La ciudad sobre agua durante 400 años

 

Ricardo Pascoe Pierce 17/10/2014 00:00

El ingeniero e impresor Enrico Martínez escribió, en 1608, una “Breve Relación de la ymportancia de la obra del desague y de lo que esta Hecho y Resta por hazer en ella” (sic) donde hace una reseña de las dificultades que enfrentaba la Ciudad de México debido a las fuertes lluvias y constantes inundaciones. La descripción que hace, tanto de los padecimientos de la ciudad y sus habitantes, así como las soluciones que encontraron, hacen eco hoy.

Afirma que hay años de intensas lluvias —1604 y 1607—, así como años de leves lluvias —1605 y 1606. Lo cierto es que el mismo fenómeno se presenta hoy, cuando hemos constatado que 2014 ha sido un año de lluvias inusualmente intensas, que contrasta con algunos años anteriores, cuando la ciudad no sufrió tanto en materia de inundaciones como ahora.

También señala que durante el reinado de “los naturales de esta tierra”, la ciudad de Tenochtitlán no sufría de inundaciones. Martínez explica el fenómeno. Durante los tiempos previos a la conquista española, no se frenaba el movimiento del agua con construcciones urbanas, sino que éstas se hacían de tal manera que no se estorbaba la subida y bajada del nivel del agua en los lagos de la planicie central de México.  Así, el desfogue de agua era, decía, por sus rutas “tradicionales”. A diferencia, la colonia implicó el relleno y secado de zonas tradicionalmente bajo el agua, con fines agrícolas, lo cual empezó a cambiar el contorno físico de la zona y a estorbar los flujos normales del agua en sus distintas temporadas, de baja y alta presencia.  Es decir, fue la “nueva urbanización y población” de Nueva España lo que provocó que, repentinamente, se inundaran todas las casas, iglesias y palacios de la ciudad, sin excepción. No fue hasta que el virrey Luis de Velasco, presionado por las protestas ciudadanas y las graves epidemias que costaron la vida a miles de personas, decidió hacer algo drástico para atender el problema de las inundaciones. Martínez relata cómo fue que antiguas zonas del lago, ahora reconvertidas a zonas arables y en grandes haciendas, se inundaban. Describe ésta escena de 1607: “…otra bez de agua bajaron las avenidas de pachuca y estando ya para pasar por encima de la calzada rronpio el ojo principal de la puente della por junto al molino y salio el agua y con tan grande ímpetu que arranco la mitad del molino y duro la corriente desde fin de Iunio hasta quinze de Setiembre sin que fuese posible en todo este tiempo detener el agua…”. (sic)

El virrey organizó, junto con el ingeniero Enrico Martínez, un proyecto para construir un sistema de desagüe permanente de la ciudad. Se decidió conducir el agua desde los lagos que rodeaban la planicie hacia el “mar del norte” que era lo que ahora denominamos el Golfo de México, a través de la interconexión de canales artificiales, tanto subterráneos como en la superficie, y recurriendo a la construcción de diques para la contención del agua en unos casos, y su reorientación en otros, para conectarse con ríos que sacarían el agua de la planicie. Para ello, los ríos a ser utilizados en este proyecto se ubicaban en lo que hoy es el estado de Hidalgo. Martínez habla de Zumpango, Gueguetoca, Pachuca, Chalco y Tacuba como las zonas cuyos ríos servían para construir los diques y canales, con un “material blanco” (sic) llamado tepetate. Eran consideradas áreas estratégicas para el desfogue de aguas crecidas.

El tiempo proyectado para hacer toda la obra fue de 15 años, y se ofrecía, en ese entonces, que serían la obra que haría habitable y segura la ciudad “para siempre”. Nunca se cuestionó el modelo de desarrollo urbano que trajo consigo el coloniaje ni se dispusieron reglas que impidiesen la sobreexplotación agrícola y urbana de la zona. En el fondo, la decisión fue seguir con el modelo de poblamiento ya dispuesto, acrecentando el territorio arable y de construcción urbana. Y dedicaron recursos durante 15 años a la construcción del sistema del desagüe de la ciudad, pero nunca lograron controlar las furias de la naturaleza. Y hubieron muchas críticas.

Hoy seguimos construyendo sistemas, cada vez más grandes y sofisticados, para el desagüe de aguas pluviales y residuales en la planicie central de México, a través de Hidalgo. Ni nuestra cultura, tecnología y educación ni nuestro modelo depredador urbano, nos han permitido resolver el problema del agua, sino únicamente domarlo de vez en vez. Y la naturaleza sigue presionando, como hace 400 años.

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