UAM: México enfrenta graves problemas de escasez de agua

UAM: México enfrenta graves problemas de escasez de agua

El riesgo de deslaves e inundaciones es una razón para preservar los bosques, explican. A medida que perdemos áreas se reduce la capacidad de cosechar el líquido.

 

La deforestación de una hectárea representa la pérdida de miles de metros cúbicos del recurso. Foto: Jesús Quintanar

México.- La deforestación de una hectárea representa la pérdida de miles de metros cúbicos de agua y se convierte en un factor de alto riesgo de deslaves e inundaciones catastróficos, advierten especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y organizaciones en pro del medio ambiente, como Cultura Ecológica AC.

En México la pérdida de ecosistemas terrestres se mantiene en un ritmo de 250 mil hectáreas al año, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal, lo que en los últimos años ha generado inundaciones y deslaves en diversas entidades del país.

La investigadora Lilia Rodríguez, de la UAM, asegura que la deforestación causada por el cambio de uso de suelo y la tala ilegal, principalmente, amenaza la disponibilidad total del recurso hídrico en el país.

Según la FAO, el valor total de los beneficios ambientales que brindan los bosques y selvas de México asciende a 136 mil 770 millones de pesos.

El principal provecho proviene de la captación de dos tercios del agua que se consumen en el país, así como de los servcios que generan los 13 millones de mexicanos que viven en bosques y selvas.

Jorge Morales, también especialista en materia hidráulica de la UAM, explica que la gravedad del problema radica en que los suelos forestales absorben cuatro veces más agua de lluvia que los suelos cubiertos por pastos y 18 veces más que el suelo “desnudo”.

Ambos investigadores de la UAM precisan que aunque hay quienes no encuentran relación entre el agua y los bosques, la realidad es que juegan un papel fundamental al capturar agua dulce que abastece a las poblaciones humanas para satisfacer sus necesidades del líquido.

“En las regiones boscosas la lluvia es asimilada por la espesa vegetación, los escurrimientos naturales forman arroyos, ríos, y lagos; y el agua que se infiltra en el subsuelo forma depósitos conocidos como mantos freáticos o acuíferos debido a las características geológicas de las capas profundas del suelo”, detallan.

Sin embargo, afirman que en México la mayoría de los asentamientos poblacionales abastecen sus requerimientos de agua extrayéndola del subsuelo, lo que ha creado la “falsa idea” entre la población de que el agua se encuentra en depósitos inagotables en el subsuelo y es por lo tanto un recurso “ilimitado”.

Como ejemplo explica que en la Ciudad de México tres cuartas partes del agua usada se extrae del subsuelo; en León, Guanajuato, Mérida y Mexicali prácticamente toda el agua es de origen subterránea.

“La existencia de los mantos freáticos se debe a la captación del agua a través de la capa forestal, servicio ambiental fundamental para proteger los bosques del país”, subrayan.

 

La degradación

En 2010, más de cien casas fueron sepultadas por un alud en Angangueo, Michoacán. Durante cinco días, una tormenta que rebasó los pronósticos de las autoridades dejó un saldo de 27 muertos y al menos 80 desaparecidos.

Al hacer un sobrevuelo por la zona afectada, la Secretaría de Desarrollo Social detectó la causa del deslave: una parte del cerro fue deforestada por talamontes.

Tomás Severino, presidente de Cultura Ecológica AC, comenta que el riesgo de deslaves e inundaciones es una de las razones fundamentales para preservar los bosques.

Al conservarlos, dice, difícilmente van a generan un alud, porque la tierra retiene el agua, de lo contrario el agua se vuelve lodo y eso puede caer en una carretera o sobre un poblado como sucedió en Angangueo.

Expone que 44 por ciento del territorio mexicano es de montañas, por ello es importante mantener en ellas los ecosistemas forestales a fin de evitar inundaciones y deslaves en las comunidades aledañas.

Señala que hay actividades productivas como la agricultura y la gandería que a su vez son “muy depredadoras” de bosques.

“La complicación comienza en que tumban bosques para hacer sembradíos, pero después ya no hay agua, y la agricultura ocupa 60 por ciento del líquido que se consume en el país”, afirma.

Eduardo Vázquez, presidente del Consejo Consultivo del Agua, expone que en términos generales la relación de los bosques y el agua es un tema complejo y de suma atención a escala nacional.

“La realidad en la problemática del agua varía de localidad a localidad porque hay estados donde generalmente se refleja a través de inundaciones y otros estados se enfrentan con mayor frecuencia a la escasez, todo esto exacerbado por los efectos del cambio climático”.

En Tabasco y Chiapas, precisa, hay un problema de tala ilegal, lo que ha generado el desgajamiento de cerros y mayores inundaciones.

El agua se agota

La deforestación disminuye la disponibilidad natural del agua, reduciendo el recurso para las necesidades de la población y las actividades económicas, lo que afecta el desarrollo económico y social de las regiones afectadas, advierten Lilia Rodríguez y Jorge Morales, investigadores de la UAM.

Enfatizan que la relación agua y bosques tiene sus especificidades en cada región del país o del mundo; sin embargo, se mantiene la relación fundamental de que a mayor vegetación mayor presencia de lluvia y, por lo tanto, de agua. “Es así que a medida que perdemos bosques se reduce la capacidad de cosechar agua, se destruye el hábitat de plantas y animales y se afecta la vida de los que habitan el ecosistema, incluido el hombre”, sostienen.

Los expertos alertan que el país enfrenta graves problemas de escasez de agua, lo que resulta sorprendente dada su capacidad de almacenar el recurso (139 millones de hectáreas forestales).

Añaden que es momento de que la población deseche la idea de que el agua es un recurso “inagotable”, que conozca que su disponibilidad depende de la captación de agua de los bosques, de la importancia de administrar correctamente los usos diversos del agua, aumentar su eficiencia y crear una nueva cultura del agua.

Luis Velázquez • Milenio

http://www.milenio.com/node/617817

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