Las alzadas del río Sonora y el agua prohibida

Por Silvia Núñez Esquer / Dossier Politico

Dia de publicación: 2014-10-17

Aconchi, Sonora, 16 octubre 2014.- Esta vez las mujeres de los pueblos del río Sonora, contaminado con metales pesados por la minera Buenavista de Grupo México, alzaron su voz. En la asamblea popular realizada en Aconchi, Sonora, uno de los pueblos afectados por la contaminación, las mujeres desatacaron como convocantes, como oradoras, como líderes que llamaron a las otras mujeres a hacerse presentes para organizarse pues son ellas las más afectadas por la contaminación del agua, expusieron.

“Nadie está viendo la situación emocional” denuncia en entrevista Beatriz Adriana Lugo Nieblas, maestra de educación especial en el preescolar de Aconchi, Sonora, ubicado a 146 kilómetros  de Hermosillo, la capital del Estado. La situación es dramática porque no hay confianza en que las autoridades estén diciendo la verdad, hay incertidumbre, sobre lo que pasará más adelante con la salud. Lejos de los apoyos económicos, más les preocupa si va a ser posible seguir viviendo ahí.

Tres hijos y doce años radicando en Aconchi con su esposo ganadero, la hace sentirse parte de esa comunidad. Su más grande preocupación es la falta de información, nadie sabe cómo se encuentran los pozos, y sus únicas fuentes son los medios de comunicación, las redes sociales y de boca en boca. Hay mucho miedo de qué pasará con sus vidas. Lo emocional ha quedado de lado y la salud también pues no hay monitoreo a la población, acusa.

Lugo Nieblas implora a la ciudadanía de otras ciudades y pueblos que no las dejen solas y solos, “Nos han quebrantado nuestros derechos, pues lo primero que deberíamos tener es información, y nadie nos la ha dado”.

Elba Isela Romero Córdova es directora del Jardín de niños “Belem L. de Gándara”, y opina que la contaminación del río Sonora les ha cambiado la vida totalmente. Acarrear el agua en baldes y cubetas, las hace estar cansadas. Brazos y espalda, son las más afectadas. El suministro de tinacos lo considera superficial pues se está afectando en la salud a toda la población y eso no lo soluciona un contenedor.

Como responsable del plantel educativo ha notado cambios en la higiene de las y los alumnos, así como inasistencias por afectaciones en la salud que se convirtieron en frecuentes. Ejemplo de ello son: dolor de estómago, infección estomacal, temperatura elevada y vómitos. Las inasistencias se hicieron frecuentes incluso por hospitalización de niñas y niños, narra la directora. El ruego de las madres es que a sus hijas e hijos no les den agua de garrafón para tomar pues el líquido proviene de los pozos en los que tienen duda de si están contaminados. Sólo agua embotellada traída de otras ciudades es la que les da confianza.

Información específica de lo que pasó y de la problemática que vendrá es lo que más requieren, opina Romero. “Hemos sobrevivido”, pero la gente no tiene conciencia de lo que se viene a futuro y las afectaciones que se vendrán en la salud, por eso hay una gran incertidumbre.

Hasta tres o cuatro días sin agua ha pasado Alicia Ornelas de 85 años de edad. Su principal preocupación son sus plantas, explica mientras le salen lágrimas de añoranza, algunas de las cuales ha tenido que dejar secar pues ahora debe optimizar el agua para las actividades domésticas de higiene y limpieza.

Originaria de Arizpe,  Francisca Nora Quijada de 72 años de edad, radicada en Aconchi, manifiesta que hace tiempo se quebró la cadera, por lo que es sumamente pesado cargar cubetas con agua, además de que su esposo tiene un padecimiento del corazón por lo que ninguno de los dos se encuentra en condiciones para ese ritmo de trabajo. Su familia ya fue beneficiada con un tinaco, pero Nora es de quienes rechazan el agua que les reparten en garrafones pues proviene de los pozos sospechosos de estar contaminados.

Conscientes de que purificar el agua no elimina los metales pesados, exigen agua embotellada, que provenga de otras ciudades. “Nos da mucha rasquera en la cabeza y en todo el cuerpo cuando nos bañamos con esa agua”, afirma mientras reclama que el presidente municipal de Aconchi prometió que iría “casa por casa” para entregar un apoyo económico a las amas de casa, lo cual no ha cumplido. Sin embargo, como las demás mujeres opina que esto no es cuestión de dinero sino de “agua buena”.

Zenobia Vázquez cuenta con 73 años de edad, “arrastrando”, acarreando agua, cansada, enfadada, y clamando por “agua buena”, expresa que lo que necesitan es que arreglen todo como estaba antes. “Queremos agua buena” es la frase más pronunciada por las habitantes de Aconchi, así como de los otros pueblos colindantes con el Río Sonora, que hoy día están soportando la crisis de contaminación literalmente sobre sus espaldas.

Por eso en la asamblea ciudadana realizada en la plaza principal de Aconchi las mujeres se hicieron escuchar, se alzaron. Hasta ahí llegó la Señora Luz María Domínguez Peralta, de Mazocahui, quien llamó a las amas de casa a defender lo que les corresponde, a no aceptar migajas, a no doblarse, a luchar por ser parte de quienes deciden sobre el fideicomiso, para lograr la reparación del daño. Exhortó a las mujeres a permanecer organizadas pues sin duda son ellas las que más sienten la afectación ya que son las que deben resolver la problemática doméstica en donde el agua es preponderante. “Hay que aprender a defender nuestros derechos, esta es una injusticia. Y si hay que ir a otra ciudad, ¡vamos todas!”, les dijo. Si hay que ir a Hermosillo o a Cananea, vamos todas y todos organizados para defender un medio ambiente limpio.

En su discurso Hortensia Calderón, de Banámichi hizo ver que desde el día 6 de agosto en que empezó el ecocidio provocado por Grupo México, no ha habido información. Instó a no bajar la guardia para luchar por la reparación total del daño. Exigió que se incluya a las y los ciudadanos en el comité que administra el fideicomiso formado por Grupo México para atender el desastre en el Río Sonora. “Somos nosotros los únicos que sabemos lo que estamos sintiendo. Son dos meses y 6 días, que parecen dos años y 6 meses”, afirmó. Reparación total del daño, que limpien el río, que los pozos afectados no se abran, pidió. Finalmente llamó a que no los dividan con dinero: “Yo no creo que después del desparramo de billetes que hubo hace 8 días el río se haya limpiado”, concluyó.

Martha Patricia Velarde, de Baviácora, una de las mujeres que participaron impidiendo que las autoridades abrieran los pozos cercanos al río por no estar suficientemente monitoreados, exigió la remediación total del río. Rechazó las declaraciones de la Profepa de que el río ya está limpio, pues el proceso durará años y no dos meses como la dependencia trata de hacer creer.

Celebró que la Cofepris anunciara recientemente que se destinarían 200 millones de pesos del fideicomiso para la emergencia del Río Sonora, para la creación de un hospital de alta especialidad y para la vigilancia epidemiológica, pues había sido una demanda de las y los pobladores afectados. En relación a la decisión de las autoridades de abrir los pozos que se encuentran en la zona de restricción confirmó que no permitirán que se abran pues “Esos pozos en cuanto empiecen a succionar agua del subsuelo, se van a contaminar”, sentenció.

 

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