Tan cerca y tan lejos del agua potable

Tan cerca y tan lejos del agua potable

Viven rodeados de presas, manantiales y ríos, pero en sus casas las tuberías están secas

Domingo 03 de julio de 2011 Thelma Gómez Durán/ Enviada | El Universal

VILLA VICTORIA, Edomex.— En estas tierras se vive una paradoja. Victoria Remigio la padece desde que nació. A sus 55 años, no sabe lo que es abrir la llave de su casa y tener agua potable al alcance de la mano. Y no es que viva en un desierto. Aquí hay bosques, ríos, manantiales y una presa. Victoria la mira cada que va con su burro cargado de botes a buscar agua. A esta mujer de poco le vale vivir a menos de un kilómetro de la presa Villa Victoria, que forma parte del Sistema Cutzamala que abastece al valle de México. El agua que ella mira todos los días llega a las casas de quienes están a casi 100 kilómetros de ahí.

Esa es la contradicción que viven indígenas mazahuas y otomíes de los alrededores del Cutzamala. Para ellos el agua está cerca y tan lejos. Y cada vez se aleja más. Victoria Remigio lo siente así. Durante años, ella y sus vecinos de la comunidad de San Marcos se abastecían de dos manantiales. De ahí sacaban para lavar, bañarse, cocinar y beber. Hace un año se secó un manantial. Sólo quedó otro para la comunidad.

La falta de agua potable en esta región fue denunciada con fuerza por un grupo de mujeres mazahuas que, en 2004, organizó un movimiento en defensa del agua. En ese entonces y hasta 2009, hicieron marchas, levantaron la voz y cerraron las válvulas del Sistema Cutzamala. Su exigencia principal era contar con agua potable en sus casas. Firmaron acuerdos con el gobierno federal, pero nada.

Igual que lo hacía cuando era niña, Guillermina Solís Solís —ahora con 34 años y dos hijos— carga su burro con cuatro botes, de 20 litros cada uno. Aquí son los niños, adolescentes y mujeres quienes se encargan de buscar y llevar el agua a sus casas.

Todos los días, Guillermina camina hacia el pozo del que saca agua para ella y seis personas más. Vive en el barrio del Vivero, frente a la presa Villa Victoria. Muy cerca de ahí se construyen las obras de modernización del Sistema Cutzamala, para garantizar el abastecimiento de agua potable al valle de México. Paradojas de estas tierras.

Los beneficiarios

Cada segundo, 10 delegaciones del Distrito Federal y 13 municipios del Estado de México reciben 14 mil 700 litros de agua gracias al Sistema Cutzamala, que tuvo sus orígenes en los años 40 y que sufrió toda una metamorfosis cuando comenzó a crecer la demanda de agua potable en el valle de México.

Antes de ser el Cutzamala, éste era el Sistema Hidroeléctrico Miguel Alemán. Su fin era generar energía eléctrica. Para construir esta hidroeléctrica, en 1947 el gobierno federal expropió 4 mil 40 hectáreas de 15 núcleos ejidales, pero nunca se pagó a las comunidades la expropiación, explica el abogado Santiago Pérez Alvarado, vocero del movimiento de resistencia del Río Temaxcaltepec y asesor de las mazahuas.

Fue hasta 2008, después de una larga insistencia y demandas legales, que uno de los ejidos logró que se le pagaran 31 millones de pesos por 700 hectáreas. “Aún falta que se pague la expropiación de tierras a 14 ejidos”, comenta el abogado.

En los 70, ante la mayor demanda de agua, se decide transformar el sistema hidroeléctrico en uno de potabilización. Así se inaugura el Cutzamala, el 3 de mayo de 1982. El sistema, que se alimenta de aguas superficiales y de lluvia, inicia en Agostitlán, Michoacán, y pasa por varias presas, entre ellas El Bosque, Valle de Bravo y Villa Victoria.

En 2009, el Cutzamala vivió tiempos críticos. La sequía que afectó al país dejó varias presas con niveles muy bajos. Los focos rojos se prendieron. Se corría el riesgo de que el valle de México se quedara sin agua.

Antonio Gutiérrez, director general de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), explica que la crisis de 2009 puso sobre la mesa la necesidad de modernizar y terminar obras del proyecto original que habían quedado inconclusas.

Estas obras, iniciadas hace unas semanas, incluyen la construcción de un sexto módulo de potabilización, de una deshidratadora de lodos y de la tercera línea de contención del sistema; además, se planea terminar los tanques de almacenamiento que se habían dejado a la mitad, entre otras labores.

