Por la falta de agua potable serán las crisis del siglo XXI

06-04-2014 http://www.eldebate.com.ar/images/lineapuntos.gifUN MAL QUE AFECTA A 1500 MILLONES DE PERSONAS


Desde estas páginas ya nos hemos ocupado de decir que, según lo que pudimos comunicar de aquel congreso del agua en los Institutos de Pre-fectura Naval Argentina, con más de 3000 participantes del año 2000, cuando se llegó a la conclusión que el agua potable, será el motivo de la tercer guerra mundial. Hoy ofrecemos la primer entrega de un infor-me sobre este tema de Nicolás Camargo Lescano de la Agencia CTyS.

La agricultura (70 por ciento), la industria (20 por ciento) y el consumo humano (10 por ciento) concentran la demanda mundial en condiciones de “profunda inequidad social”. La falta de acceso al agua potable causa diariamente la muerte de 4.000 niños y dos millones de personas adultas mueran por año producto de enfermedades del agua.
Abrir la canilla para servirse un vaso de agua, lavarse las manos, regar las plantas. Actividades aparentemente tan comunes y corrientes son para mucha gente un verdadero servicio de lujo: más de 1500 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso al agua potable. Y el panorama, a futuro, parece empeorar.
“La crisis del siglo XXI va a ser la crisis del agua y del ambiente” advierte a la Agencia CTyS Aníbal Faccendini, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales y director de la Cátedra Libre del Agua de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). “Se puede vivir sin celular ni televisión, o incluso pasar un mes sin comer sólido, pero no se pueden pasar más de 72 horas sin líquidos. El agua es un elemento insustituible y constituyente de la vida en el pla-neta”, explica.

Fuentes de un
elemento imprescindible
Muchos opinan que el planeta Tierra debería haberse llamado en realidad Agua, ya que está constituido en un 70 por ciento por este elemento. Sin embargo, de esta enorme cantidad apenas un 3 por ciento es agua dulce y apta para el consumo humano.
Este pequeño porcentaje está comprendido por un 77 por ciento que corresponde a capas de hielo y glaciares y otro 22 por ciento está presente en las aguas subterráneas. El restante se encuentra en lagos y lagunas.
Según detalla la doctora en Química y directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios del Agua, Alicia Fernández Cirelli, estos recursos hídricos se pueden dividir en no convencionales (es decir, la reutilización de aguas residuales) y convencionales, que comprenden las aguas superficiales (ríos, embalses y lagos) y las aguas subterráneas, como acuíferos.
Precisamente, uno de los acuíferos más importantes a nivel mundial es el Guaraní, cuya explotación es compartida por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, de acuerdo a lo establecido en un acuerdo firmado en agosto de 2010. En ese pacto, los países se comprometieron a aplicar “criterios de uso racional y sustentable, respetando la obligación de no causar perjuicio al medio am-biente”.
“El volumen total del agua del Guaraní es de 30 mil kilómetros cúbicos, aunque las reservas explotables están dentro de los dos mil kilómetros cúbicos”, señala Néstor Santa Cruz, doctor en Ciencias Naturales y especialista en hidro-geología.
El académico explica además que si bien no existen estadísticas sistemáticas sobre la extracción y utilización de las aguas subterráneas, a escala global se estima que los acuíferos proporcionan cerca del 50 por ciento del abastecimiento actual de agua potable, el 40 por ciento de la demanda de agua para la industria y el 20 por ciento del agua utilizada en la agricultura.
A su vez, esta agua es sometida a distintos procesos con el fin de evitar posibles riesgos para quienes la consuman. Según diferencia Fernández Cirelli, existen dos tipos de contaminaciones: la microbiológica y la química. “La contaminación microbiológica afecta a grandes porcentajes de la población, y genera mortandad y enfermedades. Muchas camas de hospitales están ocupadas por personas que han consumido agua en mal estado”, asegura.
En cuanto a la contaminación química, la directora del CETA explica que esta se da generalmente a largo plazo con la acumulación de estas sustancias tóxicas en el cuerpo, las cuales pueden llegar a ser carcinógenas. “En la Argentina, por ejemplo, uno de los contaminantes más comunes es el arsénico, que está presente en aguas subterráneas de Santiago del Estero, La Pampa o la provincia de Buenos Aires, por ejemplo”, asevera.
Por su parte, Santa Cruz señala que muchas veces, ya sea de forma directa o indirecta, la contaminación se genera por una influencia de las actividades humanas, como la urbana, la industrial, la agropecuaria, la minera, la petrolera, e incluso por la explotación intensiva de los acuíferos u obras inadecuadas.
“En Argentina- agrega el académico- se presenta una amenaza creciente a la sustentabilidad de las fuentes de agua superficial y subterránea, ya sea por prácticas agrícolas no conservacionistas, la deforestación, el uso de agroquímicos y particularmente la urbanización, que perturban el balance hídrico y las condiciones de calidad de las fuentes”.
El próximo domingo segunda parte

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