Pacto y emergencia

Pacto y emergencia

Francisco Valdés Perezgasga

  • 2011-08-07•Acentos

En La Laguna estamos sumidos en una grave crisis de salud pública por la presencia de altos niveles de arsénico en el agua que bebemos. Increíblemente, las autoridades sanitarias no han intervenido en ningún sentido para hacer frente a esta situación. En 2008 la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, Cofepris, elaboró una nueva norma que ponía el contenido de arsénico en el agua potable al nivel recomendado por la Organización Mundial de la Salud, 10 microgramos por litro. Este proyecto de norma fue torpedeado y derrotado por el cabildeo de la Conagua y de la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento, ANEAS, a la que pertenecen SAPAL, SIDEAPA y SIMAS, los organismos operadores de Lerdo, Gómez Palacio y Torreón. Fuera de esa tímida intervención, nada han hecho las instancias gubernamentales encargadas de vigilar por nuestra salud.De las pocas

rescatables de esta crisis sanitaria es que nos hemos dado cuenta que el agua es mucho más que una mercancía. El agua es la fuente de la salud y de la vida. Por haberla considerado durante tanto tiempo una mercancía es que no la cuidamos, permitimos su mal uso y caímos en este grave predicamento. La autoridad cedió al poder de los adinerados que se beneficiaban de la demencial minería del agua y nunca los vigiló ni los controló y menos los sancionó. La ciudadanía miró para otro lado sintiendo un vago orgullo de ser sede de la principal industria lechera del país. Y así llegamos a la situación actual.

La situación crítica parece que está haciendo reaccionar ya a algunos sectores del gobierno y a la sociedad cuya salud está siendo vulnerada por la sobreexplotación del acuífero. La semana pasada, la Comisión Nacional del Agua desarrolló un operativo especial en el que clausuró 179 pozos ubicados en los acuíferos de Ceballos, Oriente-Aguanaval, y Principal de la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango. A cien pozos se les instaló una tapa metálica debido a que no contaban con título de concesión, en 49 se puso un sello por no tener medidor o no tenerlo funcionando. Se instalaron 27 mallas ciclónicas en aquellas norias de un mayor diámetro al registrado; y se puso cemento para clausurar de manera definitiva tres pozos abandonados. Por otra parte, se multiplican las voces ciudadanas, como la del Encuentro Ciudadano Lagunero, expresando alarma y ofreciendo propuestas para su solución. Pero esto no basta.

Tenemos que encontrar una solución pactada, que nos asegure -primero- que nadie beba un día más agua envenenada, lo que implica el uso juicioso y certero de la tecnología. Tenemos que tomar otras medidas de aliento más largo como encoger la superficie de cultivos, reducir el número de vacas, mejorar las técnicas de irrigación. Cultivar los alimentos que La Laguna necesita y no los que ambicionamos venderle a todo el país. Pero ante todo, tenemos que buscar un reacomodo con la naturaleza. Ver en ella lo que hicimos mal y recoger nuestros pasos para volver a la situación original que permitió el nacimiento de nuestra orgullosa comarca. Esto implica revivir nuestros ríos, reforestar sus cuencas, re-conectarlos con sus acuíferos, ordenar la extracción de agua y así resarcir nuestras reservas subterráneas.

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