En el pasado, las obras no se terminaron —explica Gutiérrez— porque el sistema “estaba dando lo suficiente, en cuanto a rendimiento y volumen, y nunca se había presentado un problema tan fuerte de necesidad de agua”, como el que se vivió en 2009.

La Conagua invertirá mil millones de pesos en los trabajos de modernización del Cutzamala, obra que “cada vez es más importante para la sustentabilidad hídrica del valle de México”.

Cuando se terminen estas obras de modernización, la Conagua planea realizar la cuarta etapa del Sistema Cutzamala, que busca incorporar agua del río Temaxcaltepec. La comunidad del mismo nombre ya comenzó a organizarse, advierte Santiago Pérez, porque “no está dispuesta a que se lleven más de sus aguas al valle de México”.

Un valle de México donde cada habitante consume, en promedio, 320 litros de agua al día, cuando el ideal debería ser de entre 220 y 250 litros por persona, dice Gutiérrez Marcos.

En las tierras mazahuas, Victoria y los cinco integrantes de su familia utilizan seis botes de 20 litros de agua cada uno. Es decir, 120 litros diarios para cinco personas. Ellos tienen que vivir cuidando el agua, porque no es fácil caminar media hora para encontrarla.

Obras van, promesas se quedan

Juan Bartolo Vidal recuerda los días en que los habitantes de Pueblo Nuevo, municipio de Amanalco, se unieron al movimiento por la defensa del agua de las indígenas mazahuas. “Fuimos a varias reuniones, participamos en la toma del Cutzamala. Nos unimos. Prometieron que se formaría un fondo regional para estos municipios y a la fecha no se sabe nada”.

Junto con cinco hombres más, Juan Bartolo Vidal repara la fuga del pozo que abastece de agua a su comunidad. El pozo está junto a un delgado río que crece durante los tiempos de lluvia y va a dar a Valle de Bravo. Ese pozo sacia la sed de los casi mil habitantes de Pueblo Nuevo. “Si se seca este manantial, no sé qué haríamos”, dice Juan Bartolo.

Desde 1972, la comunidad ha buscado la forma de tener agua potable. En los años 80 lograron que se construyera una red de abastecimiento, pero ésta quedó inconclusa porque los habitantes de la comunidad vecina no les permitieron tomar el agua de su pozo.

“Hemos buscado tener agua muchas veces, pero no lo hemos logrado”, dice Juan Bartolo. Y recuerda que en tiempos electorales la promesa de los políticos es llevar agua potable al lugar. “Pero nada más se acuerdan que existe Pueblo Nuevo en elecciones. Después, ni sus luces”.

En el municipio de Amanalco, donde se ubica Pueblo Nuevo, hay poco más de 400 manantiales. Sus ríos abastecen a la presa del Valle de Bravo que forma parte del Sistema Cutzamala. Juan Bartolo y los hombres que le ayudan en la faena reclaman: “Nosotros cuidamos los bosques que ayudan a que exista esta agua. ¿Y qué recibimos a cambio? Nada. Hacemos la talacha para que los de la ciudad vivan bien y no nos toman en cuenta”.

 

En Pueblo Nuevo, la falta de agua potable también provoca que siga sin estrenarse la clínica del IMSS-Oportunidades. Su construcción terminó en agosto pasado y desde entonces ahí está, con su tubería seca.

Por eso, Juan Bartolo dice que se sienten “ciudadanos de segunda”; y Félix Santana completa: “Nos sentimos discriminados, ¿por qué otros sí tienen agua y nosotros no?”.

Las obras de modernización del Sistema Cutzamala no contemplan, por el momento, llevar agua potable a las comunidades de la zona mazahua y otomí. Antonio Gutiérrez Marcos, director general de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, señala que la construcción de infraestructura para llevar agua a estas comunidades corresponde a gobiernos municipales.

Asegura que el gobierno federal destina recursos, a través de varios programas a los municipios de la región para el desarrollo de la infraestructura y así atender la demanda de agua potable.

Pero los números muestran que esas obras no llegan.

Por ejemplo, en el municipio de Villa Victoria, de las 18 mil 724 viviendas existentes, sólo 9 mil 361 cuentan con red pública de agua potable.

Victoria Remigio, Guillermina Solís y Juan Bartolo esperan que algún día las obras se realicen. Así dejarían de cargar botes en los lomos de los burros para tener agua. Así sabrían lo que es abrir una llave y tener ahora sí, el agua cerca, al alcance de sus manos.

http://www.eluniversal.com.mx/nacion/186759.html

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