Se agota el agua de La Laguna

 

Se agota el agua de La Laguna

Francisco Valdés Perezgasga | Milenio Laguna, domingo 28 de julio 2013.

 

En 1969 Elisabeth Kübler-Ross estableció un modelo que describe como enfrentamos la pérdida o la muerte. Su libro, “Sobre la muerte y el morir” significó una revolución en la manera en que los médicos tratan a los enfermos terminales. Su lista de etapas sucesivas no pretende ser un conjunto cerrado. De hecho, Kübler-Ross acepta que la reacción de cada individuo es tan única como el individuo mismo. Más tarde, este modelo fue ampliado no sólo para la muerte, sino para cualquier evento traumático extremo que amenace con alterar nuestras vidas.

Las cinco etapas son: la negación (estoy bien, esto no está pasando); la rabia (¿Porqué a mí? ¿A quien puedo culpar?); la negociación (haría cualquier cosa por tener unos meses / años más, daría todo lo que tengo por…); la depresión (¿Ya para qué hago esto? ¿Para qué le sigo?) y, finalmente, la aceptación (el cambio es inevitable, mejor me preparo). No es raro que esta última etapa sea alcanzada primero por el enfermo terminal que por otros.

A pesar del optimismo desbordado de los promotores del Estado de La Laguna, nuestra comarca está enfrentando una amenaza terminal: el agotamiento del agua. Un evento paradójico sin duda, habida cuenta que contamos con muchísima más agua que muchas zonas metropolitanas del norte de México. Hermosillo, Ciudad Juárez, Chihuahua, Saltillo, Monterrey, Durango y Zacatecas no cuentan con dos grandes ríos como el Nazas y el Aguanaval. Quizá sólo la Zona Metropolitana de Delicias-Meoqui-Saucillo-Rosales tiene una poderosa razón para no envidiarnos: el Río Conchos. El gran problema de La Laguna -pero quizá no de Delicias- es que esa agua en abundancia que nos escurre cada año desde la Sierra Madre Occidental -y la que en milenios pasados se infiltró en el subsuelo- la usamos muy mal, en cultivos inapropiados para nuestro clima. Me refiero a los forrajes, en especial la alfalfa.
Desperdiciar el agua de esa manera es exhibir a los ojos del mundo el desprecio por un recurso que debería sernos precioso. Se exhibe así un desprecio por el futuro. En 2007 el entonces secretario de salud, José Ángel Córdova Villalobos, señaló, en el marco de la LXXXVI Reunión Nacional Extraordinaria de la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina que el arsénico en el agua en La Laguna era ya un foco rojo que requería de una acción urgente. Los estudios del IMTA, la Conagua y la UNAM apuntan de manera unánime a la sobreexplotación del acuífero como la causa de la aparición de este tóxico metaloide en el agua que bebemos. Y una sociedad envenenada, sin agua, no tiene futuro.

Vivimos entonces en la paradoja de ser una población sedienta y enferma en una situación hidrológica privilegiada. Una paradoja que debemos resolver con inteligencia y equidad. Una paradoja que no se resuelve volteando a las cuencas vecinas a ver de donde podemos traer más agua para continuar en el mismo tenor. Una paradoja que sólo se resuelve frenando el abuso ilegal de extraer del subsuelo y de los ríos más agua de la que los concesionarios tienen derecho.

La alarma de Córdova Villalobos de 2007 resuena hoy con la que del Ing. José Armando García Triana, de la Conagua, quien hace unos días, en estas páginas, anunciaba la desecación de 700 pozos como ejemplo del agotamiento del acuífero. Declaraba: “No hay nadie, ni ambientalistas, ni no-ambientalistas, ni agricultores, ni ganaderos que no estén conscientes de la necesidad de hacer algo respecto al acuífero”. La realidad tardó horas en desmentirlo.

El Consejo Ciudadano por el Agua, que cada día más parece ser la voz de la mayor empresa lechera y de los constructores, rápidamente declaró que el titular del Organismo de Cuenca Cuencas Centrales del Norte, era un alarmista. Que no era cierto que se hubieran secado 700 pozos, que tan sólo habían sido reubicados por “colapsos de ademes, incrustaciones en ranurados, incremento de tramos, reubicaciones y clausura por caducidad”. Eufemismos para evadir decir que se secaron. Que se incrementan los tramos porque se desploma el nivel del acuífero, que se reubican porque ya no rinden, que caducan pues porque ya no dan.
Los dueños del agua en La Laguna parecieran estar experimentando simultáneamente las primeras tres etapas del modelo Kübler-Ross: la negación (es una exageración), la rabia (los ataques velados y no tanto a sus críticos en los medios) y la negociación (si nos dan ocho mil millones de pesos prometemos usar 450 millones de metros cúbicos de agua menos). Esperemos que no duren mucho en la depresión y que no tarden mucho en llegar a la aceptación. Porque solo desde la aceptación se resuelven los problemas. Es lo que necesitamos todos y lo necesitamos ya.

 

http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9187345

 

Leave a reply