Obsoleto Tratado con EU; nos quita el agua del río

Obsoleto Tratado con EU; nos quita el agua del río

Estados Unidos retiene el agua que debería fluir libre por el río Bravo por tratarse de un recurso natural

 

Fuente: Norte

Obsoleto Tratado con EU; nos quita el agua del río

 


Beatriz Corral | NorteDigital

El tratado de 1906 realizado para la entrega y repartición de agua entre México y Estados Unidos es obsoleto y no responde a los criterios establecidos en la Organización de las Naciones Unidas para la distribución del líquido. 

Jorge Salas Platas, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez en temas ambientales y del agua, establece en su libro El tratado de 1906: un reparto desfavorable de agua para México, que el país nunca ha hecho el reclamo de lo que le pertenece por derecho, sometiéndose así a una soberanía absoluta y autoritaria por parte de Estados Unidos, al mantener retenida el agua que debería de fluir de manera libre por el río Bravo, por tratarse de un recurso natural que comparten los dos países. 

“¿Cómo es posible que Estados Unidos administre la cantidad de agua que le corresponde a México?, esto ha sido desfavorable para el país, pero en especial para los agricultores del Valle, que desde aquellos años y ante la apatía de presidentes y diplomáticos, vieron como se acaba una región agrícola próspera como la que ahora gozan los estados norteamericanos beneficiados con el tratado y la construcción de la Presa del Elefante”, expone. 

Informó que debido a que el reparto de agua es un asunto de diplomacia y política internacional, es difícil encontrar fuentes actuales abiertas para la discusión sobre el tema, entre ellos los representantes de la Comisión Internacional de Límites y Agua (CILA), quienes aseguran que nada pasa y que cada gota que se reparte del río Bravo es la correcta. 

Por esa razón Salas Plata afirma que “hace falta un instrumento de política internacional moderno, cuyo propósito sea la resolución de conflictos binacionales por el agua, en especial porque las condiciones de las regiones en los dos países son diferentes”. 

“Actualmente y después de la firma del tratado con Estados Unidos en una convención en 1906, que no fue negociada directamente por la Comisión Interamericanas de Límites (creada en 1889), sino por funcionarios estadounidenses mediante escrito, México recibe sólo 74 millones de metros cúbicos de los 2 mil 500 que se forman únicamente de lado mexicano y que fluyen por el río Bravo. 

“Esta situación es la que mantiene desde 1896 a el Valle de Juárez en crisis, pues no siempre los norteamericanos entregan el agua o cuando lo hacen es menor, por consideraciones de sequía, que afectarían los cultivos de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, parte de Colorado y Wyoming”, dijo. 

Esas decisiones han ocasionado un impacto ecológico de enormes dimensiones porque, “ya no tenemos un río, se han perdido cerca de 60 especies acuáticas, al distrito de riego lo pusieron en un gran predicamento porque evitaron que la economía y la agricultura fuera diversificada y lo confinaron a pastizales, sorgo y alimento para ganado deprimiendo así el desarrollo económico de esa comunidad al igual que la agricultura de nuestra región por decisiones mal enfocadas de soberanía nacional y por injusticias”. 

El investigador aseguró que para proteger a los vallejuarenses nunca se debió perder de vista el enfoque principal, que sostiene “los países deben distribuir las aguas de una manera justa y razonable y al mismo tiempo, manejar responsablemente la cuenca hidrográfica internacional”.

Y para hacerlo se deben considerar factores como la cuenca geográfica, la hidrología, el clima, el uso del agua presente y pasado, así como las necesidades sociales y económicas en cada país, para resolver los desafíos del agua. 

También son fundamentales los costos asociados para satisfacer las diversas alternativas económicas; la disponibilidad de otros recursos naturales, humanos y de capital; las políticas de conservación de agua; y la compensación de los estados que comparten la cuenca.

 

Historia del riego 

 

Años atrás de 1880, Colorado regaba 49 mil hectáreas de tierra con agua del río Bravo, para 1896, la tierra bajo riego ascendió a 129 mil hectáreas, mientras que en la región de Juárez-El Paso, los agricultores empezaron a sentir los efectos de la derivación de las aguas en los estados de Colorado y Nuevo México, porque las entregas de agua del lado mexicano no eran suficientes para satisfacer las demandas de riego que necesitaban los agricultores en ambos países. 

La población de Ciudad Juárez y el Valle de Juárez disminuyó, en ese periodo, de 18 mil 630 a 8 mil 814 habitantes, mientras que su superficie de riego se redujo de 25 mil hectáreas a 6 mil 50, aun cuando la región agrícola era uno de los principales usuarios de las aguas del río Bravo y ha sufrido daños a su agricultura y economía, además de enfrentar problemas de salud pública y ambiental por el uso de aguas residuales y del subsuelo con altos contenidos de sales. 

