Nadie sabe lo que tiene…

Editorial EL UNIVERSAL

Nadie sabe lo que tiene…

04 de octubre de 2010

El agua es noticia a últimas fechas por las inundaciones en Veracruz y Tabasco, pero cometeríamos un error si por las lluvias y los huracanes de este 2010 creemos que la escasez es cosa del pasado.

Los municipios, responsables de repartir el agua, pierden en fugas o en tomas clandestinas 43.2% del líquido. Para colmo, más de la mitad de los usuarios, 53%, no pagan o lo hacen a medias. A lo anterior se añade que en realidad no se cobra el precio real del líquido, sino una cuota subsidiada.

La ciudad de México desperdicia al día en fugas el equivalente a 20 estadios Azteca llenos de agua. Análisis de la Universidad Autónoma Metropolitana indican que, de mantenerse los patrones de alto consumo y desperdicio, dentro de siete años colapsará el servicio en el valle de México. La escasez, presente ya en Durango, Morelos, Oaxaca y otros estados, podría desbordar en conflictos sociales.

Y esa es sólo la parte administrativa del problema. La deforestación de las pocas zonas boscosas y selváticas que quedan en México ha dejado a la tierra sin capacidad para filtrar el agua de lluvia. Cada año México pierde 545 mil hectáreas de bosques y selvas, la tasa más alta en América Latina. El líquido ya no está llegando al subsuelo, lo cual impide recargar los mantos de agua dulce.

Pero quizá el mayor agravante es el manejo poco sustentable de la agricultura en México. Más de 78% del agua extraída en este país se utiliza para el riego de 6.3 millones de hectáreas de cultivo. El uso de fertilizantes contamina los ríos, lo cual a su vez daña los ecosistemas de los que dependen poblaciones rurales y actividades industriales pesqueras.

¿Es inevitable un escenario apocalíptico? Por supuesto que no. Ejemplos de ingeniosa recuperación son, por ejemplo, la ciudad de Las Vegas, en el desierto de Nevada, o Israel, país instalado en zona árida. En esas y otras zonas urbanas cada gota se recicla y los escasos mantos acuíferos son constantemente monitoreados para garantizar su sustentabilidad.

En México no se ha hecho lo mismo porque rescatar humedales o construir plantas de tratamiento no da tantos votos como poner carreteras o erigir enormes edificios. ¿Tendrá que ocurrir una catástrofe para que gobernantes y ciudadanía tomen conciencia? Deberían ser suficientes los cortes en el suministro de los últimos años.

Mayor inversión en reparación de fugas, modificar los subsidios según niveles socioeconómicos, detener la deforestación a través del desarrollo sustentable en poblaciones rurales. Tratamiento de aguas residuales en lugar de desfogue hacia ríos y mares, y aprovechamiento de agua de lluvia. No es física cuántica. Las soluciones existen, sólo hace falta voluntad.

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/50117.html

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