La gestión del agua: entre lo simple y lo complejo; Parte I

La gestión del agua: entre lo simple y lo complejo; Parte I

26 enero, 2013 | Categoria: Artículos,Opinión | Escrito por: Edición Impresa

• La visión simple, monodireccional en la gestión actual del agua no contempla la necesidad de se recuperación al ambiente

Cuenca de El Ahogado. Foto: Héctor Jesús Hernández.

Mario Édgar López Ramírez.- ¿Qué es la gestión del agua? ¿De qué forma la organización de nuestras ideas determina el modo en que la administramos? El conocimiento sobre el agua puede provenir de dos sistemas de pensamiento: el pensamiento simple y el pensamiento complejo. Cada uno de ellos posee características particulares que determinan la manera en que se organiza el uso, consumo y distribución de este elemento natural, indispensable para la vida. Desde una mirada simple o una mirada compleja, también se ejercen las acciones públicas con las que enfrentamos los problemas y conflictos socioambientales, provocados por la gestión del agua. El pensamiento y la acción se interrelacionan.

La gestión simple del agua

La gestión actual del agua, ya sea desde los sistemas públicos o privados, en el caso de la gran mayoría de los organismos operadores de México, América Latina y otras regiones del mundo, enfatiza en el pensamiento simple. Este tipo de pensamiento se basa en el paradigma tradicional de la ciencia moderna, que actúa bajo tres principios generales: a) la especialización, desde la que se establece que para conocer algo es necesario fragmentar el todo y, por lo tanto, se dedica al estudio separado de las partes; alrededor de cada parte se organizan grupos de expertos, quienes forman campos de conocimiento con lenguajes especializados; y en el caso del agua, ha sido la ingeniería hidráulica el campo de expertos más representativo; b) la relación lineal causa-efecto, que reduce la acción sobre la realidad, fundamentada en la idea de que la causa es única y por lo tanto el efecto se debe únicamente a dicha causa; así, manipulando la causa única, se resuelve el efecto único que esta ha producido; de esa forma, cada efecto particular producido por el agua, encuentra una causa única; y c) el progreso, que propone que los conocimientos generados en el pasado, nunca serán mejores que los conocimientos del presente y del futuro, debido a que el cúmulo de saberes desarrollados en el pasado, sólo sirve de plataforma progresiva hacia mejores conocimientos y mejores aplicaciones técnicas; por lo tanto, las mejores soluciones técnicas para los problemas del agua son las más modernas.

Si se observa detenidamente, la gestión actual del agua, reproduce extensivamente esta lógica de fragmentación y separación. Las políticas públicas hidráulicas están centradas en grupos de expertos que no permiten la participación de aquéllos a quienes consideran inexpertos; ya sean estos los ciudadanos comunes o incluso los profesionales de otras disciplinas, que no son ingenieros hidráulicos. Entre otras cosas, esto se traduce en una importante resistencia, que evita una gestión integrada y democrática del agua. Por otra parte, los análisis y las soluciones a los problemas del agua se atienden pensando en causas únicas que resuelven efectos únicos, de tal forma que, por ejemplo, se actúa resolviendo el problema del abastecimiento o la falta de agua (que se considera el efecto), básicamente extrayendo agua de las fuentes disponibles (que se considera la causa). Bajo esta relación lineal, el agotamiento de las fuentes no lleva a pensar en la necesidad de su recuperación, sino en su sustitución por otras fuentes, para que no se detenga el abastecimiento. Finalmente, se desechan todas aquellas tecnologías locales, comunitarias y ciudadanas, debido a que se consideran ineficientes frente a la sofisticación de las nuevas tecnologías, generando así la exclusión de prácticas sociales, a veces milenarias, que son calificadas como atrasadas e insuficientes.

Esta relación entre especialización-linealidad-progreso, ha generado importantes problemas a la gestión del agua, debidos a la fragmentación que proponen y mantienen. Las paradojas pueden reconocerse fácilmente: se abastece de agua a una ciudad, pero no se reabastecen suficientemente las fuentes; se extrae del subsuelo y pero no se infiltra; se contamina el agua que se usa, pero no se sanea y se reúsa; se abaratan las tarifas, pero esto termina favoreciendo a quienes tienen más recursos para pagar; se piensa en el desarrollo regional y nacional a través de grandes obras hidráulicas, pero muchas veces a costa de las comunidades locales; se administra un bien público, pero no se consulta al público que necesita el agua. Todo esto es muy claro hasta para un observador común, pero es muy complicado de entender para los expertos hidráulicos que se encuentran poseídos por el pensamiento simple. Siendo el agua un vínculo socioambiental, la gestión simple la transforma en un motivo de separación socioambiental. Gran parte de los conflictos sociales por el agua que se registran en México, América Latina y el mundo, se deben a esta forma de gestión.

La gestión compleja del agua

Por su parte, el pensamiento complejo propone que se avance en integrar y articular todos aquellos elementos que se mantienen artificialmente separados y que provocan las paradojas señaladas. Básicamente, la complejidad es otra forma de organizar el conocimiento, que no desecha el conocimiento simple, sino que aspira a un marco epistemológico mayor. Como lo describe Edgar Morin: “¿Qué es la complejidad? A primera vista la complejidad es un tejido (complexus: lo que está tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados: presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple. Al mirar con más atención, la complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico… la dificultad del pensamiento complejo es que debe afrontar lo entramado (el juego infinito de inter-retroacciones), la solidaridad de los fenómenos entre sí, la bruma, la incertidumbre, la contradicción” .

Este tipo de pensamiento propone también una serie de principios desde los cuales se puede complejizar aquéllo que la simplicidad mantiene desunido. Y es posible referir dichos principios al tema de la gestión del agua. La semana próxima, en la siguiente parte de esta entrega, profundizaremos en algunas condiciones para aspirar a una gestión compleja del agua.

http://www.lajornadajalisco.com.mx/2013/01/26/la-gestion-del-agua-entre-lo-simple-y-lo-complejo-parte-i/

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