Propósitos inconfesables

Propósitos inconfesables

Carlos Gómez Flores

   

 

  • 02 diciembre 2012
  • El género humano parece ignorar, como uno de sus grandes propósitos, el cuidado del agua para su sobrevivencia

El ser humano podría no ser llamado únicamente terrícola por denominarse así al planeta en el que habita. Por su propia morfología física que contiene agua, y hasta porque éste recurso es el componente más abundante de la Tierra, el hombre podría ser llamado también aguícola, —que me disculpen los expertos en lingüística—, sin embargo, y a pesar de esta condición intrínseca que lo conforma, el género humano parece ignorar como uno de sus grandes propósitos el cuidado del agua para su sobrevivencia.

Tanto en el uso agrícola como para en el uso urbano del agua se presentan grandes problemáticas. En el campo no se le da al agua el valor específico que debiera tener, en función a su costo alternativo. Se debería regular, sin dar lugar a corrupción alguna, la distribución del agua para los cultivos agrícolas, especialmente para los monocultivos que sirven para alimentar al ganado vacuno.

Para el consumo humano el agua representa un servicio no carente de desperdicios notables ya que por un lado, los usuarios en las ciudades no tienen un buen cuidado de ella y por otro lado, una buena cantidad del agua distribuida se pierde en las fugas de las viejas tuberías subterráneas. 

Para enfrentar esta última problemática debemos cambiar los patrones de consumo y pago citadinos de agua y por supuesto, el costo de mercado del agua debe corresponder a su verdadero valor. Todos tenemos el derecho a consumir el agua, pero de manera sustentable y con el costo justo. 

¿Qué sucede en el sector industrial con el uso del agua? Aunque hay refresqueras que se apropian de sitios con agua y devastan sus mantos acuíferos para producir refrescos con altos contenidos calóricos y agua embotellada, puedo asegurar que existen cada vez más empresas que tienen plantas de tratamiento de aguas residuales. Cada vez más los empresarios están conscientes que tienen como un deber ambiental, emplear en sus procesos productivos, aguas residuales tratadas con la finalidad de hacer ahorros en su consumo.

La Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA) fundada en 1941, se compone de trece sectores —con la reciente incorporación del Sector de Economía Verde—  y  cuenta con cien ramas industriales. La historia reciente de la rama 87 del Sector de Bienes de Capital, que congrega a “Fabricantes de equipo para el tratamiento y servicios del agua”, es la historia de lo que no debe seguir ocurriendo en nuestro País, más ahora que la escasez del agua y su sobre explotación, nos deben obligar a manejarla sustentablemente.  

En los años noventas del Siglo XX, la rama 87 se componía de casi una centena de empresas cuya directiva organizaba congresos anuales y exposiciones sobre el tema de las plantas potabilizadoras. Se generaban empleos, y la tendencia era virtuosa pues había una cadena de valor implícita que incluía a otras empresas mexicanas. Pero llegó la competencia extranjera y en poco tiempo, la rama fue albergando a representantes comerciales de empresas trasnacionales que no usaban en su producción insumos locales. Hoy día, esta rama se compone de sólo siete empresas que se dedican a producir implementos para plantas potabilizadoras. 

¿Y qué ha ocurrido con las plantas de tratamiento de agua que se importaron? La mayoría de estas plantas no está funcionando porque en su momento no fue considerada como indicador la calidad del agua que habría que tratarse. 

Habiendo tecnología mexicana y empresarios locales lo idóneo es que se apoye a la industria nacional que ha demostrado que puede ser competitiva. Sin embargo, y como eco de una situación kafkiana, en el año 2011 se inauguró en la Delegación Iztapalapa una mega planta de tratamiento de aguas residuales… ¡Importada!

Extrañados ante esta adquisición, industriales de CANACINTRA encabezados por el ingeniero Carlos González Fish, de la mano de investigadores del IMTA, realizaron una auditoría a dicha planta. Se determinó que estaba mal diseñada para las necesidades locales y que no cumplía con la norma. Pienso que quizá esta planta importada cumplía con propósitos no confesables. 

http://www.vanguardia.com.mx/propositosinconfesables-1429439-columna.html

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