Tiranos hidráulicos

Tiranos hidráulicos

Francisco Valdés Perezgasga

·         2011-03-27•Acentos

Mirando a nuestro alrededor, atestiguando la desgracia lagunera, hay lugar de sobra para el pesimismo. Vivimos en lo que el sociólogo Karl August Wittfogel describió como la sociedad hidráulica. Iría más lejos en el razonamiento de este pensador alemán-americano fallecido en 1988 para ubicar a La Laguna como un imperio hidráulico, o más aún, una tiranía hidráulica. Jared Diamond en “Colapso” sostiene que la escasez lleva en ocasiones a la centralización del poder para ganar control sobre esos recursos. Wittfogel desarrolló este argumento en el terreno del agua.

Pero en nuestra tiranía hidráulica, manejada por una aristocracia hidráulica, el control del recurso no es para asegurar su duración, su permanencia, su sustentabilidad. Es una tiranía que ve el agua, elemento central de toda la vida en la tierra, como un metal precioso: un recurso que debe ser extraído, procesado y transformado en dinero. Esta no es sino la conclusión, lógica y cruda, a la que se llega una vez que un bien tan precioso como el agua empieza a verse y a tratarse como una mercancía.

Nuestra aristocracia hidráulica trabaja con gran eficacia bajo esta lógica minera para terminar con un recurso vital para la naturaleza y vital para la sociedad. Esta eficacia puede verse en las increíbles fortunas que esta aristocracia ha amasado y que hoy son hoteles, aerolíneas y envasadoras de leche desperdigadas por todo el territorio de México y de los Estados Unidos. Desgraciadamente, esta eficacia de volver oro el agua también puede verse en la destrucción sin orilla de los humedales del Desierto Chihuahuense y en los alarmantes niveles de arsénico en el agua que bebemos y la epidemia de cánceres y diabetes que padecemos. Desde la óptica del columnista de negocios, nuestra aristocracia hidráulica está poblada de héroes. Desde la del ecólogo, el toxicólogo y el epidemiólogo, está plena de villanos.

Esta no es una tiranía que surgió de una clase guerrera o sacerdotal. Es una tiranía y una aristocracia que nacen al amparo de la protección del estado, aquel estado cuya razón de ser debía de ser el bienestar común. Para la tiranía hidráulica el agua es gratis. La electricidad, necesaria para extraer el agua de las entrañas de la tierra, es gratis. El estado los ubica en régimen fiscal de excepción en el que prácticamente no pagan impuestos. El estado les transfiere cientos de millones de pesos al año en subsidios como los de FOLECHE. Y hoy, cuando la crisis en los precios de los alimentos empieza a erosionar sus ganancias, los tiranos hidráulicos exigen al estado más protección y más subsidios para continuar el expolio y la destrucción.

¿No cree usted que llegó ya la hora que el estado recobre la cordura y eche a andar mecanismos correctivos que disuelvan esta tiranía que nos lleva a la ruina? ¿No cree usted que llegó ya la hora que las laguneras y los laguneros nos rebelemos para instaurar la sustentabilidad de La Laguna y la democracia hidráulica? ¿No cree usted que llegó el momento de asegurar ya que el agua sea para siempre y que el agua sea para todos?

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