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Seguridad y desabasto de agua se imponen

Seguridad y desabasto de agua se imponen

La promesa de mantener a la capital “como una ciudad segura” y de resolver el problema hidráulico, las ofertas que predominaron

Escrito por Tomado de Diario La Razón

 

 

Las calles cerradas, la falta de un hueco donde acomodarse, el sol de medio día quemaba la piel, el incendio accidental de una bandera… nada fue impedimento para que ayer miles de personas afines al Partido de la Revolución Democrática (PRD), abarrotaran la Plaza de la Revolución en el arranque de campaña del candidato de las izquierdas, Miguel Mancera.

Fueron alrededor de 68 mil las personas que estuvieron presentes, de acuerdo con reportes de la Policía capitalina. Todas llevaban alguna prenda amarilla o blanca, los colores que tapizaron el lugar. Mantas, banderas y globos con el rostro del candidato se veían por doquier. Cuando Mancera llegó, la gente le gritaba, buscaba acercársele, saludarlo, darle un beso o un abrazo.

Por eso tardó casi 20 minutos en recorrer Avenida de la República y subir al templete en el que ya lo esperaban el líder moral del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas; el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard; el presidente nacional del sol azteca, Jesús Zambrano; la aspirante al Senado, Dolores Padierna; el candidato también a una senaduría, Mario Delgado; el ex gobernador capitalino, Alejandro Encinas, la presidenta de la Asamblea Legislativa, Alejandra Barrales, y demás perredistas.

Ya arriba, frente a la multitud, habló de sus compromisos de campaña. De la seguridad como su prioridad, de la salud, el transporte público, las inversiones y el deporte; uno a uno enlistó los temas en los que, aseguró, se enfocará al llegar a la jefatura de gobierno del DF.

En otro momento reconoció el camino andado por la izquierda en la capital y se ofreció a trabajar por una “gran ciudad” y dar continuidad a los trabajos y proyectos que comenzó Cárdenas Solórzano en la década de los 90, que siguió Andrés Manuel López Obrador y que ahora tiene Marcelo Ebrard.

Dejó en claro que su campaña será cercana a todos los ciudadanos de la capital, a quienes, dijo, escuchará para conocer sus necesidades e inquietudes.

En al menos seis ocasiones estallaron los aplausos; el candidato tuvo que interrumpir su discurso. “¡Mancera, Mancera, Mancera!”, le gritaban los presentes.

Su garganta comenzó a cerrarse tras hablar 20 minutos en el micrófono. Aun así, su tono ronco aumentó cuando arengó casi al finalizar: “¡No les voy a fallar!”.

Algunos cohetones detonaron. El confeti comenzó a llover y la euforia creció.

Abajo del templete en el que estaba Mancera, hombres y mujeres observaban, niños que los acompañaban, personas de la tercera edad, personas en sillas de ruedas, nadie se movía de su lugar.

Tampoco Leo y Miguel, los hijos del candidato que estaban en primera fila, perdían detalle. “¡Mancera, Mancera, Mancera!” se escuchaba de nuevo al unísono en la multitud.

Así Mancera se encaminó en lo que llamó uno de los pasos más importantes de su vida. El primero lo dio en 1985, cuando decidió hacerse abogado.

En aquella ocasión un funcionario de la Procuraduría capitalina lo engañó, y el coraje de saberse timado lo motivó a dejar la carrera de medicina y tomar el rumbo de la abogacía.

Ahora lo hace, asegura, porque “sueña” con ayudar a la ciudadanía, con trabajar con una gran ciudad en la que todos puedan vivir tranquilos, porque “sin justicia no hay certidumbre social” .
 

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