¿Y dónde queda el agua?

¿Y dónde queda el agua?

Manuel Gómez Granados | Opinión

Domingo 21 de Nov., 2010 | Hora de creación: 03:23| Ultima modificación: 03:23

Uno de los problemas fundamentales, en muchos países del mundo, es el agua. En México, si no aceptamos que tenemos un problema con el agua, negaremos un problema que, literalmente, nos asfixia… o nos ahoga. Y es que México, país de contrastes, padece inundaciones en algunos estados, como Tabasco y el sur de Veracruz, pero también sufre por la falta de agua en la frontera norte, con excepción de Tamaulipas, y —de manera creciente— en el Valle de México.

Por ello, preocupa que la Cumbre contra el Cambio Climático no atienda los problemas asociados con el uso del agua, pues no hay, por ejemplo, propuestas claras en los documentos previos de la COP 16, la Cumbre sobre el Cambio Climático de la Organización de Naciones Unidas, que se celebrará del 29 de noviembre al 10 de diciembre en Cancún, Quintana Roo.

La conferencia abordará problemas mundiales respecto del uso de tecnologías para reducir las emisiones contaminantes, así como el financiamiento para el desarrollo y distribución de dichas tecnologías; también algunos de los impactos del cambio climático; además, en la convención pasada, realizada en Copenhague, Dinamarca, quedó pendiente, por parte de China y Estados Unidos, la firma

de un protocolo para enfrentar el problema de las emisiones de carbono.

Es necesario recordar que la ONU sufrió un doloroso revés en la cumbre de Copenhague y que, por ello, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México reconoció en 2009 que las posibilidades de que la COP 16 lograra todos sus objetivos eran más bien escasas. Ello tiene que ver con las limitaciones de todas las iniciativas de ONU, así como con la indisposición de países como Estados Unidos, Brasil y China para construir un marco global que enfrente los efectos del calentamiento global. El problema del cambio climático o calentamiento global es particularmente delicado para el caso del agua, porque de continuar las tendencias actuales, el mundo perdería

algunas de sus más importantes reservas de agua dulce, las que se encuentran en los glaciares y tundras que representan casi el 70% de toda el agua dulce del mundo. Al derretirse los glaciares y tundras, además, se modificaría la salinidad de los océanos. Es decir, una catástrofe, que se agrava cuando pensamos en las personas pobres y muy pobres que difícilmente pueden comprar agua

purificada, y que al beber agua contaminada se enferman e impactan los costos de salud.

Sin embargo, el tema del agua no aparece como prioridad para la Cumbre de Cancún. El año pasado, el VForo sobre el agua, realizado en Estambul, calificó al agua como un derecho humano, vital para el desarrollo de las personas.

Eso es bueno, pero conviene destacar que se trata de un bien muy escaso, pues sólo 2.5% del total del agua en el mundo es “dulce”, el resto 97.5% es “salada”, y del total de agua “dulce” sólo un 1% se puede beber.

Los problema del cambio climático y el agua no competen sólo a los gobiernos. El sector privado, especialmente las empresas, también tiene una gran responsabilidad. Por ello, preocupa que, a escala internacional, sólo 37% de las empresas traten de reducir o controlar su consumo de energía, y que sólo 19% supervise su “huella de carbono”, una medida que permite identificar los costos, en términos

de producción de contaminantes, de traer a México una botella de agua francesa o un chorizo español.

Más allá de lo que la ONU organice cumbres como la COP 16, México necesita desarrollar políticas que atiendan el problema del uso del agua. Eso es lo que la Comisión Nacional del Agua ha buscado

lograr con la Agenda del Agua 2030, un documento que analiza el problema del agua con una perspectiva integral, de mediano y largo plazo.

La responsabilidad no es sólo de la Conagua, es de todos, especialmente de los organismos responsables del manejo del agua en los estados y municipios. Si esos organismos no atienden las propuestas de la Agenda y sensibilizan y obligan, con medidas coercitivas eficaces, a que

el uso del agua sea cada vez más eficiente, de nada servirá este documento.

En el ámbito global, una posible solución al problema del cambio climático y el agua podría lograrse, como lo hizo ver The New York Times recientemente (www.nytimes.com /2010/11/09/science/earth/09montreal.html), si en lugar de cumbres al estilo de la de Cancún, se opta por mecanismos

técnicos, como el Protocolo de Montreal, que originalmente buscó frenar la erosión de la capa de ozono pero que, luego de haber logrado sus objetivos, ha incorporado nuevos problemas y soluciones.

Lo que está en juego es la vida; no hay tiempo —ni agua— que perder.

manuelggranados@gmail.com

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