parte preferimos hacer como que no existe, por exactamente las razones contrarias, que no nos resultan útil para justificar nuestra ineficiencia, y tratándose de gobernantes la ausencia de resultados ante el pueblo que los demanda, por más que en algunos casos como el que le comentamos el día de hoy, estén más allá del estricto alcance de la política.

Dicen también que la historia la escriben los ganadores, y sobre todo cuando nos amparamos en la sentencia porfiriana de Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos, nos toca jugar el rol de los pobrecitos, que por otro lado, nos encanta.

Del tratado de límites y aguas entre Estados Unidos y México hemos escuchado horrores y más horrores a lo largo de los años, a éste le atribuímos la recurrente, casi eterna sequía que aqueja a Coahuila y otras entidades del norte mexicano, pues supuestamente nos impide retener el agua que llueve en nuestro territorio, como si en Coahuila y para el caso en todo el país, hubiera existido alguna vez desde la conquista de los españoles, un plan para que en las buenas el agua no nos ahogue y en las malas no nos muramos de sed, si no físicamente, económicamente hablando, muy a la mexicana, siempre es más fácil echarle la culpa a otro, ¿y quién mejor que nuestro eterno envidiado, Estados Unidos?

Seguiríamos en la creencia de que qué malos son aquellos y pobres de nosotros, de no ser porque nos cayó en las manos un documento preparado por el Servicio Congresional de Investigación denominado Compartiendo el agua entre Estados Unidos y México: antecedentes y recientes acontecimientos, que vino a ofrecernos algunos datos que no conocíamos y que nos hacen interpretar desde una perspectiva diferente lo que siempre nos han dicho.

En términos muy generales, nos dice el documento que Estados Unidos y México compartimos dos ríos, el Colorado y el Grande, para nosotros el Bravo, relación que es regulada por acuerdos binacionales. El cumplimiento de éstos se ha venido tornando cada vez más complicado y controvertido, conforme las demandas alcanzan o exceden los recursos disponibles, y sobre todo en años recientes, cuando la sequía y las altas temperaturas reducen todavía más la disponibilidad e incrementan la demanda.

Del Colorado nos dicen que recorre siete estados norteamericanos antes de alcanzar suelo mexicano, para todos los efectos prácticos y no prácticos que cómo duelen, el 97% de la cuenca se halla del otro lado de la frontera. Según el Tratado de Aguas de 1944, los Estados Unidos tienen la obligación de proveer a México de 1.5 millones de acres/pies de agua del Colorado, lo que representa aproximadamente el 10% de su descarga promedio.

Aunque de lejos, pero nos hemos enterado que a lo largo de los años han surgido disputas sobre la cantidad, la calidad y la conservación de esta importante fuente de abastecimiento. Bajo las condiciones del Tratado, las desavenencias se resuelven a través de minutas, entre las cuales se puede mencionar la 242 de 1973, que demanda que la salinidad que el Colorado lleva a México no exceda de cierto límite, o la 319 de 2012, que dispone un manejo, almacenamiento y atención medioambiental bilateral, de la cuenca.

El Bravo por su parte está gobernado por dos tratados distintos, las entregas de agua a México en la parte noroeste de la cuenca (en el área El Paso/Ciudad Juárez) están reguladas por una Convención que data de 1906, mientras que las entregas para la parte sureste, desde Fort Quitman se establecieron bajo el tratado de 1944, al que se le echa la culpa de todo.

El acuerdo de 1906 obliga a Estados Unidos a entregar 60,000 acres/pies, que pueden ser proporcionalmente reducidas en caso de sequía, las cuales no están obligados a restituir. De 1939 a 2013 las entregas de líquido se han recortado en 31% de los años, incluyendo 2012 y 2013.

Bajo el tratado de 1944, México tiene derecho a dos terceras partes del agua de seis tributarios del Bravo en territorio mexicano, la tercera parte a entregar a Estados Unidos debe ser equivalente en promedio a 350,000 AF por año, medido en ciclos quinquenales; lo que se puede considerar injusto es que por su parte nada del agua de los tributarios en suelo americano hay obligación de entregarla a México. El problema radica en que cuando nuestro país falla en entregar el agua que le corresponde según el tratado, debido a condiciones de extrema sequía, las deficiencias deben ser compensadas durante el siguiente quinquenio. Luego de la precipitación registrada el año pasado, la deuda mexicana de agua es de 288,000 AF (27%).

Como suelen reportarlo acuciosamente los medios de comunicación, la sequía recurrente en el norte de México suele causar fuertes estragos en los hatos ganaderos, lo que redunda en grandes pérdidas económicas y una situación en el campo mexicano realmente crítica.

Si a esta situación le agregamos las presiones de índole política para cumplir con las obligaciones del tratado de 1944, presiones de corte internacional y federal, mucho más fuertes que las que pueden hacer campesinos y ganaderos, para entregar la escasa agua disponible, ponen desde hace años en serio riesgo la estabilidad social, la viabilidad económica y la gobernabilidad de la región.

A como se han presentado las cosas en los últimos quinquenios, México está teniendo serios problemas para cumplir sus obligaciones bajo el tratado de aguas de 1944, y las cosas se pondrán más difíciles en el futuro por el aumento de la demanda y el cambio climático.

El Congreso de Estados Unidos está examinando la conveniencia de reformular la relación binacional sobre el agua del Bravo, una que sea a la vez más eficiente y más justa… pero con la misma cantidad de agua, pues no hay más.

El documento que le comentamos puede usted localizarlo en http://www.fas.org/sgp/crs/row/R43312.pdf, quisiéramos conocer su contraparte elaborada en el Congreso de la Unión para defender los intereses de los mexicanos. De alguna manera es cierto que hemos estado entregando a Estados Unidos lo que era indispensable para nosotros, pero no es toda la verdad. Si no nos enteramos pronto de lo que están planteando, es muy probable que salgamos perdiendo todavía más que lo que en los últimos sesenta años.

 * Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila

http://www.eldiariodecoahuila.com.mx/notas/2014/1/30/historia-aguas-compartidas-411586.asp

 

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