La disputa por el agua

La disputa por el agua

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La escasez de líquido orilló a los menonitas a escarbar la tierra para obtenerlo, lo que los enfrentó con campesinos mexicanos que los acusan de extracción ilegal.

Menonitas trabajan todo el día en los pozos.

México • El malacate desciende velozmente los casi 350 metros de la superficie hasta el punto que ha perforado un orificio de ocho pulgadas de diámetro. Apenas unos segundos para que el cable de acero que lo aferra al tiro de remolque se detenga y comience a ascender de nuevo con su carga de lodo.

En cuanto llega a la superficie, tres hombres limpian el contenido del tubo. Es una familia menonita que lleva un mes trabajando en este proyecto para alcanzar el agua en el subsuelo y contar con el líquido para beber y atender las necesidades de algunas familias de la comunidad en la zona centro sur de Chihuahua.

Johnsen y sus dos hijos viven desde hace 30 días a la mitad de los campos agrícolas en un camper con placas de Colorado, Estados Unidos. Inician labores desde que despunta el sol y paran cuando se oculta, pasadas las ocho de la noche. Son trabajadores, pacíficos y respetuosos, solo les importa la productividad.

Pero este pozo de agua para uso doméstico que intentan activar es irregular, como otros 150 en el municipio de Cuauhtémoc. Además de aprovecharlo para el uso de tres familias, pretenden ocupar el líquido que en los dos últimos años se ha hecho cada vez más valioso por escaso. Es un proyecto riesgoso que los ha puesto en guardia contra campesinos agrupados en El Barzón, organización nacional que dota de tierras y pelea por justicia para el campo, afiliada al Partido de la Revolución Democrática.

Es un conflicto añejo que se ha recrudecido, pues los menonitas han ido solicitando en los últimos seis años permisos de extracción a la Conagua, mismos que la instancia ha aceptado, pero que no otorga.

Las enormes extensiones de tierra, propiedad de los menonitas lucen muy distintas a las que trabajan los otros campesinos ribera abajo del río Santa Clara, en la cuenca hidrológica del Carmen y que abarca los municipios de Cuauhtémoc, Namiquipa, Buenaventura y Villa Ahumada. Ellos defienden la labor, pues afirman, es gracias al trabajo que progresan y eso es causa de envidia. Juan Sawatzky, líder en la comunidad menonita, asegura que es la envidia de los barzonistas lo que ha tensado la situación actual. “Nosotros somos gente trabajadora, solo pedimos ayuda al gobierno cuando nos va mal. De nuestra bolsa ponemos todo para trabajar la tierra y pienso que es represalia de El Barzón.“

Desde 2010, debido a la sequía, la producción de chile, alfalfa, algodón, pastura e incluso la engorda de reses y la producción de leche ha disminuido hasta en 65 por ciento, de acuerdo con los registros de El Barzón. A ello se añade, dicen, que la extracción ilegal de agua y la creación de represas o tajos, cuyo fin es evitar escurrimientos tanto de ríos como de lluvia por parte de la comunidad menonita, agudiza los problemas del resto de los ejidatarios y comuneros de la zona.

“Son un grupo reducido de Menonitas que roban agua, en perjuicio de muchos más productores que están río abajo. Desde mi punto de vista una falta de voluntad política para resolver el problema. Esto le mete ruido porque hay muchos intereses y mucho dinero de por medio”: Heraclio Rodríguez, líder local de El Barzón.

Para Martín Solís, otro comunero que encabeza lo que llaman la defensa del agua en esta zona, el tema tiene también tintes políticos por parte de la Conagua, quien no da respuesta clara a ninguna de las dos partes encontradas, lo que ha derivado en descalificaciones de orden racial entre los chihuahuenses.

Johan Sawatzky, otro líder menonita, afirma que su comunidad resiente ya este odio, “sentimos que existe odio y envidia. Nosotros luchamos para ser autosuficientes, no den despensas o algo así. Destruyeron la presa El Perol, y unos tajos también, de rebombeo. Es envidia, que digan es que los menonitas tienen más”, asegura

Y no se equivoca, pues un grupo numeroso de barzonistas y ejidatarios, consideran que este grupo social debería marcharse de estas tierras.

“Ellos quieren hacer creer que son los grandes productores. No es cierto, son los grandes sembradores, porque nosotros sembramos cuatro hectáreas porque no tenemos más agua, mientras ellos cosechan 200, pero no quiere decir que sean mejores que nosotros” dijo Rodríguez.

“No estamos contra ellos, sino contra los que han abusado de la extracción de agua. Ellos son migrantes y se pueden ir a cualquier parte del mundo. Aquí nos vamos a morir en nuestra tierra. Hay una permisidad de la Conagua en los últimos 12 años. No es racismo, queremos garantizar que nuestros hijos puedan usar el agua de los acuíferos.”

Ambas posiciones no ceden terreno y la semana pasada hubo ya un primer conato de enfrentamiento, lo que ha llevado a ambos grupos a movilizarse y exigir que la Conagua, responsable de otorgar los permisos para extracción de agua, de una pronta solución.

La comunidad menonita asegura que “la gente de nosotros se va a sentar arriba del pozo, si se llevan el pozo me llevan a mí”, dice Juan Sawatzky, el líder menonita.

Ambas partes coinciden en que la salida está en la cancelación y regularización de permisos que ha otorgado la Conagua. Esto es, actuar sobre 150 pozos irregulares detectados, 53 de ellos clausurados y cinco destruidos, de otra forma, la situación se complicará. Allá en los campos, el pozo de Johnsen llega a los 400 metros de profundidad, el lodo deja de ser color cemento y es mucho más líquido, está a punto de extraer agua.

http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/903478c6cbb1936f2046a8c005ce390a

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