Antes de que se realizaran los diversos tratados, la única ley que existía era la de ‘apropiación previa’, es decir, la persona que primero utilizaba el agua de forma útil y la seguía utilizando sin interrupción, tenía el derecho de propiedad sobre el agua y este era un derecho de antigüedad basado en la costumbre.

En los años setenta del siglo XIX, EU estaba en busca de enormes cantidades de recursos naturales, así que una táctica utilizada por este país en las negociaciones en materia de agua, fueron las adquisiciones a través de transferencias vía tratados favorables, sin embargo, estos no han generado soluciones adecuadas a las necesidades de agua, tanto en cantidad como en calidad, aunque sí han posibilitado la discusión internacional en estos temas.

Actualmente el crecimiento demográfico explosivo, la disminución de los niveles de agua subterránea y el empeoramiento de la calidad del agua son las características principales de la región Paso del Norte. 

 

Acuerdos firmados 

 

Estados Unidos y México han firmado varios acuerdos, con el propósito de resolver sus respectivas necesidades de agua del río Bravo, entre ellos el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, el de 1906 y el de 1944.

El crecimiento desproporcionado y el desarrollo en material agrícola ha sido tal, que Estados Unidos después de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, extendió su territorio mediante la anexión de los estados actuales de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, parte de Colorado y Wyoming, con los cuales inició su desarrollo agrícola e industrial por medio del control de las aguas de los ríos Colorado y Bravo. 

De 1880 a 1896, principalmente en el sur de Colorado y norte de Nuevo México, se aumentó de 49,000 hectáreas a 129,000 hectáreas bajo riego, lo que suscitó un conflicto doméstico entre los estados de Colorado, Nuevo México y Texas, y un diferendo internacional con México por las derivaciones de agua del río.

Las extracciones de agua en el sur de Colorado y norte de Nuevo México disminuyeron los volúmenes disponibles para la agricultura en la región conocida como Paso del Norte (condados de Doña Ana, Nuevo México y El Paso, Texas, en EU, y Ciudad Juárez, México), por lo que la economía de esa región entró en crisis. 

Aunque para las ciudades norteamericanas esta situación se mejoró, no así para el Valle de Juárez que fue muriendo poco a poco tras la retención por diez años del agua, con el pretexto que se construía la presa, que en un principio se contemplo construirse en las inmediaciones de El Paso, Ciudad Juárez y al final quedó en Texas. 

 

Tratado desigual

 

A fines del siglo antepasado, el asunto del agua se tornó en una disputa entre México y EU; el control de sus aguas causó desacuerdos.

En 1906, el tratado de aguas entre México y EU suministró a México un pequeño flujo anual del río por lo que éste fue el resultado de una controversia entre estos dos países que, desde la perspectiva mexicana, la convención fue desfavorable para México. 

Y aunque el litigio se llevó en el plano diplomático, las asignaciones de agua no reflejaron un respeto por las leyes de la costumbre, ni demostraron la intención de no causar daños económicos ni ambientales a México, ni tampoco demostró la voluntad política del ejecutivo federal en ese entonces (Porfirio Díaz) de hacer valer el derecho de los mexicanos, en este caso de los agricultores del Valle de Juárez, en materia de agua. 

Al contrario la posición de EU se basó en una concepción de absoluta soberanía, misma que en las nuevas reglas para la distribución de las aguas binacionales a la fecha es un obstáculo para un reparto equitativo. 

Desde principios del siglo pasado la aplicación del Tratado de 1906 significó un reparto desfavorable de las aguas del río Bravo para México y un estancamiento histórico de la economía de la ciudad, sobre todo, para el Valle de Juárez.

El cual para revertirlo requiere de la aplicación de nuevas reglas para una redistribución de las aguas del río, aplicando las Reglas de Helsinki, donde se toman en cuenta las características específicas de la región Paso del Norte en lo social, económico y político.

 

Aportamos más

 

Empezando en las ciudades de El Paso y Ciudad Juárez, el Río Grande, mejor conocido como río Bravo forma la frontera entre los estados mexicanos de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas con el estado de Texas y sus principales tributarios en México son el río Conchos, San Rodrigo, Álamo y San Juan, mientras que los ríos Pecos y Diablo son los principales tributarios en Texas. 

El volumen de agua que llega a El Paso es de casi 2 mil 200 millones de metros cúbicos y representa el flujo en Estados Unidos, toda vez que México contribuye con el agua hasta el Golfo de México, con casi 2 500 millones de metros cúbicos. 

El río fluye de la parte sur del estado de Colorado en EU hasta las presas del Elefante y el Caballo en Nuevo México; estas presas sirven como estructuras de control de escurrimientos y como almacenamiento para la agricultura de riego.

Por todas estas causas el investigador concluyo al recalcar, “los efectos que han traído esas decisiones mal tomadas nos han dañado muchísimo y en la actualidad terminaron con las comunidades consideradas como agrícolas, las cuales han tenido que sobrevivir con dotación de agua residual, dañina para los cultivos”. 

http://www.nortedigital.mx/article.php?id=4365